Xevi Pons no necesita presentación. Es uno de los pilotos españoles con mejor palmarés en rallyes de la historia, con cinco Campeonatos de España de Rallyes a sus espaldas y un Campeonato del Mundo de Rally en categoría Super 2000. Ha sido durante años uno de los habituales en el WRC, y en estos últimos tiempos ha centrado sus esfuerzos en el nacional de rallyes de tierra, del que es el actual defensor del título. También ha participado en el Rally Dakar y en otras pruebas de larga distancia, pero cuando llega el invierno, no duda en dejarse caer por las andorranas G Series.
El campeonato de carreras sobre hielo y nieve que se disputa en el “País de los Pirineos” atrae las miradas, desde hace tiempo, de muchos pilotos que prefieren pasar activos el tiempo invernal. Xevi Pons disputa, desde hace ya algunos años, este certamen con el objetivo de seguir compitiendo y estar activo en estos meses sin pruebas de rallyes. “Las G Series nos vienen muy bien para entrenar, para no estar parados durante tres meses. En este parón que tenemos en los rallyes, me viene bien venir aquí y estar activo”, nos comenta durante uno de los interludios entre mangas en el Circuit Andorra.
“La verdad es que ahora las estaba esperando desde hace tiempo”, reconoce Pons respecto a las G Series. Estas carreras se disputan en el circuito permanente más alto del mundo, el Circuit Andorra, a 2400 metros de altitud, junto al Port d’Envalira. Desde hace años, Pas de la Casa contó con una pista para celebrar este tipo de pruebas, pero la construcción de estas instalaciones dio un nuevo giro a la competición con un circuito muy técnico y desafiante. En palabras de Xevi Pons, “te hace esforzarte. Es un circuito muy pequeñito y cualquier error, o no error, hace la diferencia. Así que siempre viene bien.”
Pons compite en las G Series dentro del equipo Elegant Driver, al volante de un Peugeot 208 R5. El coche lo comparte con el vigente campeón del certamen en categoría GS, Miquel Socias. Respecto a la presente temporada, que dio comienzo el pasado fin de semana, Pons considera que han comenzado bien. No en vano, es el líder de la clasificación general en la categoría reina, la GS. “Hemos empezado bien. Miquel, mi compañero, también lo ha hecho bien y está muy cerca. Pero cada día cambia el circuito. Es igual, pero la superfície cambia dependiendo del hielo y la nieve. Intentaremos ir ganando.”
Respecto a sus objetivos, estos son muy claros. “La idea es que si estamos aquí es para ganarlo. Si se puede, bien; y si no, también. Es como un buen entrenamiento para nosotros, pero a la vez, venimos para ganar, no solo para pasarlo bien”, declara el piloto catalán. Su equipo ganó las G Series el año pasado, y tras la primera cita en Pas de la Casa, parece que han comenzado con muy buen pie. Pons consiguió la Pole Position y el mejor tiempo en el acumulado, y terminó segundo en ambas finales, sumando 51 puntos que le colocan en lo alto de la tabla.
Las carreras sobre hielo y nieve tienen un componente, la temperatura, que debe ser solventado. Especialmente fuera del coche, durante las pausas entre las mangas calificatorias y las distintas carreras. Sobre ello, Xevi nos comenta que “normalmente, tenemos unas botas y las vamos cambiando con los botines. Lo otro, lo vamos aguantando bien.” Una vez en pista, la cosa cambia y no es necesario llevar ropa de más. “Dentro del coche hace calor y se está bien”, afirma el piloto de Vic.
Cuando el frío invierno termina, la competición habitual vuelve. Pero antes de todo ello, una prueba destaca por encima de las demás. El Rally Dakar, que se celebra durante este inicio del año, no es desconocido para Xevi Pons. El catalán ha competido en él en varias ocasiones y reconoce que le encantaría volver a hacerlo. “Me gustaría mucho, siempre estamos luchando para ir. Lo que pasa es que para ir con un buen coche necesitas un presupuesto muy grande y a día de hoy no somos capaces de reunir la cantidad que piden las marcas. Pero no lo descarto.”
Pons ha tenido grandes momentos de protagonismo en el raid más famoso del mundo, especialmente en 2017, cuando compitió para la estructura oficial de Ford. Recuerda con satisfacción sus participaciones y se sincera al conceder que tiene una deuda pendiente. “Hice algunas etapas muy buenas cuando fui allí y tengo ganas. Tengo una espina clavada y me gustaría poder ir otra vez”, reconoce.
Pero su carrera deportiva ha estado siempre ligada al mundo de los rallyes y sus tramos. Es el actual Campeón de España de Rallyes de Tierra y terminó el año pasado como subcampeón del Supercampeonato de España de Rallyes, un certamen que mezcla algunos de los rallyes de asfalto y de tierra que se corren en ambos campeonatos nacionales. Respecto a sus planes para este año, es pronto para desvelar algunas cosas, aunque nos adelantó que defenderá su corona. “Este año voy a hacer el Campeonato de España de Rallyes de Tierra y el Supercampeonato. Todavía no puedo decir el equipo, pero voy a hacer los dos campeonatos. Tengo muchas ganas.”
Xevi Pons volando sobre la tierra, junto a su copiloto Rodrigo Sanjuan, en uno de los tramos del CERT. Foto: @SuperCER_RFEdeA
Tras unos minutos de agradable conversación con uno de los pilotos más importantes del panorama automovilístico de nuestro país, llegó el momento de dejar a Xevi Pons con sus quehaceres. Su Peugeot 208 R5 le esperaba para la disputa de una nueva manga sobre el hielo y la nieve en la noche andorrana. Volvemos a darle las gracias por su tiempo y le deseamos mucha suerte, tanto en las G Series como en el CERT y el S-CER. ¡Muchas gracias, Xevi!
La primera cita de las G Series 2020 en el Circuit Andorra ha comenzado con un sábado que deparó grandes dosis de drama y emoción sobre la nieve, en perfectas condiciones. El trabajo de los operarios del trazado de Pas de la Casa fue inmejorable para garantizar una calidad óptima de la superfície. Gracias a ello, las luchas en pista estuvieron a la orden del día y el espectáculo bajo la luz de la luna fue soberbio.
En esta primera jornada, se vio la disputa de las categorías GS, GIAND y 2RM. La categoría reina se saldó con las victorias de Ferrán Pujol en la gran final A y de Álvaro Rodríguez en la B. La lucha entre los prototipos GIAND la libró un José Roger Chalmeta que no dio opción a sus rivales, llevándose el triunfo absoluto del fin de semana. La otra final fue para el joven Gil Membrado. En la categoría reservada para los coches de dos ruedas motrices, Alex Rabell y José Antonio Nava fueron los ganadores de ambas finales.
La tarde comenzaba con los pequeños pero matones GIAND tomando la pista andorrana. Unas vueltas de preparación y poco a poco los tiempos fueron bajando, a la par que la temperatura conforme el sol se escondía. Los GS y 2RM aprovecharon también para hacer sus primeras tandas de entrenamientos, antes de que la noche cayera sobre Pas de la Casa. Las sesiones de calificación de cada categoría se abrieron paso y los pilotos empezaron a poner las cartas sobre la mesa.
José Roger Chalmeta marcó el mejor tiempo en GIAND, consiguiendo la Pole Position del fin de semana, y el mejor tiempo en el acumulado de vueltas, sumando puntos de cara a la clasificación general del campeonato. En GS, Miquel Socias logró un primer mejor tiempo, pero su compañero Xevi Pons se lo arrebató en la siguiente sesión, haciéndose con la Pole Position. Los dos pilotos de Elegant Driver, junto a sus compañeros de estructura, Pedro Font y Edgar Montellà, se postulaban como los favoritos. Pons también consiguió el mejor tiempo acumulado, sumando los primeros quince puntos del campeonato. En 2RM, Joan Casanovas se hizo con la Pole Position, por delante de Carles Porte y Pau Mitja.
Llegó el momento de las carreras y las batallas cuerpo a cuerpo. José Roger Chalmeta, desde la primera posición, dominó la primera manga en GIAND, terminando por delante de José Luis García, Joan Sabater y Joaquín Rodrigo. Pol Vila no pudo terminar. En la siguiente manga, los pilotos B se jugaron el tipo, resultando ganador el jovencísimo Gil Membrado, tras una ardua batalla. José Luis Diego, Mario Asenjo y Santi Guitart finalizaron por detrás, con Joel Font fuera de carrera.
En la primera manga en GS, Ferrán Pujol le robó la cartera a Xevi Pons en los primeros compases, defendiendo el liderato de los constantes ataques del experimentado piloto de rallyes, cruzando la meta vencedor, con Pons justo detrás. Edgar Montellà completó el podio. En la segunda manga, Álvaro Rodríguez superó a Miquel Socias, en una salida que vio el accidente de Raúl Barrionuevo. Socias y Rodríguez comenzaron una dura pelea por la victoria, que terminó cuando el balear lanzó el ataque en las últimas vueltas para asegurarse el triunfo, con toque incluido. Pep Bassas terminó segundo.
La gran final en GIAND comenzó con parrilla invertida. El aragonés Joaquín Rodrigo partía desde la Pole Position. Pero en una arrancada digna de mención, Roger Chalmeta superaba a casi todos sus rivales para colocarse en segunda posición. Poco duró la resistencia ofrecida por Joan Sabater, pues el piloto andorrano sacó los dientes para hacerse con la victoria. Sabater y José Luis García cerraron el podio. En la gran final B, Gil Membrado volvió a demostrar que la juventud no es impedimento para plantar cara a rivales mucho más experimentados, llevándose el triunfo por delante de Mario Asenjo y Santi Guitart.
En la gran final en GS, Ferrán Pujol consiguió alzarse con la victoria en su debut en la categoría. El campeón del año pasado en la actual GIAND, batió de nuevo a Xevi Pons, que tuvo que conformarse con la segunda plaza. Por detrás, Manel Guiral terminó en el último escalón del podio. En la otra gran final, Álvaro Rodríguez pudo desquitarse de sus más y sus menos con Miquel Socias en la primera manga para ganar la partida. Raúl Barrionuevo y Xavi Cardelús completaron el Top 3.
En la categoría de 2RM, Pau Mitja y Joan Casanovas se llevaron las primeras mangas, mientras que Alex Rabell y José Antonio Nava conquistaron el triunfo en las finales. Con ellos, se cerró una larga tarde que derivó en noche cerrada cargada de acción y emoción. Una larga sobremesa de motor y gasolina que hizo del Port d’Envalira la casa de los deportes de motor por unas horas. El domingo llegan las categorías Car Cross y Side by Side, que desde la mañana, y junto a las motos de los Ice Gladiators, son las encargadas de animar uno de los campeonatos más espectaculares que se precian. ¿Quién dijo que las carreras no se llevaban bien con la nieve y el invierno?
Sombrero de tirolés y ganas de pilotar. Muchas ganas. No necesitaba nada más. Era su Gran Premio. Estaba en casa, en un circuito que era nuevo para la mayoría, pero no para él. Y quería lograr uno de los sueños de su vida. Competir en una prueba del Campeonato del Mundo era algo muy difícil de conseguir y no iba a dejar escapar la oportunidad, pasara lo que pasara. Lo haría, estaba decidido.
Contaba con experiencia en multitud de categorías. De los karts a los monoplazas, pasando por los turismos. Incluyendo varias participaciones en las 24 Horas de Le Mans. Pero nunca había competido en una carrera de Fórmula 1. Sí lo hizo el año anterior en una de Fórmula 2, en la que obtuvo un magnífico resultado. Pero aspirar a lo más alto se antojaba un objetivo tan difícil que poder hacerlo era un sueño. De no ser por el equipo ATS, en eso se habría quedado, en un sueño.
La estructura alemana confío su segundo monoplaza en él. Quizás por su capacidad de cambiar de un coche a otro y ser capaz de ir rápido al instante. Una versatilidad que pocos pilotos han sido capaces de demostrar a lo largo de la historia. Una cualidad muy valorada en aquellos tiempos en los que estos genios cambiaban con tanta asiduidad de montura como de pantalones. Así que ahí estaba Hans Heyer, preparado para la que se le venía encima.
Hans Heyer junto a su Ford Capri, ataviado con su característico sombrero tirolés
El circuito de Hockenheim aterrizaba en el calendario del Campeonato del Mundo de Pilotos para tomar el testigo de Nürburgring, defenestrado tras el brutal accidente de Niki Lauda el año anterior. Los aficionados colmataban las modernas gradas de la zona de la recta de meta y el último sector de la pista, muy revirado. Un contraste con el resto del trazado, muy rápido, que volvía locos a los ingenieros y mecánicos a la hora de reglar los coches.
Hans se subió al Penske PC4 – Ford del equipo ATS para la primera sesión de entrenamientos. Si quería disputar la carrera, tendría que calificarse entre los veinticuatro primeros. Eran treinta candidatos y no iba a ser tarea sencilla. Comenzó con el vigésimoséptimo mejor tiempo, por lo que estaba fuera. Pero, su mejora de tiempos le llevó a pensar que podría calificarse para la carrera. No en vano, en las siguientes sesiones marcó los décimo octavo y vigésimocuarto mejor tiempo. Con esos resultados, estaba dentro.
Hans Heyer pilotando el Penske PC4 – Ford del equipo ATS en el Gran Premio de Alemania de 1977
Llegó la calificación. Heyer marcó un tiempo de 1:57.58. ¿Suficiente para pasar el examen? Parecía que sí, pero no. Se quedó a cuatro décimas del vigésimocuarto lugar, por lo que el experimentado piloto alemán se vio obligado a abandonar sus aspiraciones de estar en la parrilla de un Gran Premio de Fórmula 1. El reglamento era claro, no podría hacerlo. Salvo que, por cualquier razón, hubiera una cantidad suficiente de pilotos calificados que no pudieran tomar la salida, de manera que los no calificados pasaran a ocupar las plazas vacantes.
Así pues, llegó el domingo. El día de la carrera. Y Hans Heyer se preparó como siempre, como si en un rato fuera a tomar la salida. Se puso el mono, se calzó los botines, se colocó los guantes y el casco, y se subió al coche. Y ahí esperó. No podía salir de boxes, pues al no estar calificado no tenía derecho a salir a la parrilla. Entre tanto, comenzaba la vuelta de formación. Y después, la salida. Fue un tanto caótica por un problema con el semáforo, y los comisarios tuvieron que darla ondeando la bandera alemana, como se hacía antaño para dar la arrancada.
Salida del Gran Premio de Alemania de 1977
Un pequeño momento de follón y nadie se dio cuenta de lo que sucedía en los garajes. El pequeño Penske de Hans Heyer había arrancado su motor. Sus ruedas habían comenzado a moverse y con un golpe de gas, el alemán se la jugó y entró en pista. ¡Con la carrera empezada! Nada iba a evitar que disputara una carrera de Fórmula 1. Total, lo peor que podía pasarle era que le excluyeran. Pero si no estaba calificado, ¿cómo iban a excluirle?
Heyer había salido a pista de manera ilegal, pero ningún comisario reportó la incidencia. Tampoco en dirección de carrera pareció que se dieran cuenta de semejante anomalía. El público enloquecido empezó a jalear al bravo piloto que decidió tomarse la justicia por su mano para cumplir su sueño. Y los responsables de impartirla, simplemente, miraban para otro lado. Hockenheimring se convirtió en un hervidero de almas aplaudiendo y animando la valentía del competidor.
Hans Heyer, el piloto pirata
Pero la aventura duró poco. Apenas nueve vueltas hasta que la caja de cambios falló y dejó a Hans Heyer tirado junto al asfalto. Entonces sí, los comisarios aplicaron la ley y lo descalificaron. Pero, ¿qué más daba eso? Había cumplido su sueño. Había conseguido competir en un Gran Premio de Fórmula 1 puntuable para el Campeonato del Mundo. Eso nadie se lo podía arrebatar. Se había convertido en el piloto pirata.
El Rally París-Dakar de 2001 se recuerda por muchas cosas. De hecho, todas las ediciones de esta gran aventura tienen motivos suficientes para que arraiguen en el imaginario colectivo. Pero, seguramente, la victoria de Jutta Kleinschmidt sea uno de los más recordados, no sólo de aquel año, sino de toda la historia de la prueba. La alemana se convirtió en la primera mujer en conseguir derrotar a la carrera. ¡Y cómo lo hizo!
La piloto comenzó su andadura en el Raid más famoso del mundo sobre dos ruedas. Mujer de ciencias y empleada de BMW, se lanzó a la aventura en 1988, tras varias experiencias en otros eventos de la misma índole. Dos participaciones más en 1992 y 1994, y en 1995 decidió dar el salto a las cuatro ruedas. Pronto entró a formar parte de la estructura de Jean Louis Schlesser, quien además, se había convertido en su pareja sentimental.
Ambos compitieron en la disciplina durante varios años con los buggyes construidos por el propio Schlesser, pero la relación se volvió complicada cuando Jutta empezó a ir tan rápida como él. Pero no nos adelantemos. Antes de eso, Kleinschmidt dio pasos firmes para convertirse en una rival a tener en cuenta. El equipo técnico del preparador francés llegó a un acuerdo con SEAT para motorizar y vestir sus buggyes con chasis cuya silueta sería la de un Ibiza del fabricante español. Era 1997 y la piloto de Colonia alcanzó su primera victoria de etapa con un Schlesser-SEAT. Su confianza aumentó en gran medida, y al año siguiente, era capaz de ir tan rápida sobre la arena y las dunas como su compañero.
Jutta Kleinschmidt pilotando el buggy Schlesser-SEAT
Con la rivalidad entre ellos creciendo hasta niveles poco aconsejables para una pareja, que no sólo lo era dentro de la propia competición, su relación dijo basta. Ambos rompieron sentimental y profesionalmente, y Jutta puso rumbo a Mitsubishi. Jean Louis hizo todo lo posible para que ella no le superara aquel año. La teutona, juró venganza. Y para ello, se preparó como nunca. Física y mentalmente, con una dieta estricta y ejercicio diario, como había hecho siempre, pero aún más.
En 1999, con Mitsubishi, alcanzó el podio en la general. Pero Jean Louis Schlesser ganó la contienda. Se llevó dos victorias de etapa, aunque no fue suficiente. Se preparó todavía más para el siguiente año. A pesar de ello, su ex pareja volvió a hacerse con la victoria, mientras que ella se quedó con un quinto puesto y una victoria de etapa. En 2001 tenía que desquitarse como fuera. Y vaya si lo haría.
Jutta Kleinschmidt junto a su Mitsubishi Pajero
El desarrollo de la prueba dakariana de aquel año se vio envuelto en varios ataques gratuitos y acusaciones entre la estructura Schlesser y Mitsubishi, y concretamente, entre Jean Louis y Jutta. El uno acusaba a la otra de haberle tendido una emboscada, pero lo cierto es que entre tanto rifirrafe, el japonés Hiroshi Masuoka, compañero de equipo de Kleinschmidt, lideraba la clasificación general. La situación no era la ideal y la estructura francesa ideó un plan. En la salida de la penúltima etapa, el propio Schlesser y su compañero Josep María Servià se situaron a la par de Masuoka, arrancando cuando no les correspondía, por delante del nipón. Esto les acarrearía una sanción, pero su estrategia empezó a dar sus frutos cuando Hiroshi se lanzó como un poseso a dar caza a sus rivales.
No había necesidad, pero el piloto de Mitsubishi picó en el anzuelo. Como si de una carrera al sprint se tratara, Masuoka superó con agresividad a Servià, dañando el eje trasero de su Mitsubishi Pajero. Debieron parar para repararlo. Su cabreo y el de su copiloto, Pascal Maimon, era evidente. Trataron de detener a Servià, pero fue en vano. Los dos buggyes de Schlesser entraron primeros en meta, metiéndole casi una hora a Masuoka. El japonés no dudó y presentó una reclamación. Y es que, ¡Schlesser era el nuevo líder de carrera! Esto no podía terminar ahí.
Jutta Kleinschmidt, copilotada por Andreas Schulz, negociando las dunas durante el Rally París-Dakar de 2001
Los comisarios aceptaron la reclamación y sancionaron a ambos buggyes, perdiendo el liderato. Pero Masuoka también había perdido mucho tiempo. De manera que Jutta Kleinschmidt, que esperaba una oportunidad para dar caza a los coches de delante y que no había entrado en la estratagema, a pesar de haber tenido sus más y sus menos en etapas anteriores, se puso líder de la prueba. ¡Y sólo faltaba una etapa! La tensión era máxima. Estaba por ver que sucedería en la última especial en Senegal.
Finalmente, las posiciones se mantuvieron y Jutta Kleinschmidt entró victoriosa en el Lago Rosa. Así se convirtió en la primera mujer en ganar el París-Dakar, acallando muchas bocas y poniendo fin a una rivalidad absurda con su antigua pareja. Masuoka pudo desquitarse ganando las dos ediciones posteriores. Y Schlesser… Impugnó la victoria, pero la FIA ratificó la decisión de los comisarios meses después, dando carpetazo al asunto. De esta forma terminó la edición más polémica de la historia del Rally Dakar. Pero también la que encumbró a Jutta Kleinschmidt al olimpo del automovilismo.
El río fluye. Atraviesa el pueblo y describe una larga curva rodeando el promontorio sobre el que se asienta el casco antiguo de Alcañiz. Pero el Guadalope es algo más. No es únicamente una corriente de agua que desemboca en el Ebro, es el nombre con el que se conoce uno de los circuitos de carreras más importantes de nuestro país. Uno de los circuitos más difíciles, pero más añorados por pilotos y aficionados. Vamos a pasear por el Guadalope, el circuito urbano de Alcañiz.
Hace ya unos años que los motores no rugen por las estrechas calles de este pueblo del Bajo Aragón. Pero los vestigios de una pasión atronadora se ven todavía a simple vista. Nuestro paseo comienza en la Avenida de Aragón, en la misma línea de meta, la cual se conserva hoy en día. Junto a ella, un doble guardarraíl original del circuito se mantiene en pie para recordar lo que una vez fue. La recta de salida, jalonada por casas y árboles a ambos lados, se asemeja a un túnel en el que es fácil transportar la mente en el tiempo para imaginar a los bólidos surcándola. Pronto, la primera curva se abre paso.
El embudo. El primer viraje del trazado. Verdaderamente, era un embudo. En bajada y muy cerrado, era un punto tremendamente conflictivo. La famosa casa en su interior se conserva y rápidamente la cabeza se llena de imágenes de carreras. Ver la curva así, desnuda, da verdadera impresión. Al momento, nuestros pasos hacen caso a la pendiente de la Avenida Galán Bergua y nos llevan hacia el segundo giro, descendiendo por la calle. En cuanto ves esta curva, sabes que estás en un circuito de carreras. La curva de La Monegal lo tiene todo, el guardarraíl en el exterior y el peralte en el interior. Sólo le faltan los coches trazándola a milímetros de la acera.
A su salida, el vertiginoso descenso nos conduce a la tercera curva, la segunda a izquierdas. La bajada del Matadero, por el Paseo Andrade, fluye como el río junto a la Plaza de Toros camino del primer viaducto que atravesará la senda de agua. Pero antes, habremos pasado por la bifurcación para la entrada a la zona de boxes. Tratándose de un circuito urbano, su disposición debía adaptarse al espacio ya existente, de manera que su ubicación se situaba en una calle relativamente paralela a la pista, accediendo por detrás de la Plaza de Toros. Ahora es un espacio yermo, vacío de sonidos y olores carrerísticos, pero antaño era el lugar donde descansaban y se preparaban las bestias que volaban sobre este asfalto.
Tras atravesar el Río Guadalope por primera vez, un ángulo de izquierdas abre paso para la zona más rápida y vertiginosa. A orillas del río, el trazado toma la apariencia de una carretera -y es que lo era- para deleitarnos con una sucesión de pequeños cambios de dirección que si a pie se notan, es fácil imaginar lo difícil que era trazarlos al volante de un coche de carreras. Algunas marcas en el muro de hormigón a nuestra izquierda nos recuerdan aquellos tiempos. La curva de El Pajarito, peraltada y ciega, sirve de aperitivo para la gran sorpresa que nos aguarda metros después.
El Portalón aparece ante nuestros ojos con su majestuosidad. Una curva para la que había que prepararse el doble. Porque El Portalón era la entrada a la frenada de la curva del Puente Viejo. Frenar en el Portalón, dar un golpe de gas y volver a frenar en apoyo, con precisión, sin pasarse, para después volver a dar rienda suelta a la potencia. Esta sección asusta con verla. No hay margen para el error. Y si al poco espacio que hay, le sumamos las barreras de protección y otros elementos de seguridad necesarios, te queda un complejo estrecho y todavía más difícil de gestionar. De nuevo, las imágenes de los coches trazando por aquí se agolpan en la mente.
Cruzamos otra vez el río. La muralla de Alcañiz nos recibe con la vista del castillo a lo alto, presidiendo la ciudad de la Concordia. Alcanzamos la famosa curva de la Barbería, un ángulo a derechas, cuya salida era todavía más estrecha de lo que es hoy en día. Un auténtico desafío a la hora de pisar el acelerador. Y la entrada al último sector de la pista, en subida, remontando el montículo y rodeando el casco antiguo. Es el momento de conocer la Subida del Corcho.
Motorland Aragón tiene su Sacacorchos, en bajada y muy cerrado, pero años atrás, el Guadalope ofrecía el impresionante Corcho. Una auténtica pared que tras arrancar en una recta, iba retorciéndose a la izquierda hasta terminar formando un desafiante viraje que desembocaba en una rápida curva a derechas, muy pronunciada. Ni que decir tiene que impresiona. Asusta pensar cómo debían trazar semejante eslalon en cuesta, abriéndose en la primera para cerrarse en la segunda. Si Spa-Francorchamps tiene su Eau Rouge – Raidillon, Guadalope tenía su Corcho.
Después del Corcho, coronar la tremenda subida de la Ronda de Teruel sin dejarse llevar por el pánico era un premio que sólo los más aguerridos pilotos podían hacer. Pero la vuelta no ha terminado todavía. Casi sin aliento, la calle jalonada de casas a ambos lados nos encamina hacia las dos últimas curvas. ¿Ya estamos aquí? Hemos llegado muy rápido. Y enseguida, la vista se va hacia la rotonda de nueva construcción. Sobre ella, una gran escultura metálica. El homenaje que los alcañizanos rinden al que fue su circuito. Un recuerdo para la posteridad.
Con la emoción saliendo por cada poro de la piel, divisamos el último cambio de dirección al final de la Calle Repollés García, un claro homenaje al ideólogo de esta maravilla, el Dr. Joaquín Repollés García. El hospital de Alcañiz nos saluda cuando ponemos el pie de nuevo en la recta de meta. La Avenida de Aragón, en todo su esplendor, nos da la bienvenida para terminar junto a la línea de meta y su doble guardarraíl.
El paseo ha terminado. Y las sensaciones son muy gratificantes. A pesar de algunas glorietas de nueva construcción, el circuito está igual que se dejó en 2003. Todavía se conservan en las aceras los agujeros para instalar las vallas de protección, hoy tapados con unas placas metálicas. ¿Se volverá a usar alguna vez? Es difícil de saber, pero no estaría nada mal que las bestias de competición, como en su día los Porsche, Lancia, Lola y compañía hicieron, volvieran a atronar Alcañiz con el bramido de sus motores. Hasta pronto, Guadalope. Hasta la vista, Alcañiz. Volveremos…
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