Un día de verificaciones técnicas en RallyCross

Un día de verificaciones técnicas en RallyCross

Las verificaciones técnicas son uno de los aspectos clave de un fin de semana de carreras. No suelen aparecer por televisión, y en general los medios informamos poco o nada de ellas, salvo cuando se produce una situación anómala para un participante. De hecho, es un proceso bastante monótono que no aporta nada de emoción, salvo que alguien tenga un especial interés en ello. Sea Fórmula 1, Resistencia o RallyCross, como es nuestro caso.

Estas verificaciones se realizan antes de comenzar la acción en pista. El objetivo es comprobar, o verificar, que los coches que van a tomar parte en la prueba cumplen con todos y cada uno de los requisitos técnicos que indica el reglamento. En caso de aprobar este examen, pueden competir; mientras que en caso contrario, el que inscribe el coche será el responsable de modificar lo que sea necesario para que pueda superar el escrutinio, y así, convertirse en un vehículo legal.

Los coches entran en unos garajes habilitados a tal efecto, que en el caso del RallyCross, cuando compiten en circuitos que no son específicos de la especialidad, como no se utilizan los boxes, pues los coches duermen y son puestos a punto en las carpas que cada equipo monta en el paddock, no hay problema alguno de espacio y se utilizan varios a lo largo del Pit Lane. Cuando lo hacen en los circuitos propiamente dichos de RallyCross, o bien existe un garaje preparado o se monta una carpa con todo lo necesario.

Báscula que se utiliza para comprobar que la masa de los coches cumple con el rango establecido por el reglamento. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

En cualquiera de los casos, allí de encuentran los comisarios técnicos. Ellos son los encargados de revisar cada parte del chasis, motor, suspensiones, … En definitiva, de todos y cada uno de los componentes susceptibles de poder incumplir la normativa. Con pequeñas linternas revisan hasta los más recónditos huecos.

A continuación, una vez superado este primer examen, los Supercars del Campeonato del Mundo de RallyCross se dirigen a una carpa colocada en medio de la calle de boxes. Allí les espera un señor con un curioso aparato que en otras categorías se utiliza para otros menesteres. Un sonómetro para indicar si el volumen de sonido que emite el motor del coche entra dentro de lo que dictan las normas. Incluso esto está regulado. Para ello, el piloto o un mecánico del equipo, acelera el coche hasta que el federativo considera que ha tomado la medida correcta. Superado este trámite, el coche es legal y puede correr.

El sonómetro midiendo el “ruido” del motor del coche de Anton Marklund. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Pero además, hay otro aspecto que podría tirar por tierra una verificación técnica favorable. También existen las verificaciones administrativas. En ellas, se examina que toda la documentación que permite que un coche, un piloto, o un equipo entero, esté en regla. Si por un supuesto, el responsable de un coche presentara esta documentación con algún error, aunque superara las verificaciones técnicas, lo más seguro es que los comisarios no le dieran el visto bueno para disputar la prueba.

Estas pruebas, aunque pueda parecer que los examinadores se las toman como si fueran pura rutina de tantas veces que lo han hecho, no son para nada una broma. Son sumamente estrictas y quienes las realizan son auténticos profesionales en detectar cualquier atisbo de trampa. No es fácil burlar estos controles, y aunque se han dado casos, finalmente los tramposos han terminado cayendo bajo las fauces de estos hombres de la ley automovilística.

Los comisarios inspeccionan uno de los coches participantes del Campeonato de Europa de RallyCross. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Cada categoría tiene sus propios procesos de verificación, pero por lo general, se examina que el coche cumpla con el peso mínimo y las medidas establecidas por el reglamento. También que equipe una motorización acorde a la normativa. En definitiva, que el coche sea tal y como dice el libro. No valen las medias tintas, y aunque las verificaciones iniciales puedan permitir competir, si se produce la trampa tras superarlas, un coche puede ser descalificado a posteriori, pues también se hacen verificaciones a lo largo del fin de semana. Cada campeonato establece la frecuencia de estas y el formato de las mismas.

En definitiva, que lo que parece que es algo que no tiene la más mínima importancia para el público en general, es algo sumamente necesario e importante en el día a día de la gente que se dedica a esto de las carreras. Una rutina que hay que cumplir en cada circuito al que se va, o competición en la que uno quiera participar. Y no sólo con el coche, porque también se verifican los monos, los guantes y toda la ropa del piloto. Y el casco, por supuesto. Nada se deja al azar. Todo para que la competición se desarrolle con todas las garantías de deportividad, legalidad y seguridad.

El Renault Clio de Guillaume de Ridder bajo la carpa, en pleno proceso de verificación. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Foto de portada: © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Chapuzón monegasco

Chapuzón monegasco

Corría el año 1955. Todas las miradas estaban puestas en Mónaco. El pequeño país celebraba su Gran Premio anual. Y ahí estaban todos los protagonistas. Los fabricantes Ferrari, Mercedes, Lancia y Maserati buscaban alcanzar la gloria en uno de los circuitos más importantes del calendario. La publicidad que generaba ganar allí era incomparable a otras carreras. Y eso era algo que les hacía vender muchos coches, como sabían muy bien en las sedes centrales.

Para ello, habían alineado a los más prestigiosos pilotos para domar sus monturas. Algunos venían de competir en Nápoles y otros llegaban desde Silverstone, pero hacía más de cuatro meses que el campeonato había empezado en Argentina. Así que era un nuevo reinicio, en el que Juan Manuel Fangio llegaba líder tras triunfar con Mercedes en su país natal. Él mismo había sido el más rápido en los entrenamientos, firmando la Pole Position, con un tiempo de 1:41.1.

Alberto Ascari consiguió colocar su Lancia D50 en la segunda posición de la parrilla de salida, entre los dos Mercedes W196 de Fangio y Moss. Por detrás, Jean Behra con el Maserati 250F y Eugenio Castellotti con el Lancia D50 partirían desde la segunda fila. Y aún más retrasado saldría el futuro triunfador, Maurice Trintignant. Pero el protagonismo no sería suyo, sino de Ascari. Y todo, gracias al único elemento natural difícil de controlar en una carrera tan especial.

Los Lancia D50 preparados junto al muro del equipo italiano

La salida fue un momento clave en el que Moss superó a Ascari para poner a los dos Mercedes en las dos primeras posiciones, pero el italiano no se rindió. Sabía que tenía el ritmo, así que intentó por todos los medios no perder la estela de los coches alemanes. Intentó meterle el coche al inglés en la curva de la Estación (Virage de la Gare, en francés y originalmente; hoy se conoce como Loews), pero Moss no abrió el hueco en la bajada a Portier. El que le superó fue Castellotti que mantuvo un duelo por la segunda plaza con el británico durante varias vueltas.

Tras unos cuantos giros, Ascari recuperó la posición, pero la distancia con los Mercedes era demasiado grande. A pesar de ello, siguió tirando a saco, sin desfallecer, creyendo posible un fallo mecánico de sus rivales que le permitiera acercarse y atacarlos. Sabía que era algo muy difícil. Los Mercedes no solían fallar, y tras un año de dominación, habían demostrado su robustez.

Salida del Gran Premio de Mónaco de 1955, con los Mercedes por delante al llegar a la antigua curva del Gasómetro

Pero el fallo llegó. Sin previo aviso, con media carrera por delante, la transmisión del Mercedes W196 de Fangio dijo basta, y el argentino tuvo que aparcar su bólido junto a la estación de tren. Moss heredó el liderato, con Ascari detrás a casi una vuelta. El bicampeón del mundo y piloto de Lancia se lanzó en persecución de la flecha plateada, pero la diferencia era enorme, y llegar era algo que sólo un piloto de la talla de Ascari podría lograr.

Forzando la mecánica al máximo, recortó algo la distancia, hasta que en la vuelta 80, el motor del otro Mercedes, el del líder de carrera Stirling Moss, explotó, dejando al equipo alemán sin una victoria segura. Ascari iba a heredar la cabeza de carrera, si todo iba bien, y entonces podría tratar con suavidad su maltrecha mecánica. Pero llegó tarde.

Alberto Ascari trazando la curva de la Estación

Los frenos estaban al límite de su capacidad de uso. Y cuando salió del túnel, enfocando el coche para tomar la chicane del puerto, el pedal se fue al fondo, las zapatas no actuaron sobre el tambor como era necesario, y el Lancia D50, con Alberto Ascari al volante, se precipitó al agua del Mediterráneo.

El italiano cayó sobre su montura en las frías aguas que bordean el Principado de Mónaco. El golpe que se llevó le rompió la nariz, pero pudo salir del habitáculo. Fue rescatado tras nadar unos cuantos metros hasta un barco, donde lo subieron a bordo y lo llevaron hasta una ambulancia que esperaba junto a la pista de carreras. Salvó la vida, pero en la mente de los allí presentes queda todavía la imagen espectacular del precioso Lancia D50 cayendo por el lateral de la pista.

Momento en el que el Lancia D50 con Alberto Ascari al volante, cae al mar

El Gran Premio lo ganó Maurice Trintignant, al volante del Ferrari 625. La carrera puso las trampas y decidió al ganador, que había arrancado noveno. Por detrás, Eugenio Castellotti firmó el segundo lugar a bordo de su Lancia D50, mientras que Jean Behra terminó tercero con el Maserati 250F de Cesare Perdisa, quien debutó en Mónaco, pero cedió su coche al piloto francés cuando este tuvo un problema mecánico.

En su última carrera, pues falleció varios días después en Monza, mientras probaba el Ferrari 750 Monza, Alberto Ascari fue el protagonista absoluto. Y no fue por la remontada, ni por ser el único que pudo plantar cara a las Flechas de Plata. Sino por el incidente que terminó con él y su coche en el agua del mar. A día de hoy, Ascari sigue siendo recordado como el piloto que en Mónaco, se dio el chapuzón más famoso de la historia del automovilismo.

El chapuzón monegasco desde otra perspectiva

Juan Pablo Montoya: “Estamos en una buena posición”

Juan Pablo Montoya: “Estamos en una buena posición”

Juan Pablo Montoya es uno de esos pilotos que son capaces de saltar de una categoría a otra y continuar siendo muy rápidos. Antes de llegar a competir en Fórmula 1 en el año 2001, corrió y ganó en Europa, donde ganó el prestigioso Gran Premio de Pau en 1997 y 1998, además del campeonato de Fórmula 3000, la antesala de la máxima categoría. Tras ello, volvió a América para participar en la CART. Allí también triunfó, destacando su victoria en las famosas 500 Millas de Indianápolis del año 2000.

En el gran circo compitió para Williams desde el 2001 y para McLaren en 2005 y 2006, antes de regresar otra vez a América. Durante esos años, fue siempre uno de los contendientes a la victoria final, siendo uno de los pilotos más correosos en las batallas cuerpo a cuerpo. La NASCAR le abrió las puertas a mediados de 2006, y durante varias temporadas fue su morada y el campeonato donde pudo volver a ir muy rápido. Hasta que se centró en la IndyCar. Y en 2015 repitió su gran gesta, volviendo a triunfar en las 500 Millas de Indianápolis. Ahora, está centrado en el campeonato de resistencia IMSA, compitiendo con los Acura del Team Penske como piloto oficial de la marca. El cinco de mayo pasado, el circuito de Mid-Ohio vivió una nueva victoria del as colombiano, la cual le situó en una posición óptima para afrontar la conquista del campeonato.

Durante el fin de semana del Gran Premio de España de Fórmula 1, Juan Pablo Montoya estuvo presente en el Circuit de Barcelona – Catalunya. El piloto de Bogotá nos atendió en un interludio de carreras en el paddock de las categorías soporte, durante un corto paseo. Preguntado por cómo piensa afrontar las carreras restantes a partir de ahora, nos cuenta que lo hará de la misma manera de siempre. “Yo creo que es complicado porque la diferencia de puntos siempre es pequeña, entonces perder, recuperar o ganar puntos es difícil. La verdad que estamos bien. Creo que estamos en una buena posición ahora”.

Juan Pablo Montoya durante el Gran Premio de Estados Unidos de 2004

Destaca que el Balance of Performance que les aplica el IMSA actualmente les deja en una buena posición. “En la parte que respecta al BoP, el balance de potencia, creo que estamos en un buen sitio”. Pero reconoce que pueden haber carreras donde incida de manera importante en su posición inicial, como ya ha sucedido esta temporada. “En unas pistas vamos a estar delante y en otras nos va a costar, como nos pasó en Long Beach. Pero el balance general es muy bueno”.

Durante estos días se ha anunciado que los nuevos coches con los que se competirá en los próximos años en el IMSA serán los nuevos Daytona Prototype (DP) híbridos. La introducción de la electricidad como parte de la tecnología en competición es una novedad en este certamen, por lo que todavía es pronto para valorarlo, considera Juan Pablo. “Toca esperar a ver qué pasa”. Cree que habrá que ver hasta qué punto llega la hibridación, y si es interesante, se verá más adelante. “Cuanto de híbridos van a ser, no lo sé”, declaró Montoya.

Juan Pablo Montoya, fotografiado en 2014

Por otra parte, la hibridación del IMSA es un tema por el que tampoco siente un especial interés. Asegura que no presta demasiada atención a estas cosas, que se enfoca más en el transcurso de lo que sucede cada día. “La verdad, no le pongo mucha atención a esas noticias. Me preocupo más del día a día, de lo que está pasando”. Cree que tampoco habrá un cambio sustancial en el desarrollo de las carreras cuando se adopte este tipo de configuración para los motores de los Prototipos de Daytona. “Yo creo que no cambiará mucho”, sentenció Juan Pablo Montoya.

Además de sus dos victorias en las 500 Millas de Indianápolis, Juan Pablo Montoya conquistó en 2003 el Gran Premio de Mónaco a bordo de su Williams – BMW FW25, con el que luchó aquella temporada por el título de campeón del mundo de pilotos. Con estos dos resultados bajo el brazo, el piloto colombiano es uno de los dos pilotos en activo en disposición de conseguir la Triple Corona, premio virtual que se otorga al piloto que gana la carrera americana, triunfa sobre el asfalto monegasco y se hace con la victoria absoluta en las 24 Horas de Le Mans. El otro piloto que puede conseguir la hazaña es Fernando Alonso.

Juan Pablo Montoya negociando la última chicane del circuito de Sonoma en 2015

Preguntado sobre si le atrae la idea de correr en la gran carrera francesa para lograr esa Triple Corona, Juan Pablo Montoya afirma que no piensa en ello porque en su situación actual tampoco puede correr allí con ese objetivo. “Corrí en Le Mans el año pasado y quedamos terceros en la categoría LMP2. Pero no lo pienso, porque no puedo”. El de Bogotá tiene contrato con la marca Acura, la cual participa en el campeonato de resistencia del IMSA, pero no en el WEC ni en las 24 Horas de Le Mans. “Tengo un contrato con Acura y mientras esté con ellos no puedo. Y estoy muy contento de estar con ellos”.

Así pues, tras esta breve pero agradable conversación con Juan Pablo Montoya, nos despedimos de él. Sus compromisos le llamaban, así que sólo nos quedó felicitarle por su victoria en Mid-Ohio, desearle mucha suerte para las próximas carreras y darle las gracias por su tiempo y amabilidad. ¡Hasta la vista, Juan Pablo!

Juan Pablo Montoya ganando en Mid-Ohio

Medio punto es suficiente

Medio punto es suficiente

Era el líder del campeonato de pilotos por apenas tres puntos y medio de ventaja, y su rival era su compañero de equipo. Ante estas circunstancias, el objetivo para la última carrera era sujetar el resultado. No hacía falta nada más. Si se podía ganar, se ganaría. Pero si no, con acabar justo detrás de su vecino de garaje podía ser suficiente. No era fácil, aunque pudiera parecerlo. No podía confiarse.

El Campeonato del Mundo de Fórmula 1 afrontaba la última carrera de la temporada en el magnífico circuito de Estoril, sede del Gran Premio de Portugal. Allí llegaban los dos pilotos de McLaren con una diferencia de puntos tan pequeña que nada estaba asegurado. El título sería para uno de los dos, pero había que despejar la incógnita. ¿Quién de ellos sería el agraciado?

Su diferencia de tres puntos y medio se debía a la suspensión de la carrera del Gran Premio de Mónaco, cuando se ondeó bandera roja antes de cumplir con el 75% de la distancia, por lo que se otorgaron la mitad de puntos. Entonces, el sistema de puntos otorgaba nueve unidades al ganador, y Alain Prost se llevó aquella prueba bajo la lluvia, y por lo tanto, cuatro puntos y medio. Así las cosas, Niki Lauda era el líder, con 66; mientras que Prost le seguía con 62,5. La batalla estaba servida, pero tampoco era necesario luchar. Y seguro que dentro de las cabezas de ambos, las ideas estaban muy claras.

Los dos candidatos al título de 1984, Alain Prost y Niki Lauda

Lauda y Prost fueron dos pilotos con una fortaleza mental envidiable. Eran capaces de dejar a un lado la pasión y el calentón para mantenerse con la cabeza fría en los momentos importantes. Por eso, aquel campeonato de 1984 fue una batalla mental sobre las pistas de carreras de medio mundo. Y esa última carrera no iba a ser diferente.

El trazado de Estoril albergaba por primera vez una carrera de Fórmula 1, marcando el regreso del Gran Premio de Portugal tras veinticuatro años de ausencia, cuando se disputó por última vez en el circuito urbano de Boavista, en Oporto. La sesión de calificación vio a Nelson Piquet superar a Alain Prost para hacerse con la Pole Position. Por contra, Lauda sólo pudo calificarse en la undécima plaza, por lo que Prost podía ser campeón si mantenía el resultado y Lauda no puntuaba, situación propicia si se mantenían las posiciones de salida al final de la carrera.

En la arrancada, Prost superó a Piquet, pero ambos fueron adelantados en la frenada de la primera curva por Keke Rosberg y Elio de Angelis. El francés se mantuvo a la zaga del finlandés y el italiano, hasta que en la vuelta nueve logró ponerse en primera posición. Mientras, Lauda seguía retrasado, aunque había logrado ganar dos plazas para ponerse noveno. Varias vueltas después, de Angelis empezó a perder posiciones, cayendo hasta la octava, momento en el que el piloto austriaco de McLaren le adelantó, empezando una remontada que le iba a llevar lejos.

Salida del Gran Premio de Portugal de 1984, con Prost luchando por la segunda plaza y Lauda en mitad del pelotón

Stefan Johansson fue su siguiente víctima, unas cuantas vueltas después. En la vuelta 28 ya estaba en posiciones de puntos, y cinco después, superaba a Ayrton Senna para alcanzar el podio. Pero esto no era suficiente. Con Prost liderando la carrera, necesitaba llegar a la segunda posición para conseguir los seis puntos de premio y el título. Pero ahí estaba Nigel Mansell, que manejaba su Lotus como en las grandes ocasiones.

La carrera se estabilizó y la balanza del campeonato se decantaba vuelta tras vuelta en favor de Alain Prost. El francés sólo podía ganar la carrera y esperar a que su compañero de filas no superara a Mansell. No tenía otra opción. Con la cabeza sobre los hombros, fue imprimiendo un ritmo rápido que fuese incapaz de alcanzar el británico, a la par que Lauda hacía lo propio para alcanzarlo. Él tampoco tenía otra opción. Sólo podía ir muy rápido, lo más rápido posible y jugárselo todo a la carta de adelantar a Mansell. Si no, el campeonato estaría perdido.

Primera curva del Gran Premio de Portugal de 1984

Pero a veces, en las carreras se dan situaciones que cambian por completo el panorama y benefician a un piloto necesitado de un golpe de suerte. No fue suerte lo que hizo que Mansell trompeara. Fue un problema en sus frenos, que al pisar el pedal, el coche se volvió incontrolable y el británico fue incapaz de corregir su deriva. Pudo reincorporarse a la pista, pero Lauda ya estaba a su zaga. Una vuelta después, se repitió el mismo problema, y esta vez sí, Mansell fue presa del campeón austriaco.

Con doce vueltas por delante, la segunda posición era todo lo que Niki Lauda necesitaba. Con este resultado, su rival y compañero, Alain Prost, sumaría nueve puntos, mientras que él obtendría seis. El francés le recortaría tres, pero ese medio punto que la bandera roja en Mónaco le birló, sería suficiente para que el piloto de Viena sumara su tercer entorchado mundial. Y así fue como tras 65 vueltas de alta velocidad y adrenalina sobre el asfalto portugués, Alain Prost cruzó vencedor la línea de meta, con Niki Lauda en segundo lugar, ganando el Campeonato del Mundo de Pilotos de Fórmula 1 por última vez.

Niki Lauda y Alain Prost mojando en champagne a Ron Dennis, en el podio del Gran Premio de Portugal de 1984

Ese año, Niki Lauda había sido el líder del equipo, el piloto número uno. Así estaba especificado por contrato. Pero una vez se llevó el título, Niki fue a hablar con Alain. El año había sido duro para ambos, protagonizando una lucha encarnizada por el campeonato, pero siempre con el máximo respeto entre los dos. El de Viena se acercó al de Lorette, y le dijo que al año siguiente, él sería el líder del equipo y que tenía que ser el que ganara el campeonato. La idea de Niki era disfrutar de un año como campeón y retirarse.

Y así fue. Tal y como lo había planificado. En 1985, Prost ganó el campeonato, fue el líder de McLaren y Lauda se retiró de la Fórmula 1. Años después, sus caminos se han ido cruzando, y en los últimos tiempos, ambos han estado involucrados en tareas parecidas, pero en dos equipos distintos. La experiencia de Lauda ha sido transmitida al equipo Mercedes, lugar que ha sido su casa en estos últimos años. Ese es su legado final en las carreras. Una manera de ser, que hizo que ganara un campeonato por sólo medio punto. No necesitaba nada más, así que, ¿para qué jugársela? Ese era Niki Lauda, y hoy lo recordamos con este relato. ¡Que la tierra te sea leve, Niki!

Niki Lauda a bordo de su McLaren – TAG MP4/2 en el circuito de Estoril en 1984, antes de ganar su último campeonato del mundo de Fórmula 1

Billy Monger se consagra en Pau

Billy Monger se consagra en Pau

Billy Monger ha ganado la 78ª edición del Gran Premio de Pau, una de las carreras legendarias del automovilismo. El británico partía desde la undécima posición, pero una hábil estrategia de neumáticos y una remontada espectacular, le aupó al primer lugar y a la victoria final. El podio lo completaron Nicolai Kjaergaard y Yuki Tsunoda.

El día grande del Gran Premio de Pau comenzó de nuevo con las nubes cubriendo el cielo. Los Fórmula 3 de la Eurofórmula Open se preparaban en la entrada al Pit Lane desde el paddock, al tiempo que empezaban a caer las primeras gotas. La sesión de calificación arrancó cuando empezó a llover, aunque sin la intensidad suficiente como para mojar la pista. Los coches empezaron fuertes, hasta que se vio la primera bandera roja. Billy Monger se quedó cruzado en las enlazadas del Parque de Beaumont, con Aldo Festante bloqueado tras él. Ambos pudieron continuar una vez que los comisarios empujaron sus bólidos.

Se reanudó la sesión, pero a falta de siete minutos para su conclusión, Jack Doohan perdió el coche en la entrada de la tercera curva, empotrándose contra la barrera de neumáticos. Los comisarios volvieron a ondear la bandera roja. Tras ello, bandera verde una vez más, pero el asfalto estaba cada vez más húmedo, y como consecuencia se pudieron ver varias cruzadas cuando los pilotos trataban de dar gas intentando no perder la zaga de sus monoplazas. Finalmente, Julian Hanses fue el más avispado, consiguiendo la Pole Position para la 78ª edición del Gran Premio de Pau.

Yuki Tsunoda durante la sesión de calificación. Billy Monger y Jack Doohan aparecen por detrás. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Yuki Tsunoda, compañero de Hanses en el equipo Motopark, le acompañó en la primera línea de la parrilla, por delante de su otro compañero japonés, Marino Sato. El líder del campeonato y dominador absoluto del día de ayer, Liam Lawson, sólo pudo conseguir el cuarto mejor tiempo, por delante del brasileño de Carlin Christian Hahn, que cerró el Top 5.

La salida de la carrera estaba prevista para las 15 horas y cuarto de la tarde, pero un accidente en la arrancada de la carrera del Campeonato de Francia de GT, retrasó el programa una hora debido a las reparaciones que se tuvieron de llevar a cabo en las barreras de la recta de meta. Entre tanto, la lluvia volvía a amenazar. Las primeras gotas fueron finas, pero Dirección de Carrera no dudó y declaró la carrera en mojado. Tras la vuelta de formación, algunos pilotos, entre ellos Billy Monger, optaron por entrar en boxes para montar neumáticos de mojado, en vez de formar la parrilla con los de seco.

Marino Sato pasando por boxes durante la calificación. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Hanses mantuvo la primera posición al llegar a la primera curva, seguido de Tsunoda y Lawson. Tras unas curvas, Rui Andrade se fue recto en la baja del Parque de Beaumont, chocando contra las barreras y provocando la salida de un breve Coche de Seguridad. Tras la relanzada, los tres pilotos de Motopark se mantuvieron muy pegados, rodando a un ritmo muy alto, inalcanzable para sus rivales. El único que venía más rápido era Monger, que empezó a batir los tiempos rodando con las gomas de agua, al tiempo que la lluvia empezaba a caer con mayor intensidad y constancia.

El piloto británico se deshacía de los coches que tenía delante con una facilidad pasmosa, realizando adelantamientos en lugares muy complicados, donde es imposible hacerlo en seco, salvo que el de delante cometa un error. En pocas vueltas había llegado a la sexta posición. Vista remontada de Billy Monger, algunos pilotos decidieron entrar a cambiar los neumáticos. En cabeza de carrera seguía la batalla, con un Liam Lawson que le lanzó el coche de Yuki Tsunoda en la última chicane, un punto del trazado donde escasamente caben dos monoplazas. El neozelandés ascendía al segundo lugar y se iba a la caza de Julian Hanses.

Lukas Dunner surcando la recta de subida al Palacio de Beaumont. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

El asfalto estaba cada vez más mojado, y Monger ya era cuarto, achuchando a Tsunoda. Tras varias vueltas de batalla encarnizada, el inglés pudo adelantarlo al final de la recta de meta, colocándose en el tercer lugar, lo cual le valía el podio… O la victoria, porque la distancia con los dos líderes era inferior al tiempo que perderían si paraban a cambiar las ruedas. En ese momento, y en vistas de que cada vez llovía con más ganas, Monger era el líder virtual de la carrera.

Pero no hubo que esperar mucho, porque Lawson decidió repetir la maniobra de adelantamiento que le había aupado al segundo lugar con Hanses. Pero el alemán no abrió la trayectoria y el piloto de Nueva Zelanda se llevó por delante a su compañero de equipo. Ambos quedaban estampados contra la barrera de neumáticos. Las caras de los mecánicos de Motopark eran un poema. Todo lo contrario que las de los integrantes de Carlin, pues Monger heredaba el liderato de la carrera.

Linus Lundqvist pasando por la recta de meta. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Salía de nuevo el Safety Car, momento que aprovecharon algunos pilotos, como Linus Lundqvist, para parar en boxes. Tras la bandera verde, el propio piloto sueco se fue largo en la horquilla de la curva 4, taponando el paso y provocando un pequeño tapón en el que se vieron involucrados dos de los pilotos de Teo Martín Motorsport. No fue necesaria la intervención del Coche de Seguridad, pero la carrera vio recortada su distancia y se decidió por tiempo.

Finalmente, Billy Monger se hacía con la victoria de la 78ª edición del Gran Premio de Pau. Una victoria épica e histórica, pues es la primera victoria en esta carrera de un piloto doblemente amputado. Monger hizo una remontada en lluvia y en un circuito urbano tan complicado como es el de Pau digna de un gran maestro de la conducción, aderezada con una maniobra estratégica inicial digna de los mejores equipos. Tras él, han finalizado Nicolai Kjaergaard y Yuki Tsunoda, merecedores de sus respectivos trofeos de podium por saber navegar en una carrera muy difícil sin tomar excesivos riesgos.

Billy Monger, el ganador del 78º Grand Prix de Pau. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Pau ha vuelto a demostrar lo complicado que es competir en su circuito urbano. La carrera de hoy ha sido un bálsamo contra todo riesgo de amenaza de perder una carrera que ha sufrido con el final del Campeonato de Europa de Fórmula 3 que le daba sustento, pero que ha recibido con brazos abiertos a una Eurofórmula Open con la que pueden crecer juntos. Y con carreras como la de hoy, seguro que lo hacen. La próxima cita del certamen será el fin de semana que viene en Hockenheimring.