Su sonido parece el de una avispa y cuando se juntan varios es el avispero más sonoro del mundo. Los Car Cross, Kartcross o Cross Car, según quién los nombre y en qué idioma, son unos pequeños pero matones coches de carreras que hacen las delicias del que los pilota y del que los visiona. Un motor pequeño en un chasis muy pequeño, un propulsor de moto que empujando tan poco peso, desata toda su fuerza para mover esa masa que tan poco abarca.
Su popularidad es enorme en nuestro país. Hasta tres categorías del Campeonato de España de Autocross están protagonizadas por estos monoplazas. Y en los campeonatos regionales son también los reyes de la fiesta. Su precio contenido y su mantenimiento sencillo son un gran aliciente para quien busca adentrarse en esto de las carreras. Pero los Car Cross no entienden de edades. Desde los más pequeños, en sus primeros pasos; hasta los más mayores, disfrutan de su pilotaje sobre tierra, asfalto o nieve.
Se podría decir que son como una especie de karts con techo, o también una variante de los buggyes, pero más pequeña. Lo cierto es que no son ni una cosa ni la otra, aunque su uso puede estar destinado para lo mismo que ambas tipologías de coche de competición. Sirven para los jóvenes que se inician en el automovilismo, para aquellos que les tira más un buen derrapaje en medio del polvo que buscar la trazada perfecta con tiralíneas. Esos niños que se sienten más atraídos por los rallyes que por los monoplazas.
Pero también sirven para participar en competiciones fuera de pista, en el desierto, campo a través, como si de un Side by Side se tratara. Realmente, los kartcross sirven para todo. Incluso se los ha visto subiendo montañas. Aparte de las barquetas, prototipos o GT, animan como los que más las carreras en cuesta. Su poco peso y ligereza es una ventaja de cara a afrontar los revirados giros de las carreteras de montaña. Cambiando los neumáticos de tacos por gomas para asfalto y algún que otro pequeño ajuste, el coche está listo para dinamitar el mejor tiempo.
Pero no nos engañemos. Hacen falta manos y una buena dosis de sensibilidad al volante. Precisamente, su potencia en tan poco peso hace que sean extremadamente nerviosos. La tracción trasera provoca que toda la fuerza del motor mueva las ruedas de atrás, por lo que es importante saber jugar con los golpes de acelerador y mantener el volante recto en cada pisada. Un mal juego de manos y pies puede terminar con un accidente o un vuelco, algo que acostumbra a ser más habitual que en otro tipo de monturas.
Existen distintos fabricantes de kartcross y cada maestrillo tiene su librillo. Generalmente, estos son constructores pequeños, ensamblando cada pieza del coche de forma artesanal. Por ello, cada cross car es un poco diferente. Pero en resumidas cuentas, todos tienen una serie de características básicas. Cuentan con un motor de unos 600cc, con una potencia de 120 – 125 CV, y una transmisión formada por una caja de cambios de seis velocidades y una cadena que transmite la fuerza del motor al tren trasero. Cuentan con suspensión independiente a las cuatro ruedas, chasis multitubular y carrocería de fibra de vidrio. Sus dimensiones son de 2,6 metros de largo, 1,6 metros de ancho y 1,2 metros de alto. Todo el conjunto acumula un total de 320 Kg de masa.
Los kartcross pueden presumir de un auge que los está llevando a ir desbancando poco a poco a los hasta ahora grandes protagonistas en los distintos campeonatos de autocross que se celebran en Europa. No en vano, la FIA está intentando aprovechar esa popularidad para comvertirlos en el escalón principal en la formación de pilotos de rallyes y rallycross. En los Motorsport Games previstos para este año tendrán su propia categoría y se estudia implantarlos como campeonato independiente a nivel europeo.
En España ya han cogido la delantera en el CEAX a los monoplazas de autocross, los participantes de la División III. El bajo coste de los kartcross hace que sea imposible que los Super Buggyes puedan competir con ellos. No es extraño que las parrillas de Car Cross sean las más pobladas en los últimos tiempos. Y en los campeonatos regionales sucede algo similar, con estos pequeños prototipos de competición ganándose el favor de competidores y aficionados. Un avispero volando hacia la primera curva, de bajo coste y emoción sin límites. ¿Alguien da más?
En estos primeros meses del año, la piloto japonesa Juju Noda realizó sus primeros entrenamientos de pretemporada con su equipo, Noda Racing, en varios circuitos españoles. Posteriormente, se trasladaron a Italia para continuar con la preparación de la temporada, durante la cual, disputará el Campeonato de Dinamarca de Fórmula 4. La joven nipona es un talento en bruto. Con apenas catorce años, ya ha realizado pruebas con un Fórmula 3 en el circuito de Okayama, logrando registros muy interesantes. También ha participado en varias carreras de la Formula U17.
Su padre, Hideki Noda, fue piloto desde finales de los años ’80. Participó en Fórmula 1 en 1994, además de en las series norteamericanas IRL y las 24 Horas de Le Mans. En su Japón natal compitió durante años en el Super GT y la Formula Nippon. Actualmente, dirige una academia de jóvenes pilotos, Noda Racing Academy, para impulsar el automovilismo japonés. Mientras, traza el camino de su hija Juju en sus primeros pasos en el automovilismo. Así mismo, el español Àlex Garcia trabaja con la joven como mánager. Pudimos entrevistarla y esto es lo que nos contó.
El Acelerador (EA): Juju, es un placer poder entrevistarte. En primer lugar, quremos hablar de tus test realizados en España. Cuéntanos, ¿cómo te has sentido con el coche y qué conclusiones sacas?
Juju Noda (JN): Fue una nueva experiencia para mí. Coche nuevo y circuitos nuevos. El sitio en el que más experiencia tengo es Okayama, y circuitos como los de Motorland y Barcelona son muy rápidos. Fue una experiencia muy exigente, pero la disfruté. Además, me ayudó a ganar confianza. El Mygale de la F4 danesa es 80 Kg más pesado y 20 CV menos potente que los Tatuus de la F4 española, y a veces era algo frustrante. La próxima vez que vaya allí, quiero hacerlo en un coche más rápido.
EA: Has probado en circuitos muy distintos entre sí, todos con mucha historia detrás, algunos más modernos que otros, pero todos forman parte de la historia del automovilismo en España. Primero estuviste en Motorland Aragón, luego en Barcelona, después en Calafat y finalmente en Albacete. ¿Cómo ha sido tu experiencia en todos ellos?
JN: No tenía experiencia pilotando en circuitos de alta velocidad como Motorland o Barcelona, así que fue algo nuevo de lo que aprendí mucho. Calafat y Albacete se parecen más a lo que estoy habituada y me adapté más rápido. Por otra parte, tuvimos algunos problemas en Barcelona y pudimos rodar apenas medio día. Ojalá hubiera podido rodar más allí ya que es donde más ganas tenía de pilotar.
EA: En estos test has probado el coche con el que disputarás este año la F4 danesa. ¿Qué nos puedes contar del Mygale F4?
JN: Es algo pesado y le falta algo de potencia, así que hay que ser muy suave con el pilotaje. No puedes sobreconducirlo y en ese sentido es distinto al F3 o al F4 japonés. A veces es algo frustrante, ya que el coche perdona muy poco los errores. La ventana de pilotaje del coche es estrecha y es fácil perder tiempo.
EA: En Japón ya probaste un Fórmula 3. En comparación, ¿qué echas en falta en el Fórmula 4 respecto al Fórmula 3?
JN: Principalmente, la carga aerodinámica; aunque también, la ligereza del Fórmula 3. Al final, todo eso hace que el Fórmula 4 no reaccione igual de rápido ante lo que el piloto hace.
EA: Cada vez falta menos para comenzar tu andadura en la F4 danesa. Nos gustaría hablar de cómo estás llevando tu preparación. Cuéntanos, Juju, ¿cómo estás preparándote físicamente para este primer año compitiendo fuera de Japón?
JN: Hago fitness como los demás pilotos, claro. Pero realmente no he cambiado demasiado lo que ya hacía siempre en Japón. Voy paso a paso. Siendo una chica, es difícil competir contra los chicos. Tienen más musculatura y más fuerza, y para llegar al mismo nivel tengo que trabajar mucho más que ellos. Las mujeres tenemos normalmente menos peso y menos músculo por nuestras bases biológicas. Las normativas de los campeonatos nos igualan el peso pero nadie me da más músculos a mí ni se los quitan a los chicos.
No sé si esta normativa es justa o no, pero es algo con lo que las mujeres hemos tenido que combatir en el mundo del motor. Sé que el inicio de temporada será difícil porque en Dinamarca sólo podemos probar en un circuito y en los que no he rodado me tocará clasificarme tras sólo veinte minutos de entrenamientos libres.
Juju Noda se baja del Mygale F4 con el que participará este año en Dinamarca. Foto: @NODA_Racing (Twitter)
EA: Has vivido siempre en Japón, pero ahora te toca ir fuera de tu país. Y además, eres aún muy joven. ¿Cómo afronta una chica de catorce años un cambio en su vida tan drástico?
JN: No será fácil para mí el habituarme a todo de golpe. Además, está el tema del idioma. Pero si quieres llegar lejos, debes hacer frente a las dificultades para que eso te haga más fuerte. Y estoy segura que acabará dando resultados.
EA: Suponemos que tu padre, Hideki, es una de las personas que más te inspiran. ¿Qué significa para tí Hideki Noda?
JN: Sabe lo que hay que hacer y me da sólo los consejos que son estrictamente necesarios. Sabe lo que necesito para ser rápida. Confiamos mucho el uno en el otro.
EA: Actualmente, cuentas con uno de los mayores especialistas en automovilismo que hay en España a tu lado. Me refiero a Àlex Garcia. ¿Cómo es tu relación con Àlex y cómo crees que él puede ayudarte en tu camino en el automovilismo?
JN: Àlex conoce a mucha gente y a varios amigos que pueden ayudarle en Europa. Le gusta Japón y sobre todo cree en mí. Es inteligente y trabajar con él es una gran ayuda para mi carrera profesional.
Juju Noda rodando en el circuito de Calafat. Foto: @NODA_Racing (Twitter)
EA: Estás empezando tu senda, pero seguro que imaginas cómo te gustaría que fuera. En el futuro, ¿en qué categorías te gustaría competir? F1, WEC, quizás en el WRC…
JN: Me gusta competir e ir rápido. Me gustaría competir en algunas de las grandes carreras del mundo del motor, en la Fórmula 1, la Fórmula E, Le Mans, IndyCar o NASCAR.
EA: Juju, para terminar, cuéntanos, qué esperas de esta temporada y cuáles son tus objetivos.
JN: Evidentemente, me encantaría ganar, pero espero aprender mucho y disfrutar de esta temporada. También quiero crecer como persona y como piloto. Sé que soy joven y no quiero ser impaciente.
Este fin de semana da comienzo la segunda temporada del campeonato australiano de monoplazas S5000, un certamen que busca llenar el hueco que antaño ocuparon competiciones como la Tasman Series, la Fórmula 1 australiana o la Formula 5000. Precisamente, este último ha servido, en cierta medida, de inspiración para una S5000 que este año tratará de asentarse definitivamente tras una primera edición con tan sólo un par de pruebas.
La S5000 arrancó el año pasado con dos citas en septiembre y noviembre, en Sandown y The Bend. Fue un aperitivo para lo que parece ser que vamos a ver esta temporada. Diecisiete pilotos repartidos en nueve equipos lucharon por llevarse la victoria en cada una de las pruebas, entre los que destacó Rubens Barrichello, expiloto de Fórmula 1 que volvió a los monoplazas para disputar el primer evento del campeonato. James Golding, Tim Macrow y John Martin fueron los principales animadores, con Martin siendo el piloto que más puntos sumó en el total de ambos fines de semana.
La idea de volver a tener en Australia un gran campeonato de monoplazas a nivel nacional se puso sobre la mesa en 2016, con la creación de la Formula Thunder 5000. Unos meses más tarde, el ente organizador del campeonato Supercars anunció la nueva Super 5000 como categoría soporte del principal campeonato automovilístico australiano. Tanto la Formula Thunder 5000 como la Super 5000 ocuparían el mismo hueco, de manera que los responsables de ambos certámenes acordaron su fusión, con la idea de echar a rodar en 2018.
Rubens Barrichello pilotando el monoplaza de la S5000 en Sandown el año pasado
La S5000 compite con monoplazas basados en la normativa FIA para la construcción de chasis de Fórmula 3, fabricados por el constructor francés Onroak. Estos coches montan un motor V8 atmosférico de 5.0 litros de origen Ford, con una potencia de 560 CV, gestionados por una caja de cambios de seis velocidades. En otras palabras, una auténtica bestia de competición, de naturaleza salvaje y brutalidad desbocada. Un motor enorme en un coche pequeño. El sueño de cualquier piloto que quiera pasarlo bien.
Los afortunados conductores que tendrán el privilegio de hacer bailar estas maravillas sobre el asfalto estarán repartidos en ocho equipos. Para esta primera cita en Melbourne, serán un total de quince, con Rubens Barrichello repitiendo experiencia. Además del brasileño, Giancarlo Fisichella, Alexandre Prémat y Jack Aitken han atravesado medio mundo desde Europa para participar en esta primera fecha del calendario de la S5000, compartiendo pista con los Fórmula 1 del Campeonato del Mundo. Por su parte, los locales Tom Macrow y James Golding volverán a ponerse el mono de carreras para volver a deleitar a los aficionados. No así John Martin, el piloto que mejor se desenvolvió en 2019, que será baja en esta primera contienda.
Los monoplazas de la S5000 preparados para salir a la pista de The Bend, en 2019
Serán dos carreras las que disputarán este fin de semana, la primera el viernes y la segunda el sábado. Después de esta primera fecha en el circuito urbano de Albert Park, como categoría telonera de la Fórmula 1, la S5000 pondrá rumbo al trazado de Sidney dentro de dos semanas. El primer fin de semana de mayo, será el turno de la pista de Winton, antes de que The Bend vuelva a poner a prueba a los competidores en uno de los trazados más desafiantes de Oceanía. Eso será a mitad de junio.
Dos meses de después, será Philip Island la pista que tomará el relevo, para conducir a la caravana del campeonato a Sandown, donde se disputará la última prueba puntuable. El circuito, a veinticinco kilómetros de Melbourne, repite esta temporada, tras alojar la primera cita de la historia del campeonato. Finalmente, Mount Panorama cerrará la temporada. El mítico trazado pondrá el broche de oro con una cita fuera de campeonato, pero que seguro que todos ansían con disputar.
James Golding, autor de la Pole Position para la primera carrera de la S5000 de 2020, en Albert Park
Este año parece ser que será el del despegue real de este certamen. La actividad en pista ha comenzado ya, durante la madrugada europea, con los primeros entrenamientos libres y la sesión de calificación en Albert Park. Y así continuará hasta que se decidan los campeones allá por septiembre. Y con el bonus de Mount Panorama en noviembre. Un campeonato de esos que hacen falta, con emoción a raudales y gastos contenidos. La S5000 australiana echa a volar en Melbourne.
Llegar, ver y casi vencer. Hacer eso es difícil. Muy difícil. Y no venció porque no tocaba. Reducir a que fue un problema mecánico en la última carrera lo que le apeó del título es no ver más allá. Álex Palou estuvo a punto de hacer historia el año pasado en la Super Formula. El principal campeonato de monoplazas de Japón, a un nivel equiparable al de la IndyCar, vio un año marcado por la alternancia dispar de ganadores. Entre ellos, el propio Palou. Ahora, su mirada se centra en conquistar el certamen norteamericano.
Fue quizás esa igualdad tremenda lo que le permitió llegar con opciones hasta el final. Pero también fue lo que, analizando la temporada desde sus inicios, le condenó. Los puntos que pudo sumar y no hizo a principio de año también supusieron un lastre para sus aspiraciones. Nunca sabremos si el piloto de Sant Antoni de Vilamajor podría haberse proclamado campeón de la Super Formula si se hubieran desarrollado otras circunstancias, pero lo que está claro es que su año en Japón fue sensacional. Y los resultados así lo atestiguan.
Muy pronto se adaptó al nuevo chasis de la categoría. El SF19 fabricado por Dallara provocó un cambio en la manera de gestionar los neumáticos con respecto a su antecesor. Y ahí, el catalán sacó provecho a su capacidad innata para brillar en una faceta donde otros pilotos no pudieron. O al menos, tardaron más que él en habituarse. Palou fue competitivo desde el principio, pilotando para la estructura Nakajima Racing con uno de sus monoplazas con motor Honda. Un equipo que por poco no había olvidado lo que era la gloria. Muchos años vagando por el dique seco hasta que la victoria de su piloto en Fuji les recordó lo que era el sabor del triunfo.
Álex Palou celebra su victoria en el circuito de Fuji el año pasado, subido al Dallara SF19 de la Super Formula. Foto: @AlexPalou
Esa victoria, que puede parecer fácil, no lo fue en absoluto. La Super Formula es una categoría complicada de por sí. La gran calidad de sus pilotos, sumado a las prestaciones de los coches y la implicación de Toyota y Honda, hacen que competir allí sea una auténtica escuela para futuros campeones, y también un campeonato objetivo para muchos de los que lo pueblan. No es una categoría de promoción sin más. Es posible hacer de ella la categoría donde un piloto pueda desarrollarse y quedarse. Es lo que parecía que iba a pasar con Álex Palou.
Pero a finales del año pasado, un anuncio sorprendió a propios y extraños. El piloto español fichaba por Dale Coyne Racing para competir en la IndyCar en 2020. Tras terminar tercero en su año de debut en el principal certamen nipón de monoplazas, cruzaría el Pacífico para ir a hacer las Américas. Palou había hecho un test en mitad de temporada con la estructura estadounidense, pero de ahí a terminar por irse con ellos había un trecho. Japón se había convertido en su hogar y en el equipo de Satoru Nakajima estaban encantados con él. Nada hacía esperar ese cambio de aires tan drástico.
Álex Palou durante su test con Dale Coyne Racing el año pasado. Foto: @AlexPalou
Junto a él, su equipo del Super GT pondrá rumbo a Estados Unidos. El legendario Team Goh acompañará a Palou para “fusionarse” con Dale Coyne Racing. Como hemos dicho, no es fácil hacer lo que hizo Palou el año pasado en la Super Formula. Mucho menos es hacerlo compaginándolo con el Super GT, el otro gran campeonato de carreras de coches del país asiático. Si bien es cierto que sus resultados al volante del McLaren 720S no fueron tan espectaculares, sus pinceladas de calidad no pasaron desapercibidas.
Álex Palou se enfrenta este año a un reto todavía mayor. El piloto español tratará de hacerse un hueco en un certamen que cuenta con una de las mejores parrillas del mundo. Su buen trabajo en Japón le ayudará, sin duda. La experiencia ganada en 2019 será un arma de la que podrá hacer uso para asaltar la IndyCar Series con garantías. Por lo pronto, su trabajo durante los entrenamientos de pretemporada ha sido destacable, marcando tiempos muy competitivos. También ha sumado sus primeros kilómetros de pruebas en circuitos ovales, realizando el test obligatorio para debutantes.
Álex Palou rodando con el Dallara – Honda DW12 de Dale Coyne Racing with Team Goh en el circuito de las Américas durante los entrenamientos de pretemporada. Foto: @AlexPalou
Los trazados urbanos, óvalos y ruteros que pueblan el campeonato le esperan, y sobretodo, las 500 Millas de Indianápolis. Con veintidós años a sus espaldas, lo tiene todo por delante. Tiene manos, sólo necesita hacer encajar las piezas para que todo el engranaje funcione. A poco que consiga hacer parte de lo que hizo el año pasado en la Super Formula, los resultados llegarán. Sabe lo que es llegar a una categoria desconocida y ser competitivo. Ojalá que la suerte le acompañe.
Las carreras de montaña tienen una magia que pocas competiciones muestran de una manera tan asombrosa. Quizás sea por el paisaje o por la lucha contra el cronómetro en carreteras reviradas, rozando a cada palmo la cuneta o el guardarraíl, que la emoción fluye rápidamente. Hasta hace muy poco, un piloto supo dominar esa magia, nacido hace casi sesenta y nueve años en la costa vasca. Andrés Vilariño, el mago de la montaña, domó como quiso estas carreras durante más de cuarenta años.
El experimentado competidor vasco colgó el casco hace un año y medio tras toda una vida desafiando a las leyes de la física en las carreras en cuesta. Habitual de las barquetas especializadas para esta competición, Vilariño es el mejor piloto español de la historia en este tipo de pruebas, habiendo cosechado cuatro Campeonatos de Europa de Montaña consecutivos, entre 1989 y 1992, y varios títulos nacionales, el último en 2015 a los 64 años.
Finalmente, la Subida a Sa Cala de 2018, en Ibiza, vio su canto de cisne con una nueva victoria, la última de todas. Pero hasta ese momento, muchos años de subidas de montaña pasaron. Desde sus inicios en 1979, cuando se alzó por primera vez Campeón de España, Andrés Vilariño ha ido amasando triunfos, uno tras otro, a la altura de los obtenidos por las grandes leyendas de la especialidad.
Andrés Vilariño al volante del Lola T298 en 1985. Foto: Repsol
Fue tras sus primeros años compitiendo en rallyes, especialmente en el certamen vasco-navarro, cuando probó suerte ascendiendo cuestas en el menor tiempo posible. Pronto se posicionó como uno de los favoritos a nivel nacional. Y aunque en estos años ha probado suerte en diferentes disciplinas, la montaña ha sido su fiel compañera, a la que ha dedicado su vida deportiva. Carreras de turismos o de resistencia han tenido el honor de ver competir a Vilariño. Incluso hizo un par de incursiones en las 24 Horas de Le Mans, en 1989 con el Porsche 962C de Brun Motorsport; y en 1994 con el Ferrari 348 GTC-LM inscrito por Repsol, junto a Tomás Saldaña y Alfonso de Orleans.
Entre estas dos participaciones en la mítica prueba francesa, se llevó sus cuatro títulos de Campeón de Europa de Montaña. Hasta su eclosión, el rey indiscutible de la montaña fue el italiano Mauro Nesti, pero en 1989, el piloto donostiarra se alzó campeón continental por primera vez. Vilariño abrió un período muy próspero para nuestro país en la categoría, junto a Iñaki Goiburu y Francisco Egozkue. El tridente vasco se llevó siete campeonatos en seis años, destacando 1991. Esa temporada, Goiburu se alzó campeón en la categoría reservada para turismos, mientras que Vilariño lo hizo en la de prototipos, consiguiendo un pleno español en el Campeonato de Europa de Montaña.
Andrés Vilariño preparado para tomar la salida. Foto: Vilariño Motorsport
El Lola T298 fue su inseparable acompañante de cuatro ruedas durante aquellas temporadas en las que dominó y logró escalar a las cumbres del automovilismo europeo. La Rampa da Falperra, Pécs o Rechberg fueron algunas de las montañas de nuestro continente donde pudo clavar su bandera. Pero también El Fito o Jaizkibel sucumbieron ante la pericia al volante de este mago de la velocidad. Después, el Norma M11 y el Osella PA9 tomaron el relevo al prototipo británico que tan buenos resultados le dio. Con sus nuevos compañeros también pudo saborear las mieles del éxito, cumbre tras cumbre.
Los años pasaron y nuevos genios llegaron para plantar cara a Andrés Vilariño. Durante mucho tiempo pudo compaginar las carreras en Europa con las válidas para el Campeonato de España de Montaña. Conforme fue sumando años, fueron otros los que fueron tomando su relevo. Sus hijos, Ander y Ángela siguieron sus pasos en las carreras en cuesta, y así continúan haciéndolo. Ahora son ellos los que desafían al cronómetro para conseguir el tiempo más rápido de ascensión.
Andrés Vilariño subiendo al Fito
Andrés Vilariño, el mago de la montaña. El piloto que consiguió domar los prototipos a su disposición para conquistar las carreras en cuesta europeas. El hombre que susurraba a las cumbres. Cincuenta años de carrera deportiva a sus espaldas y todavía sin alejarse mucho de la competición. Su equipo, Vilariño Motorsport, junto al circuito de karting de Olaberria, son el legado que deja para las generaciones futuras. Todavía queda Vilariño para largo.
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