El Pegaso dominicano

El Pegaso dominicano

Noviembre de 1954. Una nueva edición de la Carrera Panamericana está lista para empezar. La afición se agolpa en las cunetas de las carreteras por las que pasarán las máquinas y sus pilotos a toda velocidad. Y entre todas ellas, un revoltoso coche con muchas cosas que decir y demostrar. Su aspecto llama la atención. Y no por la belleza del chasis, que también, sino por las pegatinas de publicidad que lo adornan.

El Pegaso Z-102 descansa antes de la batalla. Los mecánicos lo ponen a punto. La altitud de México supone un problema que deben solventar para que el motor funcione como la seda y no dé problemas en la larga travesía entre Tuxtla Gutiérrez y Ciudad Juárez. Los pilotos se preparan. Joaquín Palacio tomará el volante, mientras que Celso Fernández será el copiloto y se encargará de la dirección del equipo.

Llegar hasta allí había costado lo suyo. México y España habían cortado relaciones diplomáticas después de la Guerra Civil, de manera que la inscripción de Pegaso como equipo español en la carrera no fue autorizada. De hecho, lo habían tenido complicado para llegar al sur de México, pero tras un duro viaje y varias gestiones, los dos mecánicos y los dos pilotos, junto con el Z-102, llegaron apenas unos días antes de empezar la prueba. Esto fue posible gracias a un hombre con mucho poder que actuó de intermediario y benefactor.

El Pegaso dominicano ya está preparado para empezar la Carrera Panamericana en Tuxtla Gutiérrez

Rafael Trujillo, máximo dirigente de República Dominicana, era un aficionado acérrimo a la marca Pegaso. Sus gestiones con el gobierno mexicano, además de su aportación económica, hicieron posible la participación del coche fabricado en Barcelona. Pero con una condición. No lo podían hacer bajo bandera española. Así pues, el Pegaso Z-102 se inscribió bajo bandera dominicana. Y no sólo eso, también engalanado con multitud de pegatinas del país latinoamericano, entre ellas una que rezaba “El Dominicano”.

Tras toda la odisea, el Pegaso dominicano está listo para partir. Con la oscuridad de la noche presidiendo el ambiente, el Z-102 arranca a la orden del comisario. Palacio engrana primera velocidad y sale disparado para conquistar la primera etapa. El coche no termina de ir del todo bien. Por potencia del motor y características, saben que pueden luchar de tú a tú con los Ferrari, Porsche o Jaguar que presumiblemente serán los protagonistas de la contienda. Pero la altitud y otros factores pueden ser una piedra en el camino. El día ha sido duro, pero Palacio y Fernández ya piensan en el día siguiente. Al llegar a Oaxaca, los dos mecánicos se hacen cargo del coche. Puebla será el siguiente objetivo, pero antes toca descansar.

Celso Fernández (a la izquierda, de copiloto) y Joaquín Palacio (a la derecha, al volante)

El día amanece y la Carrera Panamericana reemprende la marcha. Joaquín Palacio le pide al coche y el bólido responde. Los ajustes de los mecánicos parece que están dando sus frutos y, ahora sí, el Pegaso dominicano avanza con buen ritmo. Poco a poco, va remontando posiciones. Tras la etapa con meta en Puebla, hay que poner rumbo a Ciudad de México. El ritmo de Palacio al volante del Z-102 es cada vez mejor. Adelanta a los coches que lleva delante y pronto se acerca al grupo de cabeza. La distancia se va acortando y al llegar a la capital del país americano, ocupa la quinta posición.

Los hombres de Pegaso están contentos. El motor está aguantando y el objetivo de completar la Carrera Panamericana está cada día más cerca. Ganar será muy difícil, pero están haciendo un gran papel. De nuevo, el majestuoso Z-102 vuelve a estar en manos de sus mecánicos, que lo miman y cuidan con gran esmero. Saben que cuando salgan de Ciudad de México hacia el norte, quedará un poco menos para cumplir el sueño. Un sueño que no es sólo suyo, también el de todos los trabajadores de las fábricas de La Sagrera y Barajas. Y, desde luego, el de Wifredo Ricart.

Joaquín Palacio y los dos mecánicos de Pegaso junto al Z-102

La cuarta etapa de la Carrera Panamericana de 1954 se presenta como una oportunidad para que el equipo aseste un golpe importante encima de la mesa. Han demostrado que tienen el ritmo para pelear con los grandes, de lo contrario no habrían remontado hasta los puestos delanteros. Los participantes ya están en marcha, rodando por las carreteras mexicanas como almas llevadas por el diablo. Joaquín Palacio exprime los 170 CV del motor Pegaso V8 de 3,2 Litros, mientras maneja el volante, bailando con la montura.

De golpe, un pequeño fallo de cálculo los condena. Un paisaje eterno y una curva. Han pasado más de cuarenta kilómetros desde la salida de la etapa. Joaquín Palacio ha visto el viraje, ha tratado de tomarlo, pero no ha podido disminuir lo suficiente la velocidad. El coche no entra, se cruza, el precipicio está cada vez más cerca y no puede modificar la trayectoria. Ha perdido el control, se sale de la carretera y el coche cae por el barranco.

El Pegaso Z-102 “el dominicano” pierde el control y cae por el barranco

La noticia del accidente del Pegaso dominicano corre como la pólvora. Parece ser que el piloto está herido. Hay cierta confusión. Otro coche se ha salido de la ruta en el mismo punto y hay dudas con la identidad de los ocupantes. Celso Fernández, radio en mano, se comunica con control de carrera. Necesita saber el estado de su compañero y conocer cómo ha quedado el coche. Si el daño no es muy grande, él mismo podría reemprender la marcha y continuar en carrera. Espera noticias. La preocupación es máxima.

La angustia crece. Allí, en el lugar del accidente, Palacio está siendo atendido. Su situación no es grave, ha salido relativamente indemne de esta. Pero el coche… Desgraciadamente, el Pegaso Z-102 con el dorsal número diez, arde. No se puede hacer nada. El fuego devora cada parte de su estructura. La aventura ha terminado. La carrera sigue y Ciudad Juárez espera al resto de participantes. Sin embargo, el Pegaso dominicano, el bravo y bello Z-102 con la carrocería Touring, ha perecido en el intento.

High Class pisa el acelerador

High Class pisa el acelerador

De un tiempo a esta parte, el equipo High Class Racing ha experimentado un avance sustancial en cuanto a sus actividades. Tras pasar unos años compitiendo exclusivamente en las European Le Mans Series (ELMS), en 2019 hicieron su debut en el Campeonato del Mundo de Resistencia (WEC), después de competir por primera vez en las 24 Horas de Le Mans en el mes de junio. Recientemente, la estructura catalana ha anunciado la creación de una academia de pilotos, así como la incorporación de Jan Magnussen para la edición 2020 de la mítica prueba francesa.

La sede de High Class, situada a unos pocos metros del Circuit de Barcelona – Catalunya, vive unos tiempos de máxima actividad. Su superfície se va quedando cada vez más límitada para la cantidad de trabajo que alberga. El principal foco se centra en la lucha por el mundial de resistencia. La formación de origen danés, bandera bajo la cual opera, está teniendo un año complicado en las series intercontinentales. Nadie dijo que su primer año en el WEC iba a ser fácil. En cualquier caso, han sido capaces de firmar actuaciones más que interesantes, con Anders Fjordbach, Mark Patterson y Kenta Yamashita pilotando su Oreca 07 LMP2.

Precisamente, el piloto japonés llegó el pasado verano para trabajar junto a Miguel Nieto y sus hombres, bajo el amparo de Toyota. La marca nipona tiene puestas sus esperanzas en el vigente campeón del Super GT con Lexus, quien se rumorea que podría ser el próximo piloto del país asiático en pasar a formar parte de la alineación oficial del fabricante en la máxima categoría del WEC. No en vano, pudo probar el Toyota TS050 Hybrid LMP1 durante los test posteriores a las pasadas 8 Horas de Bahrein, en el trazado de Sakhir. Su trabajo hasta la fecha ha sido impecable, y su adaptación a las series mundiales ha dejado muestras de sus capacidades al volante del prototipo de High Class Racing.

El Oreca 07 de High Class durante la 24 Horas de Le Mans de 2019. © motors.all-free-photos.com

En esos mismos entrenamientos, Jan Magnussen volvió a experimentar las sensaciones de pilotar un prototipo de resistencia. El expiloto de Chevrolet y Corvette Racing en el WEC y el IMSA, se lució al volante del coche del equipo español, marcando registros muy interesantes. Tiempo después, se anunció la participación del piloto danés con uno de los prototipos de High Class en las 24 Horas de Le Mans de este año. La estructura pondrá dos LMP2 en pista, el que participa habitualmente en el mundial y el que lo hace en el certamen europeo. Este último, correrá con una decoración basada en la bandera danesa y una alineación de pilotos 100% del país nórdico, encabezada por el propio Magnussen y dos competidores más que todavía no han sido anunciados.

Además, el equipo buscará el apoyo de los incondicionales seguidores de ese país a la carrera que se disputa cada año en el circuito de La Sarthe. Los daneses son legión cada año en Le Mans, inspirados por las nueve victorias de Tom Kristensen, la gran leyenda de la carrera. High Class pondrá a su disposición camisetas, banderas y otros objetos de merchandising durante la semana de la carrera, especialmente el fin de semana. La idea es teñir de rojo y blanco las gradas del trazado.

Jan Magnussen en el garaje de High Class Racing durante los entrenamientos del WEC en Sakhir. Foto: @HighClassRacing

Por ahora, ese Oreca 07 tendrá sus objetivos puestos en la batalla por las European Le Mans Series, tal y como hizo el pasado año. Dennis Andersen y Anders Fjordbach volverán a ponerse el mono de High Class en el campeonato continental para seguir defendiendo los intereses de la estructura española. En 2019 alcanzaron la décimo cuarta posición final en el campeonato, resultados que buscarán mejorar en la campaña que dará comienzo el próximo 5 de abril en Montmeló. En su caso, el mejor lugar para empezar, a apenas unos metros de la casa del equipo.

Pero no sólo las carreras están bajo el punto de mira de los máximos responsables de High Class Racing. Recientemente, han anunciado la creación de una academia de jóvenes pilotos que no sólo pondrá sus esfuerzos en el campo de las carreras de resistencia, sino en diferentes ámbitos del automovilismo deportivo. Su primer integrante será el polaco Marcin Fedyna, que entrenará con monoplazas de Fórmula 4, así como con coches de otra tipología, como el Renault RS01, siempre bajo la atenta mirada de los responsables del equipo bajo bandera danesa. Además, Fedyna trabajará para High Class tomando el rol de piloto de simulador para el programa en las European Le Mans Series.

El Oreca 07 LMP2 de High Class durante el debut del equipo en el WEC, en las pasadas 4 Horas de Silverstone. © motors.all-free-photos.com

El crecimiento de High Class Racing en los últimos meses está siendo de escándalo. Al WEC y a las ELMS se suma la nueva academia de pilotos que puede suponer un impulso muy importante para sus aspiraciones en ambos campeonatos. Nuevas caras y más personal que van a hacer crecer una estructura que ha conseguido asentarse como una de las más serias del panorama automovilístico relacionado con las carreras de resistencia. Los próximos movimientos del equipo son desconocidos, pero el camino emprendido sugiere unos planes de futuro más que interesantes.

Foto de portada: @HighClassRacing

Los Hypercars llegan al WEC

Los Hypercars llegan al WEC

Hace ya meses que el ACO y la FIA acordaron la jubilación de los LMP1. La categoría reina del Campeonato del Mundo de Resistencia dejará atrás, en 2020 de forma parcial y en 2021 de forma definitiva, a los radicales prototipos que hemos podido ver en los últimos años, y serán los nuevos “hypercars”, o LMH por sus siglas en inglés, los que tomen el relevo en los próximos años.

La filosofía de esta nueva reglamentación es la de acercar el mundo de la competición a la calle. Una forma de visibilizar a los fabricantes que compitan en ella de cara a una mayor repercusión comercial. Los nuevos “hypercars” o LMH (Le Mans Hypercar) derivarán de modelos que las marcas deberán homologar y fabricar para su uso de calle. Se requerirá que se fabriquen al menos 20 unidades de calle para venta al público para que el modelo pueda competir en su versión de carreras.

Los LMH podrán ser desarrollados desde cero para la competición, homologando después su versión de calle, o podrán proceder de un modelo de venta al público que ha sido adaptado para competir bajo este reglamento. En cualquier caso, estos hipercoches tendrán una potencia final de 750 CV para mover los 1100 Kg reglamentarios. El fabricante podrá elegir, además, si esta potencia procede de un motor exclusivamente térmico o si opta por un sistema híbrido.

Toyota ha diseñado el GR Super Sport como heredero natural de su programa de LMP1 para el reglamento LMH.

Dicho sistema híbrido podrá entregar hasta 270 CV de los 750 CV permitidos, y deberá estar situado en la posición original del modelo de calle. Igualmente, el reglamento dicta que esta potencia eléctrica solo se podrá usar a partir de los 120 Km/h, evitando así el uso de sistemas de tracción total aprovechando la configuración híbrida. El cuerpo, el interior y la aerodinámica gozarán de libertad de cara a su diseño para que cada marca pueda adaptar el coche a su filosofía comercial. El “BoP” o Balance de Prestaciones, se encargará de igualar el rendimiento de cada una de las opciones para mejorar la competición. Pues se espera que cada marca presente conceptos muy diferentes al contar con tanta libertad en cuanto al diseño del coche. Otro atractivo más de este reglamento.

De momento, Aston Martin ya ha presentado y probado su contendiente: el Aston Martin Valkyrie es el elegido por la marca británica. Toyota ha hecho lo propio desvelando su GR Super Sport y con sólo estas dos marcas confirmadas ya podemos intuir la variedad de opciones que permite el reglamento: el Valkyrie usará un V12 atmosférico de origen Cosworth y prescindirá del sistema híbrido, mientras que la marca nipona se encomendará a V6 Turbo Híbrido que tantas alegrías le ha dado en estos últimos meses.

Peugeot ha anunciado, en los últimos días, que se unirá a la categoría en 2022 con este render del modelo que va a usar.

Peugeot también ha confirmado su presencia en esta competición, pero lo hará a partir de 2022 con un modelo de nueva factura exclusivo para la ocasión. A falta de conocer más detalles de la montura de la marca francesa, no podemos evitar pensar en la historia reciente del fabricante en esta categoría. Esperemos que haga honor a su nombre, pues su reputación la precede.

Con todo esto, en 2020, los LMH deberán compartir pista con los LMP1 privados y servirá de transición para la abdicación de los LMP1 en favor de los “hypercars”. Se espera que estos sean algo más lentos que los brutales prototipos a los que reemplazarán, pero también se espera la llegada de más marcas a una categoría que se había quedado huérfana de ellas.

La versión de calle del Valkyrie ya se pudo ver rodar en Silverstone en una jornada de promoción de la marca.

Los hermanos Rodríguez

Los hermanos Rodríguez

Era un día de enero de 1940 cuando nació uno de los mejores pilotos de carreras de coches de la historia. De nombre le pusieron Pedro, como su padre, y con su apoyo consiguió atraversar el ancho océano para competir en Europa. Allí se labró un nombre, y sobretodo, un apellido. El que compartiría con su hermano dos años menor, Ricardo. Ambos procuraron llevarlo a lo más alto del automovilismo. Tenían una capacidad innata para conducir aquellos bólidos con maestría.

El apellido Rodríguez llegó a copar lo más alto de las tablas de clasificación de las grandes carreras internacionales de la época. Las 24 Horas de Le Mans, las 24 Horas de Daytona o la Targa Florio cuentan con ediciones ganadas por alguno de los hermanos Rodríguez. Pero la sensación es, quizás, de no haber podido lograr todo lo que por capacidad de pilotaje habrían sido capaces. La desgracia se cruzó en sus caminos.

Tanto Pedro como Ricardo empezaron destacando en carreras ciclistas y de motocicletas en su México natal. La capacidad económica de su familia y el esfuerzo de sus padres, Pedro y Conchita, les permitió poner rumbo al Viejo Continente para forjar sus carreras deportivas lejos de su país. Ambos eran muy jóvenes en aquel entonces, lo que les auguraba muchos años de competición. Las carreras de resistencia y sport prototipos fueron su casa en los primeros años. Y más tarde, la Fórmula 1.

Ricardo Rodríguez en el Gran Premio de los Países Bajos de 1962, en Zandvoort.

Si la juventud había sido un problema para disputar su primera cita en Le Mans, no lo fue tanto para entrar a formar parte de Ferrari. La casa de Maranello abrió sus puertas a Ricardo con apenas 19 años. Y así se convirtió en el piloto más joven en disputar una carrera del Campeonato del Mundo de Pilotos en el Gran Premio de Italia de 1961. Y sorprendió. Vaya que si sorprendió. Calificó en segunda posición, sólo por detrás de Wolfgang von Trips, y por delante de los otros dos monoplazas rojos de Richie Ginther y Phil Hill. En carrera llegó al liderato, pero un problema con la bomba de la gasolina le obligó a retirarse. Lástima.

Entre tanto, su hermano mayor, Pedro, continuó su carrera en las largas carreras de resistencia como miembro del North American Racing Team. Los dos hermanos compartieron asiento en algunas de ellas. Sebring, Nürburgring o La Sarthe fueron testigos del arte de los hermanos Rodríguez de hacer bailar a sus máquinas curva tras curva. Y si era bajo la lluvia, todavía mejor. Su fama crecía tras cada carrera, y un aura de leyenda empezaba a acompañarles allá donde iban a batirse el cobre sobre el asfalto. La prensa fue haciéndose eco de sus hazañas y pronto se convirtieron en los héroes nacionales de México.

Pedro Rodríguez alternándose al volante del Ford GT40 Mk I con Lucien Bianchi, durante las 24 Horas de Le Mans de 1968.

En 1962, Ricardo Rodríguez era piloto oficial de Ferrari. Y como tal, disputaba el Campeonato del Mundo de Pilotos bajo la normativa de Fórmula 1. Y también la Targa Florio, la legendaria prueba siciliana, que se llevó aquel año junto a Olivier Gendebien y Willy Mairesse a bordo de un Ferrari 246 SP. También conoció la leyenda de Pau, donde se adjudicó una segunda posición en la edición de aquel año de su mítico Gran Premio. En cualquier circuito, en culquier circunstancia, era capaz de demostrar sus capacidades. La gloria le perseguía.

Los éxitos de ambos hermanos fueron la excusa perfecta para que se inaugurara un circuito permanente de carreras en Ciudad de México. El autódromo se ubicó en el parque Magdalena Mixhuca, y allí se presentó Ricardo para el primer Gran Premio de México. No tenía ninguna necesidad, pero quiso competir en ese primer gran evento automovilístico en su país. No se presentó Ferrari, así que tuvo que inscribirse con un Lotus 24 del equipo de Rob Walker. Desgraciadamente, ni siquiera tomó la salida. El accidente fatal se produjo durante el primer día de entrenamientos en la recién estrenada pista. La Peraltada, la gran curva final del trazado, se cobró a su víctima el día de su estreno. La tragedia tiñó de luto México y a toda la comunidad automovilística.

Ricardo Rodríguez construyendo su gran victoria en la Targa Florio de 1962, junto a Olivier Gendebien y Willy Mairesse.

La tristeza invadió a Pedro. Su hermano pequeño, su compañero de fatigas, había fallecido de la manera más cruel posible. Nada podía cambiar eso. Y él no estaba dispuesto a correr su misma suerte. Retirarse de las carreras era su mejor opción. Pero la semilla de la competición, regada con gasolina de alto octanaje, había arraigado muy fuerte en su interior. Seguiría compitiendo. Y lo haría por su hermano.

Su oportunidad en la Fórmula 1 se la dio Lotus en 1963. Y al año siguiente, siguió los pasos de Ricardo para convertirse en piloto de Ferrari. Pero nunca fue fiel del todo a la marca italiana. Su objetivo era ganar y su capacidad para ir rápido con cualquier montura hizo el resto. Su habilidad para pilotar en pistas mojadas y bajo tremendos aguaceros, le hicieron ganarse el respeto de sus rivales. Sin embargo, y a pesar de grandes resultados, incluyendo la victoria en el Gran Premio de Bélgica de 1970, en el legendario Spa-Francorchamps, el gran amor de Pedro eran los Sport Prototipos. Pero también fueron su condena.

Pedro Rodríguez bailando sobre el asfalto mojado de Zandvoort.

Y así, tras ganar las 24 Horas de Le Mans de 1968, junto a Lucien Bianchi; las 24 Horas de Daytona en 1970, junto a Leo Kinnunen y Brian Redman a bordo de un Porsche 917K, y en 1971, junto a Jackie Oliver, al volante del mismo auto; y haber disputado 54 Grandes Premios puntuables para el Campeonato del Mundo de Pilotos de Fórmula 1, un maldito guardarraíl del circuito de Norisring se interpuso entre su vida y él. Competía por la victoria cuando tuvo que esquivar a un vehículo lento, impactando contra la barrera que separaba la pista del margen de un puente. El coche se incendió y Pedro falleció instantes después de que lo sacaran del habitáculo.

La desgracia se cebó con Pedro y Ricardo Rodríguez de la Vega. Pero su legado perdura, y como homenaje del automovilismo mexicano, el circuito de Ciudad de México, lleva por nombre Hermanos Rodríguez en señal de recuerdo a los dos grandes pilotos mexicanos de la historia. Los dos hermanos que llevaron la bandera y el nombre de su país a lo más alto de las competiciones mundiales. Pedro y Ricardo, dos portentos de la velocidad cuya pasión se los llevó demasiado pronto.

Pedro y Ricardo, los hermanos Rodríguez.

Ferrari: Un caballo de 90 años

Ferrari: Un caballo de 90 años

Rojo, pasión, tradición, deportividad, velocidad, ingenio,… Todos estos adjetivos son aplicables a lo que hoy en día es Ferrari. La marca italiana cumple 90 años, y lo celebra con motivo del Gran Premio de Italia, su carrera de casa. Monza es el escenario idóneo para conmemorar el nacimiento de una de las mayores leyendas del automovilismo. El fabricante de coches deportivos más reconocido a nivel mundial. El equipo por excelencia de la Fórmula 1.

Pero Ferrari es más, mucho más. Desde sus inicios en 1929, o incluso antes, en aquellos años en que Enzo Ferrari se buscó la vida como mecánico y piloto de carreras. Porque si el rojo viene de la herencia de pintar los coches italianos de ese color, la pasión viene de aquel hombre menudo que consiguió convencer a los directivos de Alfa Romeo para pilotar sus coches. Y más tarde, para gestionar su división deportiva.

Ferrari bebe de la tradición automovilística de Alfa Romeo. Si “Il Commendatore” es el padre de la criatura, el fabricante milanés es la madre. Aquellos difíciles años ’30 del siglo pasado estuvieron dominados por los coches alemanes. Pero si no hubiera sido por la velocidad y el ingenio que desarrollaron los hombres con el emblema del caballo encabritado, el dominio hubiera sido aún mayor. Sólo ellos fueron capaces de frenar a la maquinaria teutona. Y tras la guerra, en un alarde de deportividad, fueron los primeros en volver a las carreras.

Tazio Nuvolari, pilotando el Alfa Romeo Tipo B de Scuderia Ferrari en el Gran Premio de Pau de 1935, camino de la victoria

Pero regresaron de una manera muy diferente a como se habían ido. Antes de aquel gran conflicto bélico que destrozó Europa, Alfa Romeo y Scuderia Ferrari eran casi lo mismo, en cuanto a las carreras se refiere. En Milán pusieron toda la carne en el asador en favor de aquella estructura deportiva que había comenzado como un cliente más. Casi todo lo que lograron, lo hicieron juntos. Pero los tiempos habían cambiado. Ferrari quiso crecer, y sin despreciar a Alfa Romeo, se establecieron como fabricantes de coches.

Primero se formó la empresa Auto Avio Costruzioni, que fabricó el primer coche “Ferrari”, el Auto Avio 815. Por cuestiones legales con Alfa, no pudo llevar el nombre de su creador, por un plazo de cuatro años desde la salida del gran visionario del fabricante de Milán. Así que el 125 S, el primer deportivo 100% Ferrari, nació en 1947. De esta manera, cuando volvieron a la competición, Alfa Romeo iba por un lado y Ferrari por el otro.

Lorenzo Bandini, uno de los pilotos de Ferrari más añorados, pilotando el 312 en 1966

La normativa de Fórmula 1, aplicada al Campeonato del Mundo de pilotos, favoreció ese retorno. Y tras dos años de dominio alfista, Ferrari se quedó, con el permiso de Maserati, como el estandarte italiano en las carreras. Comenzó una era en la que el rojo impregnaría las pistas de carreras de medio mundo. De los monoplazas, pasaron a los Sport Prototipos, e incluso hubo algún conato de conquistar los óvalos americanos. También en carreras de montaña tuvieron su protagonismo, y el “Cavallino Rampante” conseguía la gloría allá donde iba.

Pero también se forjaron rivalidades eternas. Los piques, dentro y fuera de la pista, dieron lugar a salvajes duelos con otros fabricantes. Duelos que todavía no se han resuelto a día de hoy. Bien fuera por el carácter del gran jefe, o por la envidia que pudieran despertar los éxitos de los de Maranello, la gran rivalidad con Ford no fue fruto de la casualidad. Y nos regaló momentos sublimes durante varios años. Tampoco, la rivalidad con Lamborghini. Enzo Ferrari consiguió, seguro que sin quererlo, que un constructor de tractores se lanzara, con muy buen acierto, a la fabricación de coches deportivos.

Chris Amon manejando el Ferrari 312P durante los 1000 Km de Nürburgring de 1969

Enzo Ferrari defendió durante años los intereses de la gran obra de su vida. La marca de Maranello se lo debe todo a él. Cuando falleció, en 1988, tenía 90 años, los mismos que ahora cumple la Scuderia Ferrari. El italiano sobrevivió a las atrocidades de la Primera Guerra Mundial, defendió su legado en las carreras de la época de entreguerras, hizo de Ferrari lo que es hoy. Pero también sufrió. La muerte de su hijo Dino, fue un varapalo del que nunca se pudo recomponer. Como homenaje, todos los Ferrari con transmisión trasera y motores de menos de doce cilindros, fueron nombrados “Dino”.

Tras años al pie del cañón, el hombre que llevaba el peso de la marca, decidió ir dejando paso a otros que pudieran hacer sus labores. Los años pesan para todos, y para Enzo Ferrari no fue una excepción. Luca Cordero di Montezemolo tomó las riendas, tras años dirigiendo la Scuderia. Y bajo su batuta, Ferrari volvió a dominar el panorama automovilístico. El camino fue largo y tedioso, pero tras varios años en blanco, la llegada del siglo XXI le sentó de fábula a la marca italiana. Seis campeonatos del mundo de constructores de Fórmula 1 consecutivos, y el dominio absoluto de la categoría, les llevaron a ser el equipo más laureado de todos los tiempos.

Michael Schumacher, el piloto que marcó una época en la Fórmula 1 junto a Ferrari, pilotando el F2004 en el Gran Premio de Estados Unidos de 2004

Los nuevos tiempos están marcando un nuevo futuro para la industria, y Ferrari no es ajena a esos cambios. La salida a bolsa o el desarrollo de sistemas híbridos en motores cada vez más pequeños están en las antípodas de la concepción original de una empresa que se adapta a los cambios para seguir dando alegrías a los miles de tifosi que pueblan el mundo. Esos que con sus ánimos, hacen que el caballo siga encabritado. Por otros 90 años de carreras y pasión por el automovilismo. Forza Ferrari!