Buen comienzo del CEAX en Lleida con la intensidad por bandera

Buen comienzo del CEAX en Lleida con la intensidad por bandera

Circuit de Lleida, Lleida. | El Autocross Ciutat de Lleida volvió a ser un gran evento automovilístico durante el fin de semana, dando luz verde al arranque de la temporada 2021 del Campeonato de España de Autocross. Todos los especialistas nacionales de la modalidad se dieron cita en el trazado catalán para dar rienda suelta a sus ganas de victoria. Víctor Álvarez, Rafael Gallardo, Pablo Fernández, Iván Piña, Ferrán Fornell y Josep Aranda fueron los agraciados que pasan a formar parte del palmarés histórico de la prueba.

Tras la jornada del sábado en la que se vivieron las sesiones de calificación y las primeras mangas calificativas, el domingo comenzó con las dos carreras que no se pudieron llevar a cabo el día anterior, de División I y Car Cross Junior. A continuación, se desarrollaron las terceras calificatorias, antes de dar paso a las finales. En el caso de la categoría Car Cross, se llevaron a cabo finales C y B, a modo de repescas, para terminar de formar la parrilla de la final A, la decisiva. En Car Cross Promoción, también se hizo una final B previa a la A.

En División I, la categoría en la que compiten los coches de cuatro ruedas motrices, tanto prototipos como turismos, Víctor Álvarez se hizo con la victoria después de los problemas en el Ford Fiesta de Perfecto Calviño. Tomás Aranda hizo una carrera impecable, remontando desde atrás y poniéndose en cabeza antes de pasar por meta el primero. Sin embargo, el actual Campeón de España de Autocross realizó una salida falsa, por lo que fue penalizado. De esta manera, el triunfo recayó en Álvarez, que subió al podio acompañado de Jesús Santillán y Juan Carlos Fernández, en una dura final en la que abandonaron la mitad de los participantes.

Intensa salida en una de las mangas entre Víctor Álvarez, Jesús Santillán y Tomás Aranda, mientras son perseguidos por Perfecto Calviño. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Rafael Gallardo volvió a sacar todo su aplomo en una final de División II en la que el actual defensor del título se llevó la gloria. La final fue un gran espectáculo entre los coches de dos ruedas motrices, con toques y contactos en las emocionantes peleas cuerpo a cuerpo que se vivieron en el Circuit de Lleida. Junto al piloto cordobés, Iván Cordero y Josep Vidal coparon un podio que vendió muy caras sus tres plazas.

Si hay una categoría en la que la potencia a lo bestia es la marca de la casa, esa es la División III. La Campeona de España, Ares Lahoz, partía con la vitola de favorita, pero fue Carlos Hernando el que colocó a su brutal Desmasa en cabeza de carrera. Por detrás, Pablo Fernández se puso tras él y empezó a atacarle para asestarle un gran adelantamiento en el que los dos monoplazas estuvieron muy cerca el uno del otro. Lahoz trató de recuperarse de una salida complicada, defendiéndose de Eduard Bañeres, para buscar la zaga de Hernando. Pero en una maniobra un tanto difícil, ambos se tocaron, rompiendo el palier del Speedcar y quedándose fuera. Finalmente, Pablo Fernández se aseguró la victoria, con Carlos Hernando segundo y Eduard Bañeres en tercera plaza.

Pablo Fernández se llevó la gloria en División III. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Por lo que respecta a los carcross, la división absoluta vivió una intensa batalla, ya desde la final C. Esta quedó decidida en la primera vuelta, después de un incidente en la segunda curva en la que se vieron envueltos Antón Muiños, Pol Salichs -con una gran arrancada-, Jesús Sánchez, Pau Soler, Luis Álvarez, David Berasain y David Seoane. Javier Ramilo sacó petróleo para hacerse con la victoria, con Julien Goldin y Francisco Javier Pérez Montalván acompañándolo en el pase a la final B. En esta, fue Arnau Biosca el que logró alzarse como ganador, pasando a la final A junto a Diego Varela y Darío Calviño.

La gran final de Car Cross del Autocross Ciutat de Lleida fue un auténtico espectáculo de principio a fin. La salida ya fue un verdadero caos que puso patas arriba los planteamientos iniciales de la carrera. Iván Piña traccionó un pelín mejor que Joan Salichs desde la Pole Position, llegando ambos emparejados a la primera curva. Pero el que salió de manera formidable fue Pepe Arqué desde la cuarta plaza, abriéndose hueco para intentar pasar entre Óscar Palomo y Piña. El vigente Campeón de España de Car Cross trazó por el interior, pero se fue un poco largo, tocándose con Salichs y mandando a este al talud, donde hizo un trompo pero pudo regresar a la competición.

No hubo un sólo momento de calma durante el fin de semana en Car Cross. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Arqué aprovechó esta escaramuza para colarse por el interior de Piña para ponerse en cabeza de carrera. El de Semog no tiró la toalla y apuró la frenada de la curva dos al máximo para devolverle la jugada al de Speedcar, rodando durante varias curvas en paralelo. Finalmente, el de Martorell tuvo que ceder y conformarse momentáneamente con la segunda posición. Pero por detrás, David Masoliver presionaba con fuerza y en la siguiente vuelta, en un intento desesperado por ganarle la partida, chocó contra él.

Como consecuencia del golpe, Pepe Arqué perdió numerosas posiciones, aunque pudo continuar en carrera. Esto lo aprovechó Juanjo Moll, que sin meterse en demasiadas peleas, fue escalando puestos para afianzarse en la tercera posición. Pero el gran espectáculo lo estaba dando Joan Salichs en su remontada, firmando un doble adelantamiento a Albert Montalván y Pepe Arqué por el exterior de la rápida primera curva que hizo vibrar a los presentes en el Circuit de Lleida. Una maniobra que, seguramente, pasará a la historia como uno de los mejores adelantamientos en el Campeonato de España de Autocross. Finalmente, Iván Piña se aseguró la victoria, con David Masoliver segundo y Juanjo Moll tercero.

Iván Piña ganó por segundo año consecutivo el Autocross Ciutat de Lleida en Car Cross. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

En Car Cross Promoción, Samuel Azaña, Gorka Ezenarro y Enrique Sánchez se aseguraron el pase a la final A tras clasificarse como los tres mejores de la B. Toni Herrerías, Fredi López, Diego Pandelo, Daniel Alonso o Sergi Pérez eran algunos de los favoritos, pero ninguno de ellos saboreó las mieles del triunfo. Con una batalla sin cuartel en mitad de la tierra leridana, una cruzada de Pérez que no pudo ser evitada por Juan García Pandiella, terminó con la carrera de ambos y con la de Toni Herrerías. Finalmente, Ferrán Fornell se llevó una fantástica victoria en su debut en carcross, seguido de Jordi Puertas y Fredi López.

Los más jóvenes del CEAX volvieron a tener sus grandes dosis de protagonismo. Con una de las mejores canteras de pilotos de los últimos tiempos, se dio la salida a la final A, en la que el espectáculo no desmereció en absoluto. Tras una intensa batalla por la victoria y por las posiciones de podio, fue Josep Aranda el que ganó la carrera, con Miguel Gayoso y Quim González en segunda y tercera posición.

El pelotón de Car Cross Promoción en plena acción. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

La primera ronda del Campeonato de España de Autocross ha sido un gran evento de carreras, justo lo que necesitaba el certamen tras un 2020 tan complicado. La Escuderia Lleida ha realizado un gran trabajo para tener la pista en perfecto estado de condiciones en todo momento, un Circuit de Lleida que ha estado impecable para regalar ingentes cantidades de espectáculo. La próxima cita del CEAX será el próximo fin de semana del 1 y 2 de mayo en el Circuito Eduardo Lalana de la localidad altoaragonesa de Esplús, donde se celebrará una nueva edición del Autocross de Esplús.

Foto de portada: © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Los intentos del Pegaso Z-102 por alcanzar la gloria en competición

Los intentos del Pegaso Z-102 por alcanzar la gloria en competición

Hace un tiempo, contamos la aventura de Pegaso en la Carrera Panamericana de 1954. Pero antes de que la marca española se lanzara a la conquista de la legendaria prueba, existieron otros intentos para alcanzar la gloria en el mundo de la competición. El modelo Z-102 era un coche bello y exquisito, uno de los mejores del mercado en cuanto a prestaciones; pero tenía una asignatura pendiente en la parte deportiva, un mundo en el que sus rivales le sacaban ventaja.

Wifredo Ricart, máximo dirigente de Pegaso e ingeniero al mando del desarrollo de los coches, conocía la competición de forma sobrada. Había trabajado para Alfa Romeo en la construcción de sus monoplazas de Gran Premio antes de la Segunda Guerra Mundial. Pero los objetivos de la empresa hispana pasaban por otros caminos. La situación en el país no ayudaba, después de un sangriento conflicto bélico y unas políticas autárquicas que no casaban para nada con el devenir de los tiempos. Pero Ricart se empeñó en fabricar el mejor automóvil del mundo, y ya puestos, el mejor coche de carreras del planeta.

El Pegaso Z-102 deslumbró en su presentación, atrayendo las miradas de todos los presentes por sus formas suaves y llamativas, y una mecánica al nivel de las casas automotrices más avanzadas. Pero la competición mandaba y si querías vender, había que correr. Así que en la factoría barcelonesa de La Sagrera, los técnicos se pusieron manos a la obra para adaptar el modelo y hacerlo todavía más veloz. Las 24 Horas de Le Mans eran el objetivo, pero antes había que probarlo en otra pista.

El Pegaso Z-102 en acción.

Su estreno en competición fue en el Gran Premio de Mónaco de 1952. Ese año, la prueba urbana por excelencia no contabilizó para la Fórmula 1, sino que se celebró con normativa de Sport Cars. El Z-102 entraba dentro de ella, así que para ir ganando tiempo, se dice que Juan Jover y Joaquín Palacio salieron desde Barcelona conduciendo los dos prototipos para ir poniéndolos apunto de camino al Principado.

Una vez allí, conocieron las dificultades del trazado y verificaron una serie de problemas que los hicieron no aptos para competir. Y, en efecto, no lo hicieron. Arreglaron lo estropeado y pusieron rumbo a Le Mans, haber si había suerte. Pero los coches no estaban en disposición de afrontar una carrera de 24 horas, así que regresaron a Barcelona y prepararon las bases para afrontar la mítica prueba francesa con garantías al año siguiente.

Entre tanto, se inscribieron en algunas pruebas locales y nacionales, consiguiendo su primera victoria en competición en la carrera en cuesta de La Rabassada con Joaquín Palacio al volante del Z-102. Con este éxito, quedó patente que Pegaso había realizado el trabajo preliminar, pero no es lo mismo una prueba de montaña que una de resistencia. Quedaba trabajo por hacer, pero el lienzo era bueno. Su objetivo de participar en Le Mans estaba cada vez más cerca.

El Pegaso Z-102 en Le Mans.

Llegó la semana de las 24 Horas en la pista de La Sarthe y allí se presentó el equipo oficial Pegaso con Wifredo Ricart al mando y cuatro pilotos destinados a pilotar los dos Z-102. En la primera unidad estarían Juan Jover y el alemán Paul Metternich, y en la segunda Joaquín Palacio y Pablo Julio Cardona, con Celso Fernández de piloto reserva. Salieron a las sesiones de prácticas y los bólidos se comportaron bien, dentro de lo esperado. Algún problemilla aquí y otro allá, pero nada que no se pudiera resolver con algunos ajustes.

Juan Jover, que había terminado segundo en la edición de 1949 con un Delage, estaba registrando unos cronos al nivel de los Ferrari y Jaguar. El Pegaso Z-102 corría, ¡vaya que si corría! Pero en un momento, todo cambió. Al llegar al viraje de Tertre Rouge, Jover no pudo negociar el cambio de dirección por un problema en los frenos e impactó a más de 200 Km/h contra la valla. El coche quedó destrozado y el piloto tuvo que bajarse del habitáculo como buenamente pudo con las piernas magulladas.

En vistas de que no se podía garantizar la seguridad de los pilotos, Wifredo Ricart decidió abandonar la aventura. Pegaso no participaría en las 24 Horas de Le Mans de 1953. El equipo regresó a la fábrica y el sueño se desvaneció. Habían trabajado mucho, pero tenían que esforzarse todavía más. Debían continuar mejorando la mecánica y probando todo lo posible para vencer en las carreras.

El Z-102 en la Carrera Panamericana, con Joaquín Palacio y Celso Fernández.

Al año siguiente, volvieron a inscribirse en pruebas nacionales y en una de ellas, en la Copa Montjuïc, Joaquín Palacio regaló a Pegaso la segunda victoria de la marca. En ese 1954 descartarían tomar parte en Le Mans y por un azar del destino, terminaron disputando la Carrera Panamericana, en el que después de un gran papel, un accidente de Palacio los dejó fuera de competición y con el coche en llamas.

Pegaso lo intentaba una y otra vez, pero la gloria se escapa por situaciones que poco podían hacer para evitarlas. Entre tanto, habían conseguido batir el récord de velocidad en la localidad belga de Jabbeke, convirtiendo al Z-102 en el coche de producción más rápido del mundo. Y en 1955, Celso Fernández se hizo con el triunfo en la Pujada a La Rabassada, la segunda victoria del fabricante español en la prueba catalana.

El prototipo Bisiluro del Pegaso Z-102 destinado a batir el récord mundial de velocidad.

Sin embargo, la política del gobierno franquista con las aventuras en competición de Pegaso cambió. La marca era propiedad de ENASA, empresa estatal que rendía cuentas a los mandatarios de la época. El flujo de dinero se paró y la competición se acabó. Y también la fábrica de coches de ensueño, que se adaptó para fabricar en exclusiva camiones y autobuses. Los mejores del mercado, eso sí; pero nada de máquinas de alta tecnología que pusieran a la vanguardia a la industria española. El sueño de Pegaso y Wifredo Ricart se había terminado.

El Pegaso dominicano

El Pegaso dominicano

Noviembre de 1954. Una nueva edición de la Carrera Panamericana está lista para empezar. La afición se agolpa en las cunetas de las carreteras por las que pasarán las máquinas y sus pilotos a toda velocidad. Y entre todas ellas, un revoltoso coche con muchas cosas que decir y demostrar. Su aspecto llama la atención. Y no por la belleza del chasis, que también, sino por las pegatinas de publicidad que lo adornan.

El Pegaso Z-102 descansa antes de la batalla. Los mecánicos lo ponen a punto. La altitud de México supone un problema que deben solventar para que el motor funcione como la seda y no dé problemas en la larga travesía entre Tuxtla Gutiérrez y Ciudad Juárez. Los pilotos se preparan. Joaquín Palacio tomará el volante, mientras que Celso Fernández será el copiloto y se encargará de la dirección del equipo.

Llegar hasta allí había costado lo suyo. México y España habían cortado relaciones diplomáticas después de la Guerra Civil, de manera que la inscripción de Pegaso como equipo español en la carrera no fue autorizada. De hecho, lo habían tenido complicado para llegar al sur de México, pero tras un duro viaje y varias gestiones, los dos mecánicos y los dos pilotos, junto con el Z-102, llegaron apenas unos días antes de empezar la prueba. Esto fue posible gracias a un hombre con mucho poder que actuó de intermediario y benefactor.

El Pegaso dominicano ya está preparado para empezar la Carrera Panamericana en Tuxtla Gutiérrez

Rafael Trujillo, máximo dirigente de República Dominicana, era un aficionado acérrimo a la marca Pegaso. Sus gestiones con el gobierno mexicano, además de su aportación económica, hicieron posible la participación del coche fabricado en Barcelona. Pero con una condición. No lo podían hacer bajo bandera española. Así pues, el Pegaso Z-102 se inscribió bajo bandera dominicana. Y no sólo eso, también engalanado con multitud de pegatinas del país latinoamericano, entre ellas una que rezaba “El Dominicano”.

Tras toda la odisea, el Pegaso dominicano está listo para partir. Con la oscuridad de la noche presidiendo el ambiente, el Z-102 arranca a la orden del comisario. Palacio engrana primera velocidad y sale disparado para conquistar la primera etapa. El coche no termina de ir del todo bien. Por potencia del motor y características, saben que pueden luchar de tú a tú con los Ferrari, Porsche o Jaguar que presumiblemente serán los protagonistas de la contienda. Pero la altitud y otros factores pueden ser una piedra en el camino. El día ha sido duro, pero Palacio y Fernández ya piensan en el día siguiente. Al llegar a Oaxaca, los dos mecánicos se hacen cargo del coche. Puebla será el siguiente objetivo, pero antes toca descansar.

Celso Fernández (a la izquierda, de copiloto) y Joaquín Palacio (a la derecha, al volante)

El día amanece y la Carrera Panamericana reemprende la marcha. Joaquín Palacio le pide al coche y el bólido responde. Los ajustes de los mecánicos parece que están dando sus frutos y, ahora sí, el Pegaso dominicano avanza con buen ritmo. Poco a poco, va remontando posiciones. Tras la etapa con meta en Puebla, hay que poner rumbo a Ciudad de México. El ritmo de Palacio al volante del Z-102 es cada vez mejor. Adelanta a los coches que lleva delante y pronto se acerca al grupo de cabeza. La distancia se va acortando y al llegar a la capital del país americano, ocupa la quinta posición.

Los hombres de Pegaso están contentos. El motor está aguantando y el objetivo de completar la Carrera Panamericana está cada día más cerca. Ganar será muy difícil, pero están haciendo un gran papel. De nuevo, el majestuoso Z-102 vuelve a estar en manos de sus mecánicos, que lo miman y cuidan con gran esmero. Saben que cuando salgan de Ciudad de México hacia el norte, quedará un poco menos para cumplir el sueño. Un sueño que no es sólo suyo, también el de todos los trabajadores de las fábricas de La Sagrera y Barajas. Y, desde luego, el de Wifredo Ricart.

Joaquín Palacio y los dos mecánicos de Pegaso junto al Z-102

La cuarta etapa de la Carrera Panamericana de 1954 se presenta como una oportunidad para que el equipo aseste un golpe importante encima de la mesa. Han demostrado que tienen el ritmo para pelear con los grandes, de lo contrario no habrían remontado hasta los puestos delanteros. Los participantes ya están en marcha, rodando por las carreteras mexicanas como almas llevadas por el diablo. Joaquín Palacio exprime los 170 CV del motor Pegaso V8 de 3,2 Litros, mientras maneja el volante, bailando con la montura.

De golpe, un pequeño fallo de cálculo los condena. Un paisaje eterno y una curva. Han pasado más de cuarenta kilómetros desde la salida de la etapa. Joaquín Palacio ha visto el viraje, ha tratado de tomarlo, pero no ha podido disminuir lo suficiente la velocidad. El coche no entra, se cruza, el precipicio está cada vez más cerca y no puede modificar la trayectoria. Ha perdido el control, se sale de la carretera y el coche cae por el barranco.

El Pegaso Z-102 “el dominicano” pierde el control y cae por el barranco

La noticia del accidente del Pegaso dominicano corre como la pólvora. Parece ser que el piloto está herido. Hay cierta confusión. Otro coche se ha salido de la ruta en el mismo punto y hay dudas con la identidad de los ocupantes. Celso Fernández, radio en mano, se comunica con control de carrera. Necesita saber el estado de su compañero y conocer cómo ha quedado el coche. Si el daño no es muy grande, él mismo podría reemprender la marcha y continuar en carrera. Espera noticias. La preocupación es máxima.

La angustia crece. Allí, en el lugar del accidente, Palacio está siendo atendido. Su situación no es grave, ha salido relativamente indemne de esta. Pero el coche… Desgraciadamente, el Pegaso Z-102 con el dorsal número diez, arde. No se puede hacer nada. El fuego devora cada parte de su estructura. La aventura ha terminado. La carrera sigue y Ciudad Juárez espera al resto de participantes. Sin embargo, el Pegaso dominicano, el bravo y bello Z-102 con la carrocería Touring, ha perecido en el intento.

Paseando por el Guadalope

Paseando por el Guadalope

El río fluye. Atraviesa el pueblo y describe una larga curva rodeando el promontorio sobre el que se asienta el casco antiguo de Alcañiz. Pero el Guadalope es algo más. No es únicamente una corriente de agua que desemboca en el Ebro, es el nombre con el que se conoce uno de los circuitos de carreras más importantes de nuestro país. Uno de los circuitos más difíciles, pero más añorados por pilotos y aficionados. Vamos a pasear por el Guadalope, el circuito urbano de Alcañiz.

Hace ya unos años que los motores no rugen por las estrechas calles de este pueblo del Bajo Aragón. Pero los vestigios de una pasión atronadora se ven todavía a simple vista. Nuestro paseo comienza en la Avenida de Aragón, en la misma línea de meta, la cual se conserva hoy en día. Junto a ella, un doble guardarraíl original del circuito se mantiene en pie para recordar lo que una vez fue. La recta de salida, jalonada por casas y árboles a ambos lados, se asemeja a un túnel en el que es fácil transportar la mente en el tiempo para imaginar a los bólidos surcándola. Pronto, la primera curva se abre paso.

El embudo. El primer viraje del trazado. Verdaderamente, era un embudo. En bajada y muy cerrado, era un punto tremendamente conflictivo. La famosa casa en su interior se conserva y rápidamente la cabeza se llena de imágenes de carreras. Ver la curva así, desnuda, da verdadera impresión. Al momento, nuestros pasos hacen caso a la pendiente de la Avenida Galán Bergua y nos llevan hacia el segundo giro, descendiendo por la calle. En cuanto ves esta curva, sabes que estás en un circuito de carreras. La curva de La Monegal lo tiene todo, el guardarraíl en el exterior y el peralte en el interior. Sólo le faltan los coches trazándola a milímetros de la acera.

El Embudo, la primera curva del Guadalope. Cerrada y en bajada, era el primer gran desafío. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

A su salida, el vertiginoso descenso nos conduce a la tercera curva, la segunda a izquierdas. La bajada del Matadero, por el Paseo Andrade, fluye como el río junto a la Plaza de Toros camino del primer viaducto que atravesará la senda de agua. Pero antes, habremos pasado por la bifurcación para la entrada a la zona de boxes. Tratándose de un circuito urbano, su disposición debía adaptarse al espacio ya existente, de manera que su ubicación se situaba en una calle relativamente paralela a la pista, accediendo por detrás de la Plaza de Toros. Ahora es un espacio yermo, vacío de sonidos y olores carrerísticos, pero antaño era el lugar donde descansaban y se preparaban las bestias que volaban sobre este asfalto.

Tras atravesar el Río Guadalope por primera vez, un ángulo de izquierdas abre paso para la zona más rápida y vertiginosa. A orillas del río, el trazado toma la apariencia de una carretera -y es que lo era- para deleitarnos con una sucesión de pequeños cambios de dirección que si a pie se notan, es fácil imaginar lo difícil que era trazarlos al volante de un coche de carreras. Algunas marcas en el muro de hormigón a nuestra izquierda nos recuerdan aquellos tiempos. La curva de El Pajarito, peraltada y ciega, sirve de aperitivo para la gran sorpresa que nos aguarda metros después.

Rápido zigzagueo entre El Pajarito y El Portalón, a orillas del río. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

El Portalón aparece ante nuestros ojos con su majestuosidad. Una curva para la que había que prepararse el doble. Porque El Portalón era la entrada a la frenada de la curva del Puente Viejo. Frenar en el Portalón, dar un golpe de gas y volver a frenar en apoyo, con precisión, sin pasarse, para después volver a dar rienda suelta a la potencia. Esta sección asusta con verla. No hay margen para el error. Y si al poco espacio que hay, le sumamos las barreras de protección y otros elementos de seguridad necesarios, te queda un complejo estrecho y todavía más difícil de gestionar. De nuevo, las imágenes de los coches trazando por aquí se agolpan en la mente.

Cruzamos otra vez el río. La muralla de Alcañiz nos recibe con la vista del castillo a lo alto, presidiendo la ciudad de la Concordia. Alcanzamos la famosa curva de la Barbería, un ángulo a derechas, cuya salida era todavía más estrecha de lo que es hoy en día. Un auténtico desafío a la hora de pisar el acelerador. Y la entrada al último sector de la pista, en subida, remontando el montículo y rodeando el casco antiguo. Es el momento de conocer la Subida del Corcho.

Salida de la curva de la Barbería. Punto muy estrecho y complicado. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Motorland Aragón tiene su Sacacorchos, en bajada y muy cerrado, pero años atrás, el Guadalope ofrecía el impresionante Corcho. Una auténtica pared que tras arrancar en una recta, iba retorciéndose a la izquierda hasta terminar formando un desafiante viraje que desembocaba en una rápida curva a derechas, muy pronunciada. Ni que decir tiene que impresiona. Asusta pensar cómo debían trazar semejante eslalon en cuesta, abriéndose en la primera para cerrarse en la segunda. Si Spa-Francorchamps tiene su Eau Rouge – Raidillon, Guadalope tenía su Corcho.

Después del Corcho, coronar la tremenda subida de la Ronda de Teruel sin dejarse llevar por el pánico era un premio que sólo los más aguerridos pilotos podían hacer. Pero la vuelta no ha terminado todavía. Casi sin aliento, la calle jalonada de casas a ambos lados nos encamina hacia las dos últimas curvas. ¿Ya estamos aquí? Hemos llegado muy rápido. Y enseguida, la vista se va hacia la rotonda de nueva construcción. Sobre ella, una gran escultura metálica. El homenaje que los alcañizanos rinden al que fue su circuito. Un recuerdo para la posteridad.

El final de la Subida del Corcho con el castillo de Alcañiz en lo alto. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Con la emoción saliendo por cada poro de la piel, divisamos el último cambio de dirección al final de la Calle Repollés García, un claro homenaje al ideólogo de esta maravilla, el Dr. Joaquín Repollés García. El hospital de Alcañiz nos saluda cuando ponemos el pie de nuevo en la recta de meta. La Avenida de Aragón, en todo su esplendor, nos da la bienvenida para terminar junto a la línea de meta y su doble guardarraíl.

El paseo ha terminado. Y las sensaciones son muy gratificantes. A pesar de algunas glorietas de nueva construcción, el circuito está igual que se dejó en 2003. Todavía se conservan en las aceras los agujeros para instalar las vallas de protección, hoy tapados con unas placas metálicas. ¿Se volverá a usar alguna vez? Es difícil de saber, pero no estaría nada mal que las bestias de competición, como en su día los Porsche, Lancia, Lola y compañía hicieron, volvieran a atronar Alcañiz con el bramido de sus motores. Hasta pronto, Guadalope. Hasta la vista, Alcañiz. Volveremos…

Línea de meta y doble guardarraíl original del Circuito Guadalope. Aquí comienza y termina nuestro paseo. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Foto de portada: © Pablo López Castillo (elacelerador.com)