Breves apuntes sobre el Extreme E

Breves apuntes sobre el Extreme E

Este fin de semana dio comienzo un nuevo concepto de carreras, el Extreme E. Este campeonato aúna varias de las principales características que mejor están calando en la mente de los aficionados de este siglo, siendo un punto de encuentro entre el rallycross, los raids y las pruebas de velocidad, generando un producto visualmente interesante a la par que atractivo debido a los parajes en los que se desarrolla.

La utilización de coches de propulsión eléctrica sigue el camino establecido hace unos años por la Fórmula E, siendo sus organizadores los mismos que se encargan de dar vida al certamen mundial de monoplazas eléctricos. Esto significa un paso adelante para la competición con esta tecnología, que cada vez está copando más lugares en el panorama automovilístico internacional, siguiendo el camino trazado por las nuevas políticas medioambientales y el impulso de las marcas.

La presencia de pilotos del Campeonato de Mundo de Rallycross, representados en las figuras de los campeones mundiales Johan Kristoffersson, Mattias Ekström y Timmy Hansen, ha hecho que muchos vean en el Extreme E un nuevo formato cercano en su filosofía a las de las carreras sobre trazados mixtos de asfalto y tierra. Pero lo cierto es que no tienen nada que ver, salvo por las peleas cuerpo a cuerpo.

El coche de Molly Taylor y Johan Kristoffersson, ganador de la primera cita del Extreme E.

La larga longitud de los circuitos diseñados en esos parajes naturales y la ausencia de asfalto hacen que no podamos hablar de rallycross propiamente dicho, aunque esas batallas y el formato de eliminatorias, semifinales y gran final que se ha puesto sobre la tabla nos hagan recordarlo sumamente. Tampoco son carreras de raids, aunque compitiendo en el desierto las imágenes nos recuerden a la última edición del Rally Dakar. En la prueba reina de los rallyes todo terreno es el cronómetro el que dictamina al vencedor, no la posición en la que se llega a la meta.

Por lo tanto, no podemos hablar de rallycross, ni raids, sino de Extreme E. Es otro concepto que hasta ahora no se había materializado, aunque hayan habido tentativas e ideas en el pasado, y como tal debe de ser vendido para que tenga un futuro y una personalidad propia. El uso de coches de gran tamaño, extremadamente parecidos a los buggyes del Rally Dakar, pero denominados con las famosas siglas SUV, es la piedra angular de este proyecto.

Quedan varias citas todavía por delante, compitiendo en algunos parajes de gran belleza. Con una prueba celebrada, es pronto para juzgar si su implantación ha sido un éxito; pero sí podemos atisbar algunas líneas generales de por donde deberían ir los pasos en cuanto a su integración en el panorama automovilístico y la aceptación por parte de los aficionados, que son, en definitiva, para quienes va destinado este proyecto.

El Odissey 21 de Hispano Suiza, pilotado por Christine Giampaoli y Oliver Bennett.

De entrada, los problemas derivados de la visibilidad por el polvo levantado por los coches han provocado que las carreras se hayan decidido en las salidas. Poco más han podido hacer los pilotos en cuanto se han visto envueltos en esa nube de arena. Las diferencias provocadas han imposibilitado esas peleas cuerpo a cuerpo que se esperaba que fueran características del Extreme E. Está por ver qué sucederá cuando compitan en Senegal, Groenlandia, Brasil y Argentina, pero se debe encontrar una solución si los organizadores esperan esa emoción que ha faltado en la cita en el desierto arábigo.

Por otra parte, el formato de eliminatorias no se ha explicado de forma clara, aunque se han puesto todos los medios para ello. Es necesario que se haga cierta pedagogía para que todo aquel que se ponga frente a la pantalla para disfrutar del espectáculo sepa en todo momento quiénes pasan a las semifinales y en qué condiciones. Para un seguidor del rallycross puede ser fácil, pero la gran base de público también debe de venir de otras disciplinas donde este sistema no se usa, de ahí esta necesidad.

Podio del Desert X Prix, con Molly Taylor y Johan Kristoffersson en lo más alto, junto a Catie Munnings y Timmy Hansen por un lado y Cristina Gutiérrez y Sébastien Loeb por el otro.

En cualquier caso, el futuro del Extreme E pinta interesante, con parejas de pilotos masculino-femenino que han rendido a un gran nivel, especialmente algunas que no entraban, a priori, en el cartel de favoritos. La próxima cita en tierras africanas debe de ser el momento para probar cosas nuevas que solucionen los problemas de juventud vistos en Arabia Saudí. Quizás el uso de una Joker Lap podría ayudar a ver más variabilidad estratégica y solucionar en parte la falta de visibilidad a alta velocidad. La experiencia inicial ha sido satisfactoria, falta por terminar de pulir algunos detalles para que el campeonato goce de las virtudes que le proporciona la novedad.

Una sentida despedida

Una sentida despedida

El 14 de noviembre de 2020 y la carrera que se disputó en Bahréin ese día quedarán siempre en los libros de historia para aquellos que se interesen por el Campeonato Mundial de Resistencia. En esa cita del WEC, el campeonato despidió a sus más veloces hijos. Tras dieciséis temporadas de emoción y velocidad, su nave insignia dejará de surcar los más prestigiosos circuitos del globo: los LMP1 nos dicen adiós.

Cierto es que la categoría llevaba unas temporadas algo deslucida. Atrás quedan esos días en que las más grandes marcas se disputaban los trofeos en batallas que a veces parecían sacadas de una novela épica. Audi, Porsche, Peugeot y Toyota, entre otros, pusieron una vez a sus mejores ingenieros a trabajar en lo que serían auténticas obras maestras de la ingeniería. Bestias que desafiaban lo establecido para ser las más rápidas. Pero también para ser las más fiables.

La cantidad de soluciones tecnológicas que nacieron en estos LMP1 y han acabado en la calle es ingente. Desde sistemas de motorización híbrida a los faros laser entre otras. Han dejado huella incluso en los motores diésel, territorio con el que la competición no suele coquetear. Pero que se lo digan a Audi con su R10 TDI, por ejemplo, y a Peugeot, con el 908 HDi FAP.

Peugeot apostó por el motor diésel para vencer en 2009 en Le Mans con Marc Gené entre sus filas.

Hubo sitio para equipos menos potentes y conocidos, sin sistemas híbridos demasiado complicados y que confiaron en el viejo motor de combustión y su rugido para afrontar la recta de Mulsanne. Rebellion ha sido el último, pero también estuvieron nombres como Ginetta y Panoz entre otros. Todo el mundo hacía cola para ver hasta al más pequeño de los equipos. Eran los niños grandes y todos querían jugar con los mayores.

Ahora con carlinga, pero antes descubiertos. Más peligroso lo segundo, seguro. Pero qué recuerdos deben guardar los pilotos de la noche de Le Mans con el viento en su casco. ¿Existe mejor forma de pasar una noche de junio que a más de 300 km/h viviendo la carrera de resistencia por excelencia? La seguridad se impuso después, y con las cabinas cerradas llegaron los pilotos de caza. Esos hombres que se aventuran a combatir y competir con la poca visión que ofrecen esos minúsculos cristales. Navegando entre el tráfico de las categorías inferiores, que deben apartarse ante el estruendo y velocidad de la máxima categoría.

Cuentan que la sensación de ir a cielo abierto en una de estas máquinas era mágica.

Bajo el reglamento de Le Mans Prototype 1, el ACO y la FIA formaron una suerte de grupo selecto. Superhéroes de las carreras que en algunas ocasiones plantaron cara en rendimiento y desempeño a la intocable Fórmula 1. Sin tanto ruido, pero con las mismas nueces seguramente. Capaces de darlo todo durante decenas de horas y miles de kilómetros para acabar bañados en el champán y el confeti de los mejores podios del mundo. Sucios, desgatados y con heridas de guerra incluidas, pero escribiendo los nombres de los que conseguían domarlos en los libros de historia.

Nombres que ahora recordamos como los de los protagonistas de historias heroicas. Tom Kristensen, Romain Dumas, Fernando Alonso o Marc Gené entre otros privilegiados pudieron dejar su firma en la categoría tras el volante de un LMP1. Nombres que al ser preguntados todos recuerdan con infinito respeto y admiración esos coches que los llevaron a velocidades impensables hacia la cumbre de la resistencia.

Los LMP1 actuales se asemejaban más a aviones de caza o naves espaciales que a coches de competición. © Sergi Merino Navarro (elacelerador.com).

El año 2020 ha servido para bajar el telón a la categoría. Toyota y Rebellion fueron los últimos valientes, que como en un grupo de amigos han ido perdiendo a sus integrantes con el paso del tiempo. La mayoría para descansar en museos. Algunos para desplegar todo su potencial y batir récords más allá de las reglamentaciones del campeonato. Pero sobre todo para disfrutar de un merecido descanso. Como si de la jubilación se tratara.

El momento del reposo ha llegado. Tras una vida de competición, batallas, triunfos y derrotas, los LMP1 pasarán a contar sus hazañas a los más jóvenes que se acerquen a verles en todo su esplendor. Para ellos ha llegado la hora de que los recién llegados Le Mans Hypercar y LMDh escriban sus propias historias e intenten batir a sus ancestros. En su descanso seguirán recordando y recordándonos con una media sonrisa que un día fueron los más rápidos. Y que, incluso tras su retiro, podrían sacar los colores a más de uno de los nuevos.

Porsche despidió al 919 con su versión EVO para desplegar todo el potencial del coche, sin tener que ceñirse a ninguna norma, y batir todos los récords.

Foto de portada: © Sergi Merino Navarro (elacelerador.com).

Aquellos maravillosos GT1

Aquellos maravillosos GT1

Hubo un tiempo en el que el mayor campeonato internacional de GT contaba con las máquinas más poderosas que nunca se habían construido. Las bestias más salvajes que los fabricantes se atrevieron a desarrollar. Eran los GT1, los más potentes Gran Turismo que ha visto la historia, con sus brutales motores y espectaculares carrocerías. Tuvieron el estatus de Campeonato del Mundo de la FIA y atronaron con su exquisito sonido algunos de los circuitos de carreras más impresionates del planeta.

Corría el año 2009 cuando la Federación Internacional de Automovilismo y SRO se lanzaron a crear el Campeonato del Mundo de GT1, subiendo al máximo escalafón al exitoso FIA GT Series. Para ello, separó las categorías GT1 y GT2, creando dos escalones y añadiendo el Campeonato de Europa de GT3 como certamen telonero en las citas por el Viejo Continente. Sería en 2010 cuando diera la luz con seis fabricantes confirmados: Maserati, Ford, Aston Martin, Nissan, Lamborghini y Chevrolet.

Aunque hubo varios problemas en el calendario acerca de algunas de sus fechas y circuitos disponibles, finalmente se dio el pistoletazo de salida en Abu Dhabi. La pista de Yas Marina sirvió como gran anfitrión de la primera carrera del mundial de GT1. Para ello, se establecieron dos mangas de una hora de duración por fin de semana, una primera de calificación y una segunda de cara al campeonato, aunque ambas daban puntos para la general.

Ford GT1.

Los escenarios resultaban cuanto menos escalofriantes. A los míticos y reconocidos circuitos de Spa-Francorchamps, Nürburgring o Silverstone, se sumaron Navarra, Portimao, Brno o Potrero de los Funes, un sinuoso trazado rutero que, como las antiguas pistas que se formaban uniendo las carreteras entre varios pueblos, seguía las formas de un lago rodeado de rápidas vías asfaltadas, incluyendo unas reviradas horquillas al más puro estilo de un puerto de montaña.

Era allí, en aquellos parajes, algunos con una larga historia automovilística detrás y otros de nuevo cuño, donde los GT1 brillaban con todo su esplendor. No era necesario nada más, la máquina y la pista. Y los geniales pilotos que les sacaban todo el jugo a sus increíbles monturas de potencia desbocada. Caballos y más caballos daban vida a los enormes motores, algunos V12, que portaban a la espalda, generando sensaciones de otro tiempo.

Aston Martin DBR9 GT1.

La premisa era sencilla. Los coches debían sacar todas sus prestaciones en carreras al sprint, dando todo su poderío en una lucha sin cuartel de alta intensidad. El resultado no podía ser otro: espectáculo. Con unas formas aerodinámicas bien labradas, los GT1 eran auténticos prototipos de competición que nada tenían que envidiar a otros coches contemporáneos de otras especies. Los grandes propulsores se encargaban de dar la puntilla con sonidos de antaño que destrozaban los tímpanos de los presentes.

Pero la idea no terminó de cuajar. Aquellos sensacionales coches de carreras eran muy caros y costosos de mantener. Además, la FIA obligaba a fabricar un número mínimo de unidades homologables para su matriculación y uso en la vía pública. Así que algunos fabricantes empezaron a echarse atrás. No les salía rentable el desarrollo para la exposición mediática que tenían. Y tampoco a los equipos. Recorrer largas distancias hacia continentes lejanos aumentaba los gastos de una manera que muy pocos se podían permitir.

Maserati MC12 GT1, el más espectacular de todos.

Y así, sin decir adiós, se marcharon. Los GT1 fueron reemplazados progresivamente por los GT3 y perdieron el estatus de Campeonato del Mundo. Su música desapareció y los aficionados nos quedamos huérfanos de su presencia. Porque por un tiempo pudimos soñar despiertos con esos ingenios que surcaban el asfalto a alta velocidad, convirtiendo el tiempo en un suspiro y las carreras en magia.

David Vidales asombra al mundo

David Vidales asombra al mundo

El salto del karting a los monoplazas es un paso obligado para todo piloto que quiera aspirar a llegar algún día a la Fórmula 1. Pero no es nada sencillo. Los karts son pequeños vehículos que pesan muy poco y tienen una potencia reducida; mientras que los monoplazas cuentan con mayor tamaño y masa, y con unos motores capaces de dar potencias enormes. Comparativamente, no tienen nada que ver. Por ello, cuando un piloto da el paso y consigue resultados destacados en su primera carrera en fórmulas, todo el mundo levanta una ceja.

Eso es, precisamente, lo que ha hecho este fin de semana pasado David Vidales. El leonés dio un golpe sobre la mesa para adjudicarse la Pole Position y la victoria en las dos pruebas de la Fórmula Renault Eurocup disputadas en el circuito italiano de Imola. Eran sus primeras carreras en monoplazas, tras pasar muchos años ganando al volante de un kart. Llegó, vio y venció. Y mucha gente se pregunta de dónde ha salido este joven que parece tener una facilidad innata para cambiar de montura con una facilidad pasmosa.

David Vidales nació el 1 de mayo del 2002 en León y desde pequeño mostró aptitudes para el automovilismo. Su carrera comenzó en el karting, donde conquistó en 2013 el Campeonato de España en categoría cadete. Ese año participó también en los prestigiosos Trofeo Andrea Margutti y Trofeo de la Industria, en el que acabó en sexta posición de la clase 60 Mini. En 2014 repitió título y categoría en el certamen español, y sumó experiencia en varias carreras internacionales.

David Vidales al volante del kart con los colores de Tony Kart.

Con un programa similar en 2015, alcanzó el tercer puesto final en la categoría KF Junior tanto en el Trofeo Andrea Margutti como en el Trofeo de la Industria. Al año siguiente, fichó por el equipo Tony Kart, una de las estructuras más prestigiosas del karting a nivel mundial, como piloto oficial. Junto a ellos, se proclamó subcampeón del Campeonato del Mundo Junior de Karting y logró la tercera posición en la final de las series internacionales WSK. Compitió también en el Campeonato Alemán de Karting con el equipo KSM Schumacher, estructura controlada por el expiloto de Fórmula 1 Ralf Schumacher.

En 2017, se proclamó Subcampeón del Mundo de Karting y terminó tercero en las WSK. Su nombre comenzó a sonar fuerte fuera de los círculos del mundo del kart y poco a poco empezó a aparecer en las quinielas como piloto con un futuro prometedor en monoplazas. De cara a la siguiente temporada, mantuvo sus programas en el mundial y también en el europeo, entrando a formar parte del programa de pilotos impulsado por Fernando Alonso.

Sin embargo, su salto a los monoplazas se pospuso un año, repitiendo éxitos y grandes actuaciones en el karting. En 2019, terminó segundo de la categoría KZ2 en la Super Copa Internacional de Karting y fue sexto en el Campeonato de Europa, también en KZ2. Su vinculación con Tony Kart le permitió convertirse en piloto profesional de karting en aquellos años, escribiendo con letras de oro, a base de triunfos, la historia del equipo. A su vez, uno de los principales impulsores del equipo Campos Racing, Monaco Increase Mangement, lo fichó para su cartera de pilotos, que también incluye los nombres de Pascal Wehrlein y Álex Palou.

David Vidales lidera el pelotón en una carrera del mundial de karting.

Realizó varias jornadas de test al volante de monoplazas, con los equipos Drivex, AVF y Campos, pero sin llegar a competir. Con la vista puesta en este año, fue anunciado como piloto de US Racing, equipo gestionado por Ralf Schumacher, para disputar con ellos la Fórmula Regional europea; antes de que la oportunidad en la Fórmula Renault Eurocup se hiciera realidad y le brindara la ocasión de consechar los éxitos de este fin de semana.

JD Motorsport le ha brindado la oportunidad de realizar el tan ansiado paso adelante desde el karting. Este fin de semana pasado, David Vidales debutó en monoplazas y consiguió lo que muy pocos logran en su primera vez al volante de estos coches. Domarlos no es nada sencillo, pero Vidales ha sabido sacar todas las prestaciones del Tatuus T-318 y su motor Renault para lograr la Pole Position y las dos victorias en la pista de Imola. Y todo esto, ante rivales con más experiencia que él, tanto en monoplazas como en la propia categoría.

David Vidales al volante del Tatuus T-318 del equipo JD Motorsport, en Imola.

En principio, su siguiente cita con las carreras debería ser el próximo fin de semana en Misano, donde se celebrará la primera fecha del Campeonato de Europa de Fórmula Regional. Pero lo cierto es que todo apunta a que no será así y que David Vidales deberá esperar hasta la primera semana de septiembre, cuando la Fórmula Renault Eurocup continúe con su calendario en el circuito de Nürburgring. Sea como sea finalmente, seguro que vuelve a asombrar al mundo.

El DTM en la encrucijada

El DTM en la encrucijada

Cuando Mercedes anunció su salida del Máster Alemán de Turismos al término de la temporada 2018, ciertas personalidades del automovilismo alertaron de las consecuencias a largo plazo que la decisión de la marca de Stuttgart podría tener en el futuro del campeonato. Pero, sobretodo, trataron de ver por qué el fabricante abandonaba un certamen que era su casa. Había muchas incógnitas y pocas respuestas. Los cambios en el sector del automóvil, la electrificación, la nueva reglamentación Class One y otras razones se pusieron sobre la mesa.

Durante años, varios campeonatos compitieron sin mirarse el uno al otro, a pesar de tener ciertas similitudes. Un buen día, en algún despacho a alguien se le encendió la bombilla y comprobó lo beneficioso que sería que el DTM, el Super GT o la categoría de GT del IMSA compartieran un mismo reglamento para, en un futuro, oficializar un gran certamen a nivel mundial. O al menos, que coches de tres continentes diferentes pudieran batirse en duelo en las mismas carreras. La idea no era mala, de hecho, es el sueño de cualquier apasionado del motor. Pero no era tarea sencilla.

Se puso sobre la mesa, se concertaron reuniones y se acordaron las bases sobre las que trabajar. Sin embargo, el tiempo pasaba y únicamente el DTM había dado el visto bueno a transformar sus potentes turismos en bestias vitaminadas bajo la nueva normativa Class One. El Super GT también dio el paso, pero no así el IMSA. Se hicieron los remolones y finalmente, únicamente los alemanes y los japoneses se pusieron de acuerdo para construir coches bajo la misma especificación técnica.

La cuenta atrás para el semáforo que dicte el futuro del DTM ha empezado a descontar

Entre tanto, el mundo del motor se vio envuelto en una serie de cambios provocados por los vaivenes de la industria y los mercados. La progresiva electrificación de las marcas dio pasos de gigante cuando el escándalo de las emisiones del grupo Volkswagen salió a la luz. Casualmente, lo hizo poco después de la lucha de poder que se vivió dentro de la empresa alemana en la que Ferdinand Piëch y sus acólitos tuvieron que dejar paso a Martin Winterkorn en su ascenso al poder dentro de la compañía. En pocos meses, la empresa matriz de Audi, Porsche, Seat y tantas otras marcas, cambió varias veces su punto de vista respecto a la competición.

De un “rotundo no” a la Fórmula 1 se pasó a un “es posible”. Y de ahí, conforme la información sobre las emisiones se transformaba en escándalo a nivel mundial, al giro total para focalizarse en los coches eléctricos. Había que limpiar la imagen y sólo se les ocurrió centrar sus esfuerzos en competiciones eléctricas. El Campeonato del Mundo de Resistencia, a pesar de la hibridación, dejaba de tener cabida en su nueva estrategia en el deporte de motor. Obviamente, la Fórmula 1 volvía a ser algo inconcebible. Era cuestión de tiempo que el DTM recibiera con amargura el adiós de una de sus marcas míticas.

Pero, ¿por qué ahora? Mercedes se ahorró construir coches Class One en el certamen alemán al decidir marcharse. Quizás hubiera sido un buen momento para Audi, aprovechando la coyuntura. Claro, que eso habría herido de muerte al campeonato. El fabricante de Ingolstadt se centrará, una vez termine este año, en la Fórmula E y en otros campeonatos “verdes”. En poco tiempo, abandona, no sólo el DTM, sino también el Campeonato del Mundo de Rallycross, donde tenía una de las mejores máquinas; la Copa del Mundo de Turismos (WTCR) y reduce sustancialmente el apoyo a equipos privados y semioficiales en el ámbito de los GT. Es su decisión, como lo fue en su día de Mercedes.

Salvo un anuncio que remate al certamen, BMW se quedará como única marca en el DTM más allá de 2020

Ante este panorama, únicamente queda BMW como baluarte del campeonato. Una única marca que ya veremos si no toma el mismo camino que sus compatriotas. ¿De qué les sirve competir contra ellos mismos? La entrada de Aston Martin, bajo la estructura R-Motorsport y el apoyo inicial de HWA, no cuajó. Quizás fue un aviso de lo que podía pasar en pocos meses. Por otra parte, la situación con las marcas japonesas se torna complicada. Les venía muy bien pelear contra las europeas, pero si no van a estar, ¿les sale a cuenta todo el cambio reglamentario, con los costes que ha conllevado y conlleva, para quedarse como estaban? Otra pregunta más sin resolver. En resumidas cuentas, ¿quién invertiría en un certamen con tantas incógnitas? La situación es verdaderamente difícil y la solución no es nada sencilla.

Existen tres posibles alternativas que ITR, la empresa organizadora del DTM, con Gerhard Berger a la cabeza, podría escoger. La primera es adoptar un reglamento estrictamente de turismos y volver a los orígenes. Sea con el TCR, el cual ha demostrado ser un éxito; o con uno propio. Claro que eso eliminaría el carácter especial del campeonato para convertirse en un certamen nacional de turismos más. La segunda opción es dar un paso adelante y fusionarse con el GT Masters, o llegar a algún acuerdo con el certamen alemán de GT. Por último, se abre la posibilidad de ascender de categoría al recién creado DTM Trophy, la nueva categoría soporte del campeonato con coches GT, con buen recibimiento por parte de las marcas.

Negros nubarrones se atisban en el horizonte del DTM

Ciertamente, el DTM se encuentra en una encrucijada. En su día ya vivió una que terminó por finiquitar el campeonato para volver a renacer de sus cenizas. Entonces fue el aumento de los costes lo que condenó al certamen. Pero ahora, no es tanto una cuestión explícitamente moneraria, sino un problema de incertidumbre. No se sabe qué va a pasar. No se conoce hacia dónde va a ir el mercado automovilístico. Ni por qué el campeonato alemán sufre tanto con todo ello. Lo primero que deben hacer sus responsables es resolver estas incógnitas. Mientras tanto, cada vez quedará menos tiempo para que el Máster Alemán de Turismos recupere el lugar que nunca debió perder.

El último Corvette desgarrador

El último Corvette desgarrador

Con el estreno de los Chevrolet Corvette C8.R desaparece, poco a poco, el sonido bronco y desgarrador tan característico de los coches de competición de la marca norteamericana. El nuevo modelo sustituye al C7.R, el buque insignia del fabricante de Detroit desde 2014 en las carreras de GT y resistencia. Los tiempos cambian y las ideas de los ingenieros para construir vehículos más rápidos y eficientes hacen que el progreso se abra camino, desechando lo que antes era normativo.

Pero para los nostálgicos todavía quedará un remanso de ruido de tos seca. La voz emanada de un pecho tras muchos años fumando tabaco. El Corvette C7.R seguirá atronando los circuitos en algunos campeonatos regionales. Allí seguirá mostrando la verdad de su potencial. Y al menos, tanto en las series de la NASCAR como del NHRA, los Camaro continuarán atronanando al público con sus graves notas musicales. Sin embargo, tanto en el Campeonato del Mundo de Resistencia, como en el Campeonato de Sportscar del IMSA estadounidense, la voz del nuevo Corvette pasa a ser la de un atlético y sano deportista de élite. Se acabó el fumar.

La cultura automovilística en Estados Unidos ha marcado durante años la construcción de los coches de carreras que han participado en múltiples y diversos campeonatos. A la afición local le gusta el ruido. Y cuanto más bronco, mejor. Se podría decir que la receta para construir un automóvil al gusto del aficionado a las carreras norteamericanas se basa en dos premisas: Grande y ruidoso. Y que corra, por supuesto, pero que tenga un motor los más voluminoso y sonoro posible. Durante años, esta suerte de creencia ha sido así. Pero de un tiempo a esta parte, los gustos están cambiando y las nuevas generaciones aprecian otro tipo de cosas.

Un Chevrolet Corvette C7.R compitiendo en las 24 horas de Le Mans

La eficiencia aerodinámica, entendida como un hermoso truco para conseguir que un coche consuma menos combustible, se atisba como un reclamo para los aficionados más jóvenes. Concienciados con el cambio climático, buscan que su tan querida pasión por las carreras no choque de bruces con sus planteamientos en pos del futuro del planeta. O al menos, que choque lo menos posible. Así pues, las marcas estadounidenses han visto el saliente donde meter la cuña de algunos planteamientos un tanto distintos a los habituales.

Motores más pequeños y silenciosos, posiciones diferentes de montaje de los trenes de potencia o posición de los escapes lo más eficiente posible. Todo esto puede sonar extraño, pero es hacia lo que va la industria del automóvil, y como consecuencia, la industria de las carreras. Y en Estados Unidos, a pesar de todo, también. Prueba de ello es el nuevo C8.R, equipando el motor en posición central, lo que afecta de manera notoria al sonido que sale por sus escapes. Esa nueva melodía es más aguda, más suave y menos personal. Es un Corvette, sí; pero no tanto. Acostumbrados a su característica música, este coche se asemeja menos a lo que asociamos con su apellido.

Dos ejemplares del Chevrolet Corvette C7.R de la estructura oficial Corvette Racing

Así pues, con todo esto, ¿qué nos queda? Únicamente, el dar una majestuosa despedida al último Corvette desgarrador. El C7.R será recordado por ello, por ser el que puso punto y final a una saga de coches de competición reconocibles en la distancia por su sonido característico. El último en ponerte la carne de gallina antes de verlo. Lo escuchas y sabes que se está acercando. Y antes de que lo tengas delante, un escalofrío te recorre la espina dorsal. Cuando aparece ante tus ojos, sientes que su chasis amarillo es lo más bello que has visto nunca. Se aleja y notas la pérdida, anhelando volver a sentir lo mismo en la próxima vuelta.

El Chevrolet Corvette C7.R es un verdadero monstruo de carreras. Sustituyó al casi eterno C6.R, emblema de la marca de la cruz dorada durante casi diez años, logrando desde 2014 resultados destacados, tanto en Estados Unidos como en Europa. De la mano de pilotos como Tommy Milner, Oliver Gavin, Antonio García, Jan Magnussen, Marcel Fässler o Mike Rockenfeller, además de otros que han ido subiendo y bajando del asiento, ha conseguido triunfar en el Campeonato de Sportscar del IMSA, incluyendo victorias en circuitos como Sebring, Daytona o Long Beach; además de la victoria en la categoría GTE Pro en las 24 Horas de Le Mans de 2015 y un par de podios más en 2014 y 2017.

Un Chevrolet Corvette C7.R se aleja levantando agua de lluvia tras atronar al público con su sonido desgarrador

Su historial es para enmarcar. Los resultados han estado ahí y deja el listón alto para su sucesor, el C8.R. Pero lo que de verdad es de exposición es su motor. Esa bestialidad de propulsor capaz de hacerte temblar en la distancia. Un orfeón entonando notas cabreadas al compás de las revoluciones de un V8 atmosférico de 5,5 litros montado en la parte delantera del coche. Un sinfín de acordes que desde esa posición se despiden para siempre. Ha sido un placer. ¡Qué hermoso placer!