Mercedes en el DTM: Una aventura que llega a su fin

Mercedes en el DTM: Una aventura que llega a su fin

Este fin de semana es muy especial para Mercedes. El fabricante alemán se despide del DTM (Deutsche Tourenwagen Masters), su principal campeonato durante muchos años, en el que han competido desde el principio. Allí han logrado grandes éxitos y hazañas que han pasado a la historia del automovilismo alemán, y han encumbrado a un sinfín de pilotos a lo más alto. Mercedes se va del Campeonato Alemán de Turismos con 9 campeonatos de constructores desde el año 2000, a los que hay que sumar los cuatro que consiguieron durante la primera era del certamen, y un total de 189 victorias. Nadie ha ganado más que ellos.

Durante todos estos años, han pasado por sus filas innumerables pilotos. Algunos consiguieron la gloria de sus carreras a bordo de un Mercedes en el DTM. Entre todos ellos figura Bernd Schneider, quien se convirtió en la leyenda de los turismos alemanes, ganando para Mercedes cuatro campeonatos de pilotos, más otro en la primera era. La relación Schneider-Mercedes se recuerda en el imaginario colectivo como una de las más exitosas de la historia del automovilismo, pues juntos lo ganaron todo. Klaus Ludwig en la primera era del campeonato, fue el primer piloto Mercedes en ganar el título, al que siguió el propio Schneider. Gary Paffet, Paul di Resta y Pascal Wehrlein tomaron el testigo en el renacido certamen, a partir del año 2000.

Mercedes E190 DTM de 1992

Bernd Schneider pilotando el Mercedes CLK-DTM en 2002

El circuito de Hockenheimring acoge las dos últimas carreras del DTM este año, el circuito donde todo llega a su fin, pero también el circuito donde todo empezó. En 1984, el piloto Jörg Leininger se inscribió en las dos carreras del fin de semana con un Mercedes 380 SLC. Los resultados no fueron nada del otro mundo, pero pudo terminar ambas carreras, las cuales fueron teloneras del Gran Premio de Alemania de Fórmula 1. 34 años después, Mercedes vuelve al circuito de Baden-Würtemberg en disposición de ganar el campeonato de pilotos y el de equipos, pues el de constructores ya lo aseguraron en la anterior carrera en Spielberg. Si Paul di Resta o Gary Paffet ganan el título, los de Stuttgart habrán ganado todo en su último año. Una despedida de ensueño.

El mejor escenario posible para la mejor despedida posible. En ella no sólo se han involucrado los organizadores del campeonato y los aficionados, también las otras dos marcas que compiten en el DTM. Audi y BMW han mostrado su respeto y deportividad a su rival con sendos mensajes de despedida en los motorhomes del paddock de Hockenheim. Rivales en la pista pero compañeros fuera de ella, y es que juntas, las marcas alemanas participantes han hecho del DTM el campeonato de turismos más espectacular del planeta.

 

Gracias Mercedes por hacernos disfrutar a los aficionados en cada carrera del DTM. Os deseamos toda la suerte del mundo y que logréis alcanzar vuestras metas en los objetivos que tengáis en adelante. Esperamos veros de vuelta. ¡Mucha suerte y hasta pronto!

 

Audi se despide de Mercedes con este mensaje en su motorhome en Hockenheim. Respeto al rival ante todo.

El renacimiento del automovilismo clásico

El renacimiento del automovilismo clásico

Corría la década de 1930 cuando el AIACR decidía poner orden a la multitud de carreras que se celebraban durante el año en Europa. Su objetivo era conformar un campeonato de pilotos continental que emulara y mejorara lo conseguido por el extinto Campeonato del Mundo de Fabricantes. En él, tomarían parte las grandes marcas automovilísticas del momento. Mercedes, Auto Union, Bugatti y Alfa Romeo se presentaban como los principales candidatos para llevar a los pilotos a la victoria.

Parrilla de salida del Gran Premio de Francia de 1934 en Linas-Montlhéry. En primera línea, el Auto Union Type A de Hans Stuck y el Alfa Romeo Tipo B P3 de Archille Varzi.

Nombres de la talla de Rudolf Caracciola, Tazio Nuvolari, Archille Varzi o Bernd Rosemeyer forjaron su leyenda en estos años. Las feroces batallas que celebraron sobre diferentes circuitos los engrandeció a la cumbre del automovilismo, igual que a sus marcas, auténticas protagonistas de esas luchas. Fue cuando nació la épica de las carreras, los duelos legendarios entre Mercedes y Auto Union, entre Mercedes y Alfa Romeo (corriendo como Scuderia Ferrari) o Bugatti. En definitiva, los duelos a cara de perro entre los fabricantes.

Hermann Lang pilotando el Mercedes W125 en 1937, una de las legendarias “Flechas de Plata”

 

 

 

 

Hoy en día podemos presumir de ser testigos de una nueva generación de duelos entre las marcas. Mercedes y Ferrari luchan en cada carrera por la gloria en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1. La máxima especialidad mundial de automovilismo, la heredera de aquellos campeonatos de la época de entreguerras, disfruta hoy día de la batalla entre dos de los principales fabricantes mundiales. Una especie de “revival” ochenta años después.

Los protagonistas son diferentes, pero la esencia es la misma: La conjunción del hombre y la máquina para ganar. Y aunque las formas han cambiado, como el propio deporte lo ha hecho a imagen de la sociedad, en el fondo, las cosas no son tan distintas. Toto Wolff, el máximo jefe de Mercedes, se presenta como un moderno Alfred Neubauer, que al igual que su antecesor en aquellos años políticamente tan convulsos, ha hecho del fabricante alemán un dominador de la categoría reina. Hasta que ha llegado una rejuvenecida Ferrari, que bajo la batuta de Maurizio Arrivabene, planta cara a las modernas “Flechas de Plata”.

En los últimos tres años, hemos ido viendo atisbos de que una gran batalla por la gloria del automovilismo mundial se iba gestando. En 2015 se vio con la reestructuración en Ferrari, culminada el año pasado plantando cara a Mercedes en los circuitos donde más cojeaba el ingenio de Stuttgart. Este año, los hombres de Maranello ya están a la misma altura de sus rivales alemanes, y por fin, después de tanto tiempo, 80 años que se dice pronto, podemos disfrutar de una guerra sin parangón.

Lewis Hamilton (Mercedes) y Sebastian Vettel (Ferrari) luchando en la salida del Gran Premio de Estados Unidos de 2017 en Austin

Esto no quiere decir que en otras categorías no hayan habido batallas legendarias entre fabricantes. Hay ejemplos y situaciones memorables en el Campeonato del Mundo de Resistencia o en el extinto mundial de Sport Prototipos. Y eso, sin salir de las principales categorías de automovilismo en circuito. Los campeonatos de turismos o GT son ejemplos de estas batallas. Porque haberlas, las ha habido y ninguna tiene nada que envidiar a cualquiera de las que hay en F1. Pero ninguna de estas categorías es la heredera histórica de aquellas carreras de Grand Prix como lo es la Fórmula 1. Y es por esto por lo que emociona tanto que esos tiempos en los que se forjó la leyenda del automovilismo vuelvan de nuevo.

Mercedes y Ferrari. Stuttgart y Maranello. Las “Silberpfeil” contra “Il Cavallino”. Una batalla que tiene todos los ingredientes para convertirse en legendaria. Y esto sin contar con Renault, un fabricante que siempre termina por meterse en la lucha y que poco a poco está recortando la distancia con los dos grandes. Sólo nos queda disfrutar.

No se trata sólo de un deporte.

No se trata sólo de un deporte.

Seguro que a veces alguno de vuestros amigos os ha soltado lo de: “no sé cómo os pueden gustar tanto las carreras, si son sólo coches dando vueltas al mismo sitio”. Estamos acostumbrados a escuchar esas palabras aunque no siempre podamos contestar rápidamente, y es que pensándolo bien nuestra respuesta no es fácil, no es rápida y no es racional. Son muchas las razones que nos llevan a seguir este, a veces incomprendido, deporte pero seguramente cada uno tendrá las suyas. Quizás sea un recuerdo lo que nos empujó: los domingos comiendo con tu abuelo con la fórmula 1 en la tele, ese día en el circuito con tu padre, incluso algún piloto brillante que hizo que en tu casa se vieran por primera vez “los coches”…

Fangio en el Maserati 250F

 Fangio en su Maserati 250F

Puede que lo que te ha traído a este puerto sea ver esas curvas con los coches al límite bailando como si de una coreografía se tratase; a Fangio, Lauda, Prost, Senna o Schumacher domando máquinas de una complejidad y ferocidad que escaparían de las manos de cualquier mortal; velocidades imposibles por caminos de tierra con las bestias del grupo B, con el público casi encima del coche; o puede que fueran las locas carreras del siempre imprevisible Rallycross. La tecnología, forzar los limites, buscar el récord, ir más allá de lo que puede ir tu rival hacen de este mundillo un lugar para pioneros, para valientes que no se conforman con conducir por un trazado sino que buscan ser mejores y más rápidos a cada curva que negocian.

Somos muchos los que nos pasamos noches sin dormir o hacemos auténticos malabares para no perdernos nada. Levantamos la cabeza mirando esas cumbres de la cordillera de las carreras y a los valientes que se arriesgan a escalarlas aún sabiendo que muy pocos llegan. Desde aquí seguiremos animando, vibrando y soñando porque según dicen, desde ahí arriba el cielo se puede acariciar con la yema de los dedos.