Los últimos de 2001

Los últimos de 2001

Era el 4 de marzo de 2001 el día que cuatro pilotos se presentaban por primera vez en la parrilla de salida de un Gran Premio de Fórmula 1. Kimi Räikkönen, Juan Pablo Montoya, Fernando Alonso y Enrique Bernoldi se dieron cita en Melbourne, Australia, para demostrar al mundo que no iban a desaprovechar la oportunidad de sus vidas. De ellos, sólo dos tocaron la gloria. 17 años después, sólo ellos dos quedan de aquella parrilla bañada por el sonido de los V10 atmosféricos. Porque Kimi Räikkönen y Fernando Alonso son “Los últimos de 2001”.

El Gran Premio de Abu Dhabi va a ser la carrera que despida a uno de ellos de la Fórmula 1 y dé un cambio de aires al otro. El asturiano Alonso deja la categoría donde lo ha conseguido todo, donde ha sido el más grande. El piloto que batió y destronó a la leyenda Michael Schumacher se va, y deja tras de sí una estela llena de imágenes para el recuerdo. Por contra, el finlandés Räikkönen no se va, pero cambiará de equipo para volver a sus orígenes, a la casa que le dio su primera oportunidad en aquel lejano 2001. También va a dejar huella en su actual morada, esa que en 2007 le llevó a la mayor conquista de su carrera.

La quinta del 2001 a punto para su debut en Australia. De izquierda de derecha: Kimi Räikkönen, Juan Pablo Montoya, Fernando Alonso y Enrique Bernoldi

Las carreras de ambos han corrido casi paralelas durante todos estos años. Los primeros espadas de una nueva generación de pilotos que tomó el relevo de los Schumacher, Häkkinen, Irvine y compañía. Y lo hicieron de la mejor forma posible, que es ganando. Cuando ambos tuvieron coches aptos para la lucha, lo hicieron, batallando por el campeonato a cara de perro en 2005, 2006 y 2007. Qué años y qué carreras nos regalaron este par de fueras de serie.

Cada uno con su carácter y su estilo de pilotaje han sabido hacernos levantar del sofá con maniobras arriesgadas que desafiaban las leyes de la física. Imposible olvidar aquel adelantamiento de Kimi a Fisichella en la primera curva de Suzuka, justo en la última vuelta, para culminar una remontada que le llevó del 17º puesto a la victoria. O cómo olvidar aquella carrera en el Hungaroring y la danza bajo la lluvia de Fernando, sacándose coches de encima como quien se aparta un pelo de la frente. Antes hubo unas primeras pinceladas de lo que eran capaces de hacer, pero es que después aún nos han dejado muchas más.

Kimi Räikkönen en 2002 y Fernando Alonso en 2004, durante el Gran Premio de Estados Unidos en Indianápolis

Después de tantos años de rivalidad en la pista, sus caminos de juntaron en 2014 dentro del equipo Ferrari. Sólo duró un año, pero fue bonito ver a estos dos animales de las carreras juntos en el mismo garaje. La pena, entonces y ahora, es que no hayan podido ganar más. Las circunstancias han sido las que han sido, pero la sensación es que su palmarés se queda corto para describir su paso por el Campeonato del Mundo de Fórmula 1. Cuando el domingo termine la carrera en Yas Marina, tendrán 3 campeonatos entre los dos, lo cual puede parecer poco, y puede serlo, pero no va de números la cosa. Va de sensaciones. De sentimiento.

Porque si una cosa han tenido Kim Räikkönen y Fernando Alonso todos estos años ha sido carisma y actitud tanto dentro como fuera de la pista. Nos han hecho cabrear, nos han hecho reir, nos han hecho gritar, nos han hecho llorar, nos han hecho aplaudir. Nos han hecho vivir las carreras. Vivirlas con emoción hasta el final, con el corazón a 180 revoluciones por minuto.

Una de sus últimas batallas en el Gran Premio de Canadá de 2018

El Gran Premio en los Emiratos Árabes Unidos va a marcar un cambio de ciclo. Ya hace algunos años que no son la voz cantante en la Fórmula 1, que ya llegaron otros pilotos que les tomaron el relevo, como antes hicieron ellos. Pero es que ya llega otra generación que está tomando el relevo. La rueda de la Fórmula 1 sigue girando como la vida misma y “Los últimos de 2001” son el útimo vestigio de su quinta. Los únicos que pueden contar a los Verstappen, Ocon, Leclerc y compañía que se sentía al domar un monoplaza del gran circo con un V10 a la espalda.

A nosotros sólo nos queda dar las gracias y disfrutar de la última carrera de F1 que compartirán Kimi Räikkönen y Fernando Alonso. La última oportunidad en la que ambos podrán luchar de tú a tú en la pista. Después sólo nos quedará uno. Primero fueron cuatro. Con la marcha de Bernoldi quedaron tres. Juan Pablo Montoya, otro animal de las carreras tan capaz como Alonso y Räikkönen, los abandonó en 2006, aunque con alguna cuenta pendiente que bien podría resolverse el año que viene. Porque los viejos rockeros nunca mueren. Dentro o fuera de la Fórmula 1 van a seguir dando guerra y dándonos una respuesta a la pregunta de por qué nos gustan las carreras.

Los últimos de 2001 en el podio del Gran Premio de Australia de 2013. Ambos coparon los dos primeros puestos del podio

Mercedes en el DTM: Una aventura que llega a su fin

Mercedes en el DTM: Una aventura que llega a su fin

Este fin de semana es muy especial para Mercedes. El fabricante alemán se despide del DTM (Deutsche Tourenwagen Masters), su principal campeonato durante muchos años, en el que han competido desde el principio. Allí han logrado grandes éxitos y hazañas que han pasado a la historia del automovilismo alemán, y han encumbrado a un sinfín de pilotos a lo más alto. Mercedes se va del Campeonato Alemán de Turismos con 9 campeonatos de constructores desde el año 2000, a los que hay que sumar los cuatro que consiguieron durante la primera era del certamen, y un total de 189 victorias. Nadie ha ganado más que ellos.

Durante todos estos años, han pasado por sus filas innumerables pilotos. Algunos consiguieron la gloria de sus carreras a bordo de un Mercedes en el DTM. Entre todos ellos figura Bernd Schneider, quien se convirtió en la leyenda de los turismos alemanes, ganando para Mercedes cuatro campeonatos de pilotos, más otro en la primera era. La relación Schneider-Mercedes se recuerda en el imaginario colectivo como una de las más exitosas de la historia del automovilismo, pues juntos lo ganaron todo. Klaus Ludwig en la primera era del campeonato, fue el primer piloto Mercedes en ganar el título, al que siguió el propio Schneider. Gary Paffet, Paul di Resta y Pascal Wehrlein tomaron el testigo en el renacido certamen, a partir del año 2000.

Mercedes E190 DTM de 1992

Bernd Schneider pilotando el Mercedes CLK-DTM en 2002

El circuito de Hockenheimring acoge las dos últimas carreras del DTM este año, el circuito donde todo llega a su fin, pero también el circuito donde todo empezó. En 1984, el piloto Jörg Leininger se inscribió en las dos carreras del fin de semana con un Mercedes 380 SLC. Los resultados no fueron nada del otro mundo, pero pudo terminar ambas carreras, las cuales fueron teloneras del Gran Premio de Alemania de Fórmula 1. 34 años después, Mercedes vuelve al circuito de Baden-Würtemberg en disposición de ganar el campeonato de pilotos y el de equipos, pues el de constructores ya lo aseguraron en la anterior carrera en Spielberg. Si Paul di Resta o Gary Paffet ganan el título, los de Stuttgart habrán ganado todo en su último año. Una despedida de ensueño.

El mejor escenario posible para la mejor despedida posible. En ella no sólo se han involucrado los organizadores del campeonato y los aficionados, también las otras dos marcas que compiten en el DTM. Audi y BMW han mostrado su respeto y deportividad a su rival con sendos mensajes de despedida en los motorhomes del paddock de Hockenheim. Rivales en la pista pero compañeros fuera de ella, y es que juntas, las marcas alemanas participantes han hecho del DTM el campeonato de turismos más espectacular del planeta.

 

Gracias Mercedes por hacernos disfrutar a los aficionados en cada carrera del DTM. Os deseamos toda la suerte del mundo y que logréis alcanzar vuestras metas en los objetivos que tengáis en adelante. Esperamos veros de vuelta. ¡Mucha suerte y hasta pronto!

 

Audi se despide de Mercedes con este mensaje en su motorhome en Hockenheim. Respeto al rival ante todo.

El renacimiento del automovilismo clásico

El renacimiento del automovilismo clásico

Corría la década de 1930 cuando el AIACR decidía poner orden a la multitud de carreras que se celebraban durante el año en Europa. Su objetivo era conformar un campeonato de pilotos continental que emulara y mejorara lo conseguido por el extinto Campeonato del Mundo de Fabricantes. En él, tomarían parte las grandes marcas automovilísticas del momento. Mercedes, Auto Union, Bugatti y Alfa Romeo se presentaban como los principales candidatos para llevar a los pilotos a la victoria.

Nombres de la talla de Rudolf Caracciola, Tazio Nuvolari, Archille Varzi o Bernd Rosemeyer forjaron su leyenda en estos años. Las feroces batallas que celebraron sobre diferentes circuitos los engrandeció a la cumbre del automovilismo, igual que a sus marcas, auténticas protagonistas de esas luchas. Fue cuando nació la épica de las carreras, los duelos legendarios entre Mercedes y Auto Union, entre Mercedes y Alfa Romeo (corriendo como Scuderia Ferrari) o Bugatti. En definitiva, los duelos a cara de perro entre los fabricantes.

Parrilla de salida del Gran Premio de Francia de 1934 en Linas-Montlhéry. En primera línea, el Auto Union Type A de Hans Stuck y el Alfa Romeo Tipo B P3 de Archille Varzi.

Hoy en día podemos presumir de ser testigos de una nueva generación de duelos entre las marcas. Mercedes y Ferrari luchan en cada carrera por la gloria en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1. La máxima especialidad mundial de automovilismo, la heredera de aquellos campeonatos de la época de entreguerras, disfruta hoy día de la batalla entre dos de los principales fabricantes mundiales. Una especie de “revival” ochenta años después.

Los protagonistas son diferentes, pero la esencia es la misma: La conjunción del hombre y la máquina para ganar. Y aunque las formas han cambiado, como el propio deporte lo ha hecho a imagen de la sociedad, en el fondo, las cosas no son tan distintas. Toto Wolff, el máximo jefe de Mercedes, se presenta como un moderno Alfred Neubauer, que al igual que su antecesor en aquellos años políticamente tan convulsos, ha hecho del fabricante alemán un dominador de la categoría reina. Hasta que ha llegado una rejuvenecida Ferrari, que bajo la batuta de Maurizio Arrivabene, planta cara a las modernas “Flechas de Plata”.

Hermann Lang pilotando el Mercedes W125 en 1937, una de las legendarias “Flechas de Plata”

En los últimos tres años, hemos ido viendo atisbos de que una gran batalla por la gloria del automovilismo mundial se iba gestando. En 2015 se vio con la reestructuración en Ferrari, culminada el año pasado plantando cara a Mercedes en los circuitos donde más cojeaba el ingenio de Stuttgart. Este año, los hombres de Maranello ya están a la misma altura de sus rivales alemanes, y por fin, después de tanto tiempo, 80 años que se dice pronto, podemos disfrutar de una guerra sin parangón.

Esto no quiere decir que en otras categorías no hayan habido batallas legendarias entre fabricantes. Hay ejemplos y situaciones memorables en el Campeonato del Mundo de Resistencia o en el extinto mundial de Sport Prototipos. Y eso, sin salir de las principales categorías de automovilismo en circuito. Los campeonatos de turismos o GT son ejemplos de estas batallas. Porque haberlas, las ha habido y ninguna tiene nada que envidiar a cualquiera de las que hay en F1. Pero ninguna de estas categorías es la heredera histórica de aquellas carreras de Grand Prix como lo es la Fórmula 1. Y es por esto por lo que emociona tanto que esos tiempos en los que se forjó la leyenda del automovilismo vuelvan de nuevo.

Lewis Hamilton (Mercedes) y Sebastian Vettel (Ferrari) luchando en la salida del Gran Premio de Estados Unidos de 2017 en Austin

Mercedes y Ferrari. Stuttgart y Maranello. Las “Silberpfeil” contra “Il Cavallino”. Una batalla que tiene todos los ingredientes para convertirse en legendaria. Y esto sin contar con Renault, un fabricante que siempre termina por meterse en la lucha y que poco a poco está recortando la distancia con los dos grandes. Sólo nos queda disfrutar.

No se trata sólo de un deporte

No se trata sólo de un deporte

Seguro que a veces alguno de vuestros amigos os ha soltado lo de: “no sé cómo os pueden gustar tanto las carreras, si son sólo coches dando vueltas al mismo sitio”. Estamos acostumbrados a escuchar esas palabras aunque no siempre podamos contestar rápidamente, y es que pensándolo bien nuestra respuesta no es fácil, no es rápida y no es racional. Son muchas las razones que nos llevan a seguir este, a veces incomprendido, deporte pero seguramente cada uno tendrá las suyas. Quizás sea un recuerdo lo que nos empujó: los domingos comiendo con tu abuelo con la fórmula 1 en la tele, ese día en el circuito con tu padre, incluso algún piloto brillante que hizo que en tu casa se vieran por primera vez “los coches”…

Fangio en el Maserati 250F

Fangio en su Maserati 250F

Puede que lo que te ha traído a este puerto sea ver esas curvas con los coches al límite bailando como si de una coreografía se tratase; a Fangio, Lauda, Prost, Senna o Schumacher domando máquinas de una complejidad y ferocidad que escaparían de las manos de cualquier mortal; velocidades imposibles por caminos de tierra con las bestias del grupo B, con el público casi encima del coche; o puede que fueran las locas carreras del siempre imprevisible Rallycross. La tecnología, forzar los limites, buscar el récord, ir más allá de lo que puede ir tu rival hacen de este mundillo un lugar para pioneros, para valientes que no se conforman con conducir por un trazado sino que buscan ser mejores y más rápidos a cada curva que negocian.

Somos muchos los que nos pasamos noches sin dormir o hacemos auténticos malabares para no perdernos nada. Levantamos la cabeza mirando esas cumbres de la cordillera de las carreras y a los valientes que se arriesgan a escalarlas aún sabiendo que muy pocos llegan. Desde aquí seguiremos animando, vibrando y soñando porque según dicen, desde ahí arriba el cielo se puede acariciar con la yema de los dedos.