Los hermanos Rodríguez

Los hermanos Rodríguez

Era un día de enero de 1940 cuando nació uno de los mejores pilotos de carreras de coches de la historia. De nombre le pusieron Pedro, como su padre, y con su apoyo consiguió atraversar el ancho océano para competir en Europa. Allí se labró un nombre, y sobretodo, un apellido. El que compartiría con su hermano dos años menor, Ricardo. Ambos procuraron llevarlo a lo más alto del automovilismo. Tenían una capacidad innata para conducir aquellos bólidos con maestría.

El apellido Rodríguez llegó a copar lo más alto de las tablas de clasificación de las grandes carreras internacionales de la época. Las 24 Horas de Le Mans, las 24 Horas de Daytona o la Targa Florio cuentan con ediciones ganadas por alguno de los hermanos Rodríguez. Pero la sensación es, quizás, de no haber podido lograr todo lo que por capacidad de pilotaje habrían sido capaces. La desgracia se cruzó en sus caminos.

Tanto Pedro como Ricardo empezaron destacando en carreras ciclistas y de motocicletas en su México natal. La capacidad económica de su familia y el esfuerzo de sus padres, Pedro y Conchita, les permitió poner rumbo al Viejo Continente para forjar sus carreras deportivas lejos de su país. Ambos eran muy jóvenes en aquel entonces, lo que les auguraba muchos años de competición. Las carreras de resistencia y sport prototipos fueron su casa en los primeros años. Y más tarde, la Fórmula 1.

Ricardo Rodríguez en el Gran Premio de los Países Bajos de 1962, en Zandvoort.

Si la juventud había sido un problema para disputar su primera cita en Le Mans, no lo fue tanto para entrar a formar parte de Ferrari. La casa de Maranello abrió sus puertas a Ricardo con apenas 19 años. Y así se convirtió en el piloto más joven en disputar una carrera del Campeonato del Mundo de Pilotos en el Gran Premio de Italia de 1961. Y sorprendió. Vaya que si sorprendió. Calificó en segunda posición, sólo por detrás de Wolfgang von Trips, y por delante de los otros dos monoplazas rojos de Richie Ginther y Phil Hill. En carrera llegó al liderato, pero un problema con la bomba de la gasolina le obligó a retirarse. Lástima.

Entre tanto, su hermano mayor, Pedro, continuó su carrera en las largas carreras de resistencia como miembro del North American Racing Team. Los dos hermanos compartieron asiento en algunas de ellas. Sebring, Nürburgring o La Sarthe fueron testigos del arte de los hermanos Rodríguez de hacer bailar a sus máquinas curva tras curva. Y si era bajo la lluvia, todavía mejor. Su fama crecía tras cada carrera, y un aura de leyenda empezaba a acompañarles allá donde iban a batirse el cobre sobre el asfalto. La prensa fue haciéndose eco de sus hazañas y pronto se convirtieron en los héroes nacionales de México.

Pedro Rodríguez alternándose al volante del Ford GT40 Mk I con Lucien Bianchi, durante las 24 Horas de Le Mans de 1968.

En 1962, Ricardo Rodríguez era piloto oficial de Ferrari. Y como tal, disputaba el Campeonato del Mundo de Pilotos bajo la normativa de Fórmula 1. Y también la Targa Florio, la legendaria prueba siciliana, que se llevó aquel año junto a Olivier Gendebien y Willy Mairesse a bordo de un Ferrari 246 SP. También conoció la leyenda de Pau, donde se adjudicó una segunda posición en la edición de aquel año de su mítico Gran Premio. En cualquier circuito, en culquier circunstancia, era capaz de demostrar sus capacidades. La gloria le perseguía.

Los éxitos de ambos hermanos fueron la excusa perfecta para que se inaugurara un circuito permanente de carreras en Ciudad de México. El autódromo se ubicó en el parque Magdalena Mixhuca, y allí se presentó Ricardo para el primer Gran Premio de México. No tenía ninguna necesidad, pero quiso competir en ese primer gran evento automovilístico en su país. No se presentó Ferrari, así que tuvo que inscribirse con un Lotus 24 del equipo de Rob Walker. Desgraciadamente, ni siquiera tomó la salida. El accidente fatal se produjo durante el primer día de entrenamientos en la recién estrenada pista. La Peraltada, la gran curva final del trazado, se cobró a su víctima el día de su estreno. La tragedia tiñó de luto México y a toda la comunidad automovilística.

Ricardo Rodríguez construyendo su gran victoria en la Targa Florio de 1962, junto a Olivier Gendebien y Willy Mairesse.

La tristeza invadió a Pedro. Su hermano pequeño, su compañero de fatigas, había fallecido de la manera más cruel posible. Nada podía cambiar eso. Y él no estaba dispuesto a correr su misma suerte. Retirarse de las carreras era su mejor opción. Pero la semilla de la competición, regada con gasolina de alto octanaje, había arraigado muy fuerte en su interior. Seguiría compitiendo. Y lo haría por su hermano.

Su oportunidad en la Fórmula 1 se la dio Lotus en 1963. Y al año siguiente, siguió los pasos de Ricardo para convertirse en piloto de Ferrari. Pero nunca fue fiel del todo a la marca italiana. Su objetivo era ganar y su capacidad para ir rápido con cualquier montura hizo el resto. Su habilidad para pilotar en pistas mojadas y bajo tremendos aguaceros, le hicieron ganarse el respeto de sus rivales. Sin embargo, y a pesar de grandes resultados, incluyendo la victoria en el Gran Premio de Bélgica de 1970, en el legendario Spa-Francorchamps, el gran amor de Pedro eran los Sport Prototipos. Pero también fueron su condena.

Pedro Rodríguez bailando sobre el asfalto mojado de Zandvoort.

Y así, tras ganar las 24 Horas de Le Mans de 1968, junto a Lucien Bianchi; las 24 Horas de Daytona en 1970, junto a Leo Kinnunen y Brian Redman a bordo de un Porsche 917K, y en 1971, junto a Jackie Oliver, al volante del mismo auto; y haber disputado 54 Grandes Premios puntuables para el Campeonato del Mundo de Pilotos de Fórmula 1, un maldito guardarraíl del circuito de Norisring se interpuso entre su vida y él. Competía por la victoria cuando tuvo que esquivar a un vehículo lento, impactando contra la barrera que separaba la pista del margen de un puente. El coche se incendió y Pedro falleció instantes después de que lo sacaran del habitáculo.

La desgracia se cebó con Pedro y Ricardo Rodríguez de la Vega. Pero su legado perdura, y como homenaje del automovilismo mexicano, el circuito de Ciudad de México, lleva por nombre Hermanos Rodríguez en señal de recuerdo a los dos grandes pilotos mexicanos de la historia. Los dos hermanos que llevaron la bandera y el nombre de su país a lo más alto de las competiciones mundiales. Pedro y Ricardo, dos portentos de la velocidad cuya pasión se los llevó demasiado pronto.

Pedro y Ricardo, los hermanos Rodríguez.

Ferrari: Un caballo de 90 años

Ferrari: Un caballo de 90 años

Rojo, pasión, tradición, deportividad, velocidad, ingenio,… Todos estos adjetivos son aplicables a lo que hoy en día es Ferrari. La marca italiana cumple 90 años, y lo celebra con motivo del Gran Premio de Italia, su carrera de casa. Monza es el escenario idóneo para conmemorar el nacimiento de una de las mayores leyendas del automovilismo. El fabricante de coches deportivos más reconocido a nivel mundial. El equipo por excelencia de la Fórmula 1.

Pero Ferrari es más, mucho más. Desde sus inicios en 1929, o incluso antes, en aquellos años en que Enzo Ferrari se buscó la vida como mecánico y piloto de carreras. Porque si el rojo viene de la herencia de pintar los coches italianos de ese color, la pasión viene de aquel hombre menudo que consiguió convencer a los directivos de Alfa Romeo para pilotar sus coches. Y más tarde, para gestionar su división deportiva.

Ferrari bebe de la tradición automovilística de Alfa Romeo. Si “Il Commendatore” es el padre de la criatura, el fabricante milanés es la madre. Aquellos difíciles años ’30 del siglo pasado estuvieron dominados por los coches alemanes. Pero si no hubiera sido por la velocidad y el ingenio que desarrollaron los hombres con el emblema del caballo encabritado, el dominio hubiera sido aún mayor. Sólo ellos fueron capaces de frenar a la maquinaria teutona. Y tras la guerra, en un alarde de deportividad, fueron los primeros en volver a las carreras.

Tazio Nuvolari, pilotando el Alfa Romeo Tipo B de Scuderia Ferrari en el Gran Premio de Pau de 1935, camino de la victoria

Pero regresaron de una manera muy diferente a como se habían ido. Antes de aquel gran conflicto bélico que destrozó Europa, Alfa Romeo y Scuderia Ferrari eran casi lo mismo, en cuanto a las carreras se refiere. En Milán pusieron toda la carne en el asador en favor de aquella estructura deportiva que había comenzado como un cliente más. Casi todo lo que lograron, lo hicieron juntos. Pero los tiempos habían cambiado. Ferrari quiso crecer, y sin despreciar a Alfa Romeo, se establecieron como fabricantes de coches.

Primero se formó la empresa Auto Avio Costruzioni, que fabricó el primer coche “Ferrari”, el Auto Avio 815. Por cuestiones legales con Alfa, no pudo llevar el nombre de su creador, por un plazo de cuatro años desde la salida del gran visionario del fabricante de Milán. Así que el 125 S, el primer deportivo 100% Ferrari, nació en 1947. De esta manera, cuando volvieron a la competición, Alfa Romeo iba por un lado y Ferrari por el otro.

Lorenzo Bandini, uno de los pilotos de Ferrari más añorados, pilotando el 312 en 1966

La normativa de Fórmula 1, aplicada al Campeonato del Mundo de pilotos, favoreció ese retorno. Y tras dos años de dominio alfista, Ferrari se quedó, con el permiso de Maserati, como el estandarte italiano en las carreras. Comenzó una era en la que el rojo impregnaría las pistas de carreras de medio mundo. De los monoplazas, pasaron a los Sport Prototipos, e incluso hubo algún conato de conquistar los óvalos americanos. También en carreras de montaña tuvieron su protagonismo, y el “Cavallino Rampante” conseguía la gloría allá donde iba.

Pero también se forjaron rivalidades eternas. Los piques, dentro y fuera de la pista, dieron lugar a salvajes duelos con otros fabricantes. Duelos que todavía no se han resuelto a día de hoy. Bien fuera por el carácter del gran jefe, o por la envidia que pudieran despertar los éxitos de los de Maranello, la gran rivalidad con Ford no fue fruto de la casualidad. Y nos regaló momentos sublimes durante varios años. Tampoco, la rivalidad con Lamborghini. Enzo Ferrari consiguió, seguro que sin quererlo, que un constructor de tractores se lanzara, con muy buen acierto, a la fabricación de coches deportivos.

Chris Amon manejando el Ferrari 312P durante los 1000 Km de Nürburgring de 1969

Enzo Ferrari defendió durante años los intereses de la gran obra de su vida. La marca de Maranello se lo debe todo a él. Cuando falleció, en 1988, tenía 90 años, los mismos que ahora cumple la Scuderia Ferrari. El italiano sobrevivió a las atrocidades de la Primera Guerra Mundial, defendió su legado en las carreras de la época de entreguerras, hizo de Ferrari lo que es hoy. Pero también sufrió. La muerte de su hijo Dino, fue un varapalo del que nunca se pudo recomponer. Como homenaje, todos los Ferrari con transmisión trasera y motores de menos de doce cilindros, fueron nombrados “Dino”.

Tras años al pie del cañón, el hombre que llevaba el peso de la marca, decidió ir dejando paso a otros que pudieran hacer sus labores. Los años pesan para todos, y para Enzo Ferrari no fue una excepción. Luca Cordero di Montezemolo tomó las riendas, tras años dirigiendo la Scuderia. Y bajo su batuta, Ferrari volvió a dominar el panorama automovilístico. El camino fue largo y tedioso, pero tras varios años en blanco, la llegada del siglo XXI le sentó de fábula a la marca italiana. Seis campeonatos del mundo de constructores de Fórmula 1 consecutivos, y el dominio absoluto de la categoría, les llevaron a ser el equipo más laureado de todos los tiempos.

Michael Schumacher, el piloto que marcó una época en la Fórmula 1 junto a Ferrari, pilotando el F2004 en el Gran Premio de Estados Unidos de 2004

Los nuevos tiempos están marcando un nuevo futuro para la industria, y Ferrari no es ajena a esos cambios. La salida a bolsa o el desarrollo de sistemas híbridos en motores cada vez más pequeños están en las antípodas de la concepción original de una empresa que se adapta a los cambios para seguir dando alegrías a los miles de tifosi que pueblan el mundo. Esos que con sus ánimos, hacen que el caballo siga encabritado. Por otros 90 años de carreras y pasión por el automovilismo. Forza Ferrari!

Barwell Motorsport gana las 24 Horas de Barcelona

Barwell Motorsport gana las 24 Horas de Barcelona

El Lamborghini Huracán GT3 EVO #77 de Barwell Motorsport se ha alzado campeón en la edición 2019 de las 24 Horas de Barcelona – Trofeo Fermí Vélez. La estructura de origen británico ha sabido mantener un gran ritmo durante toda la carrera, aunque el Porsche 911 GT3 R de Herberth Motorsport, su principal competidor, ha estado cerca de arrebatarle la gloria durante gran parte de la prueba. Por detrás, el equipo GPX Racing, con otro Porsche 911 GT3 R, ha completado el podio.

A las 12:00 del sábado 31 de agosto daba comienzo el periplo de los 49 coches que se disputan esta edición de la prueba, repartidos en dos grandes categorías: GT y TCE. Dentro de ellas, diferentes coches y conceptos, pero todos listos para el día, y la noche, que les deparaba la prueba. Desde el comienzo, los GT3 se desmarcaban del resto y era el Lamborghini #77 de Barwell Motorsport, desde la Pole Position, el que marcaba el ritmo de carrera. Le seguía de cerca el Porsche #91 de Herberth Motorsport.

Estos dos coches se irían intercambiando las posiciones durante toda la carrera. El tercer puesto se lo rifaban el Ferrari #11 de Scuderia Praha y el Porsche #24 de GPX Racing, este útlimo con apoyo de Monlau Competición. Pero finalmente, el Ferrari caía en la clasificación a causa de algunos problemas en la carrera, y era el #24 de GPX Racing el que ocupaba su sitio en el último escalón del podio.

Durante la noche, el circuito se convertía en un espectáculo de luces y velocidad. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

A medida que pasaban las horas, los ritmos se iban diferenciando y la pareja de cabeza lograba separarse del resto. Así pues, nos sirvieron un bonito duelo, tanto en pista como en el carril de boxes. Durante la noche el Porsche #91 lograba sacar una vuelta de ventaja a su perseguidor, pero llegaron los problemas en un cambio de ruedas y el Lamborghini #77 conseguía desdoblarse para volver a plantar batalla. Ya cerca del final de la prueba, un “código sesenta”, el equivalente a un Full Course Yellow, hacía que el Lamborghini de Barwell Motorsport se acercara todavía más al líder y así, al final, haya podido adelantarle y hacerse con la victoria de la 21ª edición de las 24 Horas de Barcelona.

En cuanto a la categoría TCE, el Cupra TCR #131 de TOPCAR Sport with Bas Koeten Racing se ha llevado el gato al agua, seguido por el Cupra TCR #135 de Baporo Motorsport, uno de los participantes de casa. Por detrás, llegaba el Golf GTI TCR Dsg del equipo Autorama Motorsport by Wolf – Power Racing, que perdía algunas vueltas respecto al segundo clasificado. Aún así, ninguno de estos coches ha podido relajarse en toda la carrera, pues la competencia ha sido feroz.

Los diferentes tipos de coche compartían pista en un auténtico espectáculo de adelantamientos y doblajes. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Por lo que respecta a los de casa, Baporo Motorsport conseguía el mejor resultado con su segundo puesto en TCE. TICTAP TOTCAR Sport se colocaba en una meritoria 22ª plaza en la clasificación general y GSR by Speed Factory tenía que retirar su Audi RS3 LMS SEQ antes de poder terminar la carrera. Por su parte, Francesc Gutierrez, que corría con la estructura Vortex V8 acababa en vigesimoquinto lugar tras sufrir algunos problemas en el coche que copilotaba. Finalmente el Aston Martin con el que Jon Aizpurúa participaba en la prueba, perdía demasiado tiempo en el garaje y no podía completar el mínimo del 60% de vueltas necesarias para clasificar el coche.

La bandera a cuadros caía en la recta principal y los coches aflojaban la marcha para descansar tras la maratoniana carrera. Los tres primeros clasificados de ambas sesiones aparcaban bajo el podio, mientras que el resto se detenían en la recta principal para deleite del público asistente, que ha sido bastante numeroso. Más de 24 horas después, los motores paraban y la pista quedaba tranquila. El ruido se trasladaba al podio, mientras que otros ya pensaban en un más que merecido descanso

La típica imagen de una carrera de resistencia de 24 horas: dos coches de distintas categorías adelantándose en la oscuridad de la noche. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Foto de portada: © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

 

 

El gran concierto de la noche

El gran concierto de la noche

Cae la noche y llega el silencio… De los aficionados en las gradas. Sólo los más aguerridos se mantienen firmes a pesar del sueño. El sonido de los motores sigue atronando en cada esquina de la pista. Los componenes mecánicos entonan su canto, armónica y rítmicamente, en un sinfín de compases marcados por los mecánicos e ingenieros que los han puesto a punto para tocar una melodía de larga duración.

No pueden fallar. Cualquier ruido extraño puede ser la alarma de un problema que puede dar al traste con el trabajo de mucha gente. Así que todos afinan el oído para constatar que esa genialidad mecánica toca cada nota en el momento exacto. Y no llevan ni media canción. Porque cuando la luna toma el relevo al sol, todavía faltan más de catorce horas para terminar.

El cansancio empieza a hacer mella. No en vano, algunos llevan más de diciséis horas en pie. Poner los coches a punto es lo de menos. Antes de todo, hay un trabajo entre bambalinas crucial para que toda la maquinaria funcione a la perfección. Desde el cocinero que se encarga de que todo el mundo tenga la energía necesaria para encarar la larga jornada, hasta el piloto que cuida del coche como si fuera un bebé en cada golpe de acelerador. Todo el mundo es imprescindible. Nada funcionaría si alguno fallara.

El cansancio hace ver formas borrosas y poco definidas en la noche. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Pero a estas horas, en las que los focos del circuito alumbran con fuerza, las cabezas piden sueño a los cuerpos. Los reflejos no son los mismos y es difícil seguir concentrado. Se abre la ventana idónea para que el más leve cambio en el registro sonoro de los coches sea pasado por alto. Una variación que podría tener consecuencias desastrosas.

Las carreras de resistencia tienen una gracia especial. Dicen que la noche es mágica porque siempre pasan cosas. Extrañas o no, la falta de sueño es un problema tan serio como un fallo en la bomba de la gasolina. Hay que subsanarlo. Y rápido. Todo el mundo tiene que estar en disposición de dar el máximo para evitar cualquier problema. Más vale prevenir que curar.

Todavía no se ha superado el ecuador de la canción. Todos los coches siguen tocando como si cada uno de ellos fuera una orquesta distinta, pero todas tocaran a la vez, sin entorpecerse las unas a las otras. La sensación es de paz, pero la batalla entre ellas es feroz. Una especie de calma chicha en la que la lucha cuerpo a cuerpo se deja de lado en favor de la estratégica. Todos quieren llevar su música lo más lejos posible, pero no van a tomar ningún tipo de riesgo. Ya sabemos que lo importante es aguantar. Ganará el que menos falle.

Las luces acompañan al magnífico sonido de una melodía sinfín. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Van pasando las horas y es noche cerrada. Algunos componentes empiezan a desfallecer. Los problemas en las mecánicas se van acumulando justo cuando el cansancio azota con furor a los mecánicos. La adrenalina de la competición es su aliada en estos momentos, y su fuente de energía para afrontar unas reparaciones que son cruciales para su continuidad en el gran concierto de la noche.

Y poco a poco, un nuevo día amanece. Los primeros conatos de luz natural despiertan a los habitantes del graderío que han sucumbido en un mar de sueños. Ni el más estridente sonido de los motores los ha sacado de ese estado en el que oyes todo pero no escuchas nada. ¡Qué placer dormir mientras pasan esos motores embravecidos junto a tu oreja! Te llegan los olores de la mañana. Caucho, gasolina, embrague quemado,… Y algún tufillo de carne a la brasa. Hay que empezar la mañana con fuerza y los encargados de la pitanza son los primeros en ponerse en marcha.

El amanecer que pone fin a la magia de la noche. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Con el estómago lleno se piensa mejor, la cabeza se despeja y el riesgo de pasar por alto una nota mal tocada es cada vez menor. El cansancio sigue, pero la esperanza del amanecer llena de optimismo a cualquiera. Quedan menos de seis horas de carrera. Lo peor ha pasado, pero los albores del día pueden jugar una mala pasada si alguno se confía. Hasta que no caiga el banderazo final, la carrera continúa. El concierto sigue. Pero al menos ya ha pasado la noche. ¡Qué noche!

Foto de portada: © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

24 horas en recuerdo de Fermín Vélez

24 horas en recuerdo de Fermín Vélez

Este fin de semana, el Circuit de Barcelona – Catalunya es el escenario en el que se disputa una nueva cita de las 24H Series, campeonato de resistencia conformado por varias pruebas de un día de duración. Las 24 Horas de Barcelona también van a servir de homenaje a uno de los pilotos españoles más laureados de todos los tiempos. Hablamos, como no, de Fermín Vélez.

La carrera lleva por título “Trofeo Fermín Vélez”. Y no es algo casual. El barcelonés logró sus mayores gestas deportivas en carreras de resistencia, como os contamos en “Tras los pasos de Vélez”. Campeón del Mundo de Resistencia en categoría C2, campeón del IMSA WSC, ganador absoluto de las 12 Horas de Sebring, y de las 24 Horas de Le Mans en la clase LMP1. Son algunos de sus logros, y por ello, el circuito de Montmeló le hace este homenaje que sirve para recordar a un gran piloto que se fue demasiado pronto.

Centrándonos en la competición, las 24 Horas de Barcelona es la carrera en circuito de mayor duración que se celebra en nuestro país. Es la reina de las carreras de resistencia en España, y viene celebrándose desde hace algo más de veinte años. Esta es la 21ª edición, aunque han habido algunas interrupciones. Y siguiendo con la tradición, tomó en su día el relevo de aquellas pruebas de resistencia y de coches sport que se celebraron en el legendario circuito urbano de Montjuïc.

Momento de la salida de las 24 Horas de Barcelona de 2018. © 24H Series

Es la sexta prueba del año del campeonato organizado por la empresa neerlandesa Creventic, y dará puntos tanto para el certamen intercontinental como para el Europeo. Y es que, en Barcelona se decidirá la clasificación europea, y podría decidirse matemáticamente el equipo Campeón de Continentes. El trío formado por Jiří Písařík, Josef Král y Matteo Malucelli es el que mejor lo ha estado haciendo en lo que va de curso. Han ganado las cuatro últimas carreras, en Mugello, Spa-Francorchamps, Brno y Portimao, y se perfilan como los favoritos para llevarse el título. Para ello, deberán volver a domar su Ferrari 488 GT3 de la Scuderia Praha.

La representación patria se centra en las participaciones de los equipos GSR By Speed Factory con un Audi RS3 LMS, Tictap Totcar Sport (Esduería Motor Terrassa) con un Seat León TCR y Baporo Motorsport con un Cupra TCR. Además, Francesc Gutiérrez corre con la estructura Vortex V8, Jon Aizpurua hace lo propio con los alemanes de PROsport Performance, y el hispano-finés Patrick Kujala defiende los colores de Barwell Motorsport. Así mismo, Jorge Belloc Díaz, Jorge Belloc Ruiz, Isidoro Díaz-Guerra y Álvaro Rodríguez son el cuarteto que pilota el Seat del equipo Tictap Totcar Sport.

Así mismo, y como parte del programa oficial, los GT4 tienen sus momentos de protagonismo. Dos carreras repartidas entre la tarde del viernes y la mañana del sábado del campeonato GT4 South European Series, sirven de aperitivo de la gran carrera de resistencia del fin de semana. Los participantes españoles son dos. El equipo Plemar Sport pone en pista su Ginetta G50 GT4, pilotado por Juan Reina Martín y Lorenzo López; mientras que KTM X-Bow España saca a pista su impresionante bestia, una creación que no deja indiferente a nadie.

Uno de los TCE surca la recta de meta durante los entrenamientos de calificación del viernes. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Y en estos tiempos en el que las carreras virtuales van ganando protagonismo, la organización ha decidido repetir la experiencia que se llevó a cabo el año pasado, celebrando una prueba de SimRacing de veinticuatro horas, que se disputará a la vez que la carrera real sobre la copia virtual en iRacing que estrena este año el Circuit. En ella participarán algunos de los mejores jugadores de carreras virtuales, clasificados tras una primera ronda eliminatoria.

El plato fuerte de este magnífico banquete de carreras empezará a las 12 horas de mañana. Pero antes, se han celebrado los entrenamientos calificativos, en los que el trío de Barwell Motorsport (Adrian Amstutz, Leonid Machitski y Patrick Kujala) con el Lamborghini Huracán GT3 Evo ha marcado la Pole Position entre los GT, por lo que largarán en primera posición mañana. Por otra parte, Eric van den Munckhof, Marco Poland, Ted van Vliet, Glen van Berlo y Marcel van Berlo han conseguido el mejor tiempo para el equipo Munckhof Racing con el BMW M4 GTR, lo que les da la Pole Position dentro de los TCE.

El Circuit de Barcelona-Catalunya vuelve a ser protagonista en carreras de resistencia. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Estos días, Barcelona se convierte en la capital mundial del automovilismo de resistencia. El Circuit de Barcelona-Catalunya se viste de gala para una noche de alto voltaje. Las 4 Horas de Barcelona de las European Le Mans Series ya atisbaron el gran ambiente de luces y sombras, mezclado con todo el sonido de los motores, que podía haber en este trazado. La carrera promete ser un espectáculo visual de lo más apreciado. Sólo nos falta contar las horas para volver a disfrutar.

Foto de portada: © 24H Series