54º Rally RACC Catalunya – Costa Daurada

54º Rally RACC Catalunya – Costa Daurada

Esta semana marca una fecha importante para los aficionados al motor como nosotros, y es que se disputa el 54º Rally RACC Catalunya – Costa Daurada. Este rally es conocido por ser el único del calendario que se disputa sobre superficies de asfalto y tierra de forma combinada, lo que supone un auténtico desafío.

Los coches del WRC son auténticas bestias concebidas para competir al máximo en las 13 citas que conforman el campeonato mundial de rally. Montan motores de 4 cilindros y 1600cc de desplazamiento capaces de desarrollar más de 380 cv que son transmitidos al asfalto a través de las cuatro ruedas. Esa tracción total es controlada a través de nada menos que tres diferenciales: uno en cada eje y uno central con repartidor de Par, obligatorio desde la temporada pasada. Si nunca han visto uno de estos vehículos en acción, esta semana tendrán la oportunidad de hacerlo en los diferentes tramos que conforman la cita catalana.

El coche del equipo Citroën Total Abu Dhabi WRT.

El hecho de que las etapas combinen las carreteras con los caminos de tierra significa que los coches tengan que correr, a veces, con configuraciones mixtas o cambiadas. Es el caso de la Súper Especial 1 que se correrá por las calles de Barcelona mañana jueves 25 de Octubre en la zona de Montjuïc en la que los coches llegan con un “setup” para tierra. Una suspensión más blanda y los neumáticos de tierra hacen que esta especial sea un auténtico espectáculo para toda la gente que se acerca a ver este tramo.

El resto de las etapas se correrán en las carretera y caminos de la zona interior de la Costa Daurada, teniendo como base el parque de Port Aventura y Salou, donde también se disputa un shakedown.

Ford Fiesta del equipo M-Sport Ford WRT

La edición de este año se presenta como una de las más reñidas de los últimos años con nada menos que tres pilotos luchando por el mundial. Sébastien Ogier (M-Sport Ford WRT) y su copiloto Julien Ingrassia ganaron aquí el campeonato en 2015 y 2016, años en los que Volkswagen y en particular el piloto francés estuvieron intratables, pero en esta ocasión Ott Tänak (Toyota Gazoo Racing WRT) y Thierry Neuville (Hyundai Shell Mobis WRT), con sus copilotos Järveoja y Gilsoul respectivamente, se han sumado a la lucha llegando los tres muy juntos en el campeonato de pilotos con tan solo 21 puntos de diferencia entre los tres. Por tanto esta semana puede marcar un punto de inflexión que coloque a uno de ellos un paso por delante del resto de cara a la última cita que se disputa en Australia, si bien es verdad que Ogier y Neuville tienen cierta ventaja sobre Tänak, que salió muy perjudicado de la última cita del campeonato, en Gales, donde los problemas mecánicos le impidieron puntuar.

Cuatro constructores se juegan también el título esta temporada: M-Sport Ford WRT, Citroën Total Abu Dhabi WRT, Hyundai Shell Mobis WRT y Toyota Gazoo Racing WRT. Siendo este último el primer clasificado provisional con 317 frente a los 297 de su principal perseguidor, Hyundai. Todo puede pasar entre estos dos equipos, además M-Sport no anda tan lejos así que con una buena actuación aquí, podría ponerles las cosas difíciles a los dos equipos de delante.

El Yaris de Toyota Gazoo Racing WRT

Nosotros os animamos a que os acerquéis a algún tramo a disfrutar de estas bestias y la espectacularidad de esta competición. Y si lo hacéis, recordad poneros en las zonas delimitadas para el público, hacer caso a las indicaciones de los organizadores y llevaros cualquier residuo para no ensuciar los tramos.

Hamilton y Mercedes, un matrimonio de leyenda

Hamilton y Mercedes, un matrimonio de leyenda

En el automovilismo en general, y en la Fórmula 1 en particular, se han dado durante toda la historia relaciones legendarias entre pilotos y equipos que han logrado grandes éxitos juntos, relaciones que quedan grabadas en la memoria colectiva de la afición. Recientemente, recordamos con especial énfasis la relación entre Michael Schumacher y Ferrari, una de las más exitosas de la historia, tanto a nivel deportivo como comercial y publicitario; o la de Tom Kristensen y Audi, la más eficiente de las que han competido en Le Mans. Por no hablar de Sébastien Loeb y Citroën, palabras mayores.

En Fórmula 1, además de la mencionada entre el Kaiser y la Scuderia de Maranello, podemos mencionar la que hubo entre Fernando Alonso y Renault entre 2003 y 2006, en la que la casa francesa logró sus mayores éxitos deportivos junto al deportista asturiano, y la de Sebastian Vettel con Red Bull, en la que el piloto alemán y la marca austriaca dominaron el campeonato durante cuatro años.

Lewis Hamilton (McLaren – Mercedes MP4-23) y Kimi Räikkönen (Ferrari F2008) luchan por el liderato de la carrera en las vueltas finales del Gran Premio de Bélgica de 2008

Hoy en día asistimos a la relación de la que disfrutan Lewis Hamilton y Mercedes, una relación que está dando sus frutos como antes lo hicieron otras. Podemos decir que estamos viviendo la historia, que las generaciones actuales y futuras, probablemente, veremos este matrimonio como uno de los legendarios al echar la vista atrás. No es para menos, pues este binomio acumula ya cuatro Campeonatos del Mundo de Constructores y tres Campeonatos del Mundo de Pilotos, cuando van camino de sumar, si todo sigue así, un trofeo más a sus respectivas vitrinas.

Estas relaciones no triunfan por casualidad. Todas son el resultado de años de esfuerzo previo, de trabajo incansable entre bambalinas, y en la mayoría de casos, alejados de los buenos resultados y el foco mediático. La estructuración del equipo, el fichaje de ingenieros y técnicos, la acomodación de estos a la forma de trabajar del conjunto, entre otras cosas, tienen que sumarse a un procedimiento similar con el piloto. Pues el equipo no gana sin el piloto, pero el piloto tampoco lo hace sin el equipo. Y ambos nunca jamás lo harán sin tener un coche lo suficientemente bueno para llevarles a la senda del triunfo.

Podríamos decir que el principio del éxito en el automovilismo es un triunvirato. El equipo, el coche y el piloto. Los tres tienen que rendir al nivel exigido. Y si uno no lo hace, los otros dos deberán compensar esa carencia. Han habido casos. Lo que nunca ha ocurrido es que uno de los tres ingredientes soportase el peso de dos y lo compensara. Normalmente, eso es sinónimo de fracaso, y en la actualidad tenemos algún que otro ejemplo.

Mercedes celebra el doblete conseguido en el Gran Premio de Japón de 2015

Volviendo a la Fórmula 1, Lewis Hamilton y Mercedes son los amos y señores del campeonato. Tras la vuelta del fabricante alemán a la categoría reina en 2010, el equipo comandado entonces por Ross Brawn se dedicó a estructurar la formación plateada y al fichaje de técnicos, ingenieros, mecánicos y toda aquella persona que fuera necesaria para resucitar el éxito de las ‘flechas de plata’. A finales de 2012, llevaban casi tres años en ese trabajo, lejos de los buenos resultados, quitando algún que otro podio y una victoria en ese año en el que hubo tantos ganadores distintos. Decidieron ir a buscar el último ingrediente que les faltaba.

Lewis Hamilton estaba en un equipo McLaren que le había dado todo. Piloto protegido del equipo británico desde que era un joven que competía en karting, había llevado los logos de Mercedes siempre en su mono desde que debutó en monplazas, a raíz del acuerdo entre ambos gigantes del suministro de motores de los Stuttgart a los de Woking. Posteriormente, Mercedes fue propietaria del 40% de McLaren, acentuando más aún la relación. El joven inglés debutó en F1 en 2007, asombrando a propios y extraños con su velocidad natural, luchando por ganar el campeonato en su primer año.

No lo logró, pero sólo tuvo que esperar un año para convertirse en aquel entonces en el campeón más joven de la historia del gran circo. Un éxito que le encumbró al olimpo, a él y a McLaren, su principal valedor durante toda su carrera. Pero este éxito quedó ahí y por diferentes circunstancias no se volvió a repetir. En 2012, la relación entre Lewis Hamilton y McLaren estaba muy tocada. No había sido lo que en un principio habían soñado.

Lewis Hamilton domando el Mercedes W08 EQ Power+ bajo la lluvia

Mercedes vio pronto lo que sucedía, y en una hábil negociación, se hizo con los servicios de Hamilton, que en 2013 debutaría con los coches de la marca de la estrella. Ganaron una única carrera aquel año, pero lo importante fue el trabajo de acoplamiento del piloto al equipo, y el desarrollo del coche que iban a pilotar en 2014. Esto se unía a un cambio reglamentario y a unos nuevos motores que iban a revolucionar el panorama. Todo tenía que estar listo para la primera carrera.

Claro que lo estuvo, y de qué manera. Mercedes y Lewis Hamilton arrasaron a la competencia aquel año. Repitieron al año siguiente de una forma aún más apabullante. Y en 2016, lo volvieron a hacer, aunque esta vez fue Nico Rosberg, compañero de equipo de Hamilton, quien ganó el mundial de pilotos. El alemán aprovechó un momento de flaqueza del británico y le birló la cartera. Pero esto fue una lección de la que aprender, pues desde entonces, Hamilton es el señor de Mercedes, el piloto principal de la casa, y actúa como tal. Domina al equipo y lo tiene a su plena disposición, sólo como un verdadero líder sabe hacer.

Porque ganar es fácil si sabes cómo hacerlo. Lo difícil es volver a ganar y mantenerse en la cúspide de la pirámide sin caer. En estos dos años, Ferrari, con Sebastian Vettel a la cabeza, han comenzado un proceso regenerador como el que empezó en su día Mercedes. Están intentando que los germanos caigan de la punta, pero no lo consiguen. ¿Y por qué? Acaso, ¿los de rojo no son tan buenos? Es que, ¿Sebastian Vettel no es un piloto lo suficientemente bueno para medirse contra Lewis Hamilton? Nada de eso.

Lewis Hamilton y Mercedes, una simbiosis total

La clave es la compenetración que hay entre Mercedes, equipo y coche, y Lewis Hamilton. Cuando uno no da la talla, por la razón que sea, que días tontos los tiene cualquiera, el otro lo compensa. Y esto es algo que lo podemos ver desde fuera. Ver a Hamilton conduciendo el Mercedes es poesía pura. La compenetración es tal, que no sabríamos distinguir donde termina el coche y empieza el piloto. Lo mismo sucedía con Michael Schumacher y Ferrari, quizás el único ejemplo, por números, con el que se podrían comparar.

Mercedes y Lewis Hamilton, una relación que está siendo de las más eficientes de cuantas se han dado, que está consiguiendo batir a un equipo y fabricante legendario, como es Ferrari, y a un piloto que es talento puro y destreza, con cuatro campeonatos del mundo en su haber, como es Sebastian Vettel. Porque Vettel, aunque a alguno se le olvide, ya vivió esto. Fue capaz de crear a su alrededor un equipo ganador. Junto a Red Bull y los coches diseñados por Adrian Newey dominó la categoría de 2010 a 2013. Y ahora, se encuentra en un proceso similar para que Ferrari resucite sus años gloriosos. Así que Hamilton y Mercedes están ganando además contra un gran rival.

Dicen que el éxito se mide según el rival que tengas delante. En este caso no cabe duda que el rival es muy duro, por lo que el éxito es aún mayor. Porque no sólo hay que ser ganadores, también hay que parecerlo, y a día de hoy, Lewis Hamilton y Mercedes lo son y lo parecen.