Ganar el París-Dakar por el canto de un duro

Ganar el París-Dakar por el canto de un duro

Recién estrenado el año 1989, Peugeot se presentó en París con la mente puesta en volver a ganar el Rally Raid París-Dakar. Tras las victorias de Ari Vatanen en 1987 y de Juha Kankkunen en 1988, en ambos casos con el modelo 205 T16 de la marca del león, los de Sochaux eran los principales favoritos para lograr el triunfo final con el nuevo 405 T16. Tras cruzar el sur de Europa, el estrecho de Gibraltar y el desierto del Sáhara, el propio Vatanen y Jacky Ickx llegaban al final de la carrera prácticamente igualados.

El director del equipo, Jean Todt, se encontró con la difícil situación de tener a dos pilotos en disposición de conseguir la gloria eterna o, por el contrario, de arruinar una victoria totalmente segura para Peugeot Talbot Sport. La inevitable solución pasaba por decidir que uno de los dos se llevara el gato al agua, antes de que la competencia entre ambos diera al traste con el trabajo de muchos meses.

Todt reunió a sus pilotos, y en un acto más propio de otros menesteres, tiró una moneda al aire. El azar quiso que Ari Vatanen se convirtiera, al caer la moneda al suelo, en el candidato de la estructura francesa para ganar el París-Dakar de 1989. La suerte estaba echada, nunca mejor dicho, y las esperanzas de Ickx de volver a ganar la gran carrera off-road se acababan de esfumar. Pero una cosa es lo que digan la suerte o el azar, y otra lo que dicte la carrera. Porque es la carrera la que elige a su ganador, y eso hay que tenerlo en cuenta.

Jacky Ickx peleando con la arena africana en el París-Dakar de 1989

La penúltima etapa comenzó con Ickx escoltando a Vatanen. El desarrollo de la carrera hizo que ambos pilotos se perdieran en mitad del tramo cronometrado, pero el copiloto del belga, Christian Tarin, se dio cuenta del error. La pareja del segundo Peugeot rectificó y puso rumbo a meta, pero a baja velocidad para esperar al líder de la formación. A pesar de ello, el resultado colocó a Jacky Ickx líder de la carrera por 20 segundos, a falta de una etapa.

La tensión aumentó de manera exponencial al llegar el piloto finlandés a la meta. Acusó a su compañero de equipo de querer romper el pacto establecido por el azar, lo que delante de la prensa, fue desmentido por Tarin, alegando que de no haber aflojado el ritmo, la diferencia habría sido mucho mayor. La situación era esperpéntica, con un equipo Peugeot en ebullición, a pesar de seguir siendo los claros favoritos para ganar la prueba.

El último día llegó con Jacky Ickx abriendo la veda, al ser el líder. Su salida a la especial cronometrada de 61 Kilometros se produjo dos minutos antes que la de Ari Vatanen. Enfadado y con todo el equipo en su contra, decidió pararse a mitad de camino para esperar al líder teórico, arrancando de nuevo tras el campeón nórdico, una vez que éste le superó. De esta manera, Jacky Ickx entregaba la victoria a Ari Vatanen, restableciendo el acuerdo firmado por la moneda de 10 francos que Todt lanzó al aire dos días antes. El de Tuupovaara conseguía así su segunda victoria en el París-Dakar.

Ari Vatanen atravesando las enormes dunas con el Peugeot 405 T16

Monsieur Le Mans se quedó compuesto y sin triunfo. Vatanen ganó por el canto de una moneda. Por eso y porque L’Enfant Terrible, a pesar de todo, actuó como un caballero respetando lo acordado, y eso que la carrera ya había decidido en su favor un día antes. Él fue el ganador moral de la carrera, pero la gloria se fue de nuevo a Finlandia. Y a Francia, porque Peugeot hizo rugir de nuevo al león con su tercer triunfo en la carrera más dura del mundo. Una historia del Dakar.

Benz: El origen de todo

Benz: El origen de todo

Corrían los años de finales del siglo XIX y un ingeniero alemán estaba a punto de revolucionar el mundo. Es difícil saber si era consciente en ese momento de que aquello que estaba maquinando supondría un antes y un después en la historia de la humanidad, pero lo cierto es que quien se llamó Karl Friedrich Michael Vaillant en el momento de su nacimiento, no sabía que su invento nos enamoraría hasta el punto de la locura. A la muerte de su padre, cambió el apellido de su madre por el de su progenitor, Benz, un ingeniero ferroviario, y así es como hoy en día lo conocemos: Karl Benz.

Karl Benz

El ingeniero Benz (o Vaillant) nació en Karlsruhe en 1844 y fue en 1886 cuando presentó al mundo el primer vehículo autopropulsado de la historia, el primer coche, el Benz Patent-Motorwagen, un triciclo con motor monocilíndrico de 954cc refrigerado por agua. Este artefacto se componía de una manivela con forma de timón a modo de dirección, la cual movía una rueda delantera de similares características a las usadas en los velocípedos.

El vehículo fue evolucionado con varias actualizaciones, equipando un motor de más de 1000cc en las siguientes versiones. El modelo comercial, concretamente el número 3, fue utilizado por Bertha Benz, esposa de Karl, y por los hijos de ambos, Eugen y Richard, para realizar el primer viaje en un vehículo a motor de la historia. El primer viaje en coche de la humanidad fue en agosto de 1888, con Bertha Benz a los mandos del famoso vehículo. Con salida en Mannheim y llegada en Pforzheim, y de nuevo regreso a Mannheim, Bertha cubrió una distancia de 106 Kilometros.

La revolución había llegado. Un nuevo sistema de transporte que iba a rivalizar con los carruajes tirados por caballos se presentaba como una verdadera alternativa. Ese fue el objeto del viaje. Demostrar a los potenciales clientes, y también al propio Karl Benz, que su invento tenía un gran futuro. Este éxito animó al ingeniero, que junto a Friedrich von Fischer y Julius Ganss, se lanzó a la construcción de un coche de cuatro ruedas.

Benz Viktoria

Así es como en 1892, la Rheinische Gasmotorenfabrik Benz & Cie lanzó al mercado el Benz Viktoria, y dos años más tarde, el Benz Velo. Este último, debe su nombre a la palabra Velocipede. No en vano, el modelo presentado por Benz no dejaba de ser un velocípedo de cuatro ruedas con un motor de combustión. Quizás, el hecho de que el propio Karl Benz trabajara en su juventud en un taller de bicicletas y velocípedos pudo servirle de inspiración en la concepción de este modelo.

Portada de la revista Le Petit Journal de 6 de agosto de 1894 con la carrera Paris-Rouen como protagonista

El Benz Velo terminó por convertirse en un pionero. Fue el primer coche construído en una producción a gran escala para ser puesto a la venta en diferentes puntos de la geografía alemana. También sirvió de base para la producción de coches de otros fabricantes que llegaron más tarde. Como Peugeot, pues en 1892, el francés Armand Peugeot, se lanzó también a la construcción de vehículos, utilizando motores fabricados por Benz para propulsar sus monturas. Y fue en 1894 cuando un coche Peugeot con un motor Benz ganó la que se considera la primera carrera de coches de la historia: La Paris-Rouen.

Paralelamente, Gottlieb Daimler desarrollaba sus propios motores de combustión interna, y si Benz fue el padre del automóvil, Daimler lo fue de la motocicleta. En 1882, una vez fundada su propia empresa junto a Wilhelm Maybach, montó uno de sus motores en una bicicleta, a la que llamaron Reitwagen, la primera moto del mundo. Posteriormente, se adelantó a Karl Benz al ser el primero en construir un coche de cuatro ruedas e inventar el carburador. Pero aún con todo, la fábrica de motores Benz seguía imparable en la confección de nuevos coches.

Ambos fabricantes, Benz y Daimler, fueron los dos pioneros del automóvil. Dos caminos, cada uno con sus éxitos, que en 1926 se unieron para siempre al fusionar sus empresas. Así nacía Mercedes-Benz, el resultado de muchos años de rivalidad y duro trabajo que les llevó a ser aún mejores. Un fabricante que hoy en día comparte escena con muchos otros, pero todos, en mayor o menor medida, llevan dentro de sí mismos un poco de Benz. Porque todos los coches son descendientes de aquel Benz Patent-Motorwagen, y como tal, conservan la esencia que aquel genio creó.