El otro Stirling Moss

El otro Stirling Moss

La figura de Stirling Moss se asocia de manera inevitable a la del gran campeón sin corona de la Fórmula 1. El piloto que, por determinadas razones, no consiguió la anhelada copa que se otorga al mejor conductor de cada año en el Campeonato del Mundo de Pilotos, a pesar de sus resultados y sus capacidades al volante. Sin embargo, la carrera deportiva del británico fue mucho más extensa, llegando a competir en las pruebas más importantes de todo el panorama internacional. Fue allí donde el hombre que nos dejó para siempre hace unos días logró sus mayores gestas.

Stirling Craufurd Moss nació en Londres el 17 de septiembre de 1929. Su padre, Alfred Moss, fue piloto de carreras durante la década de 1920 y consiguió cruzar el charco para disputar las 500 Millas de Indianápolis de 1924. Su hermana, Pat Moss, también fue piloto, pero de rallyes, disciplina en la que está considerada una de las grandes pilotos de la historia tras alcanzar buenos resultados en pruebas como el Tour de Corse o el Rally de Montecarlo. El ambiente de las carreras impregnó la vida del joven Moss desde muy temprano.

Comenzó compitiendo en 1948 con uno de los coches de su padre y pronto sintió atracción por los monoplazas de Gran Premio, preferentemente los británicos. Su debut en una carrera de Fórmula 1 fue en el Gran Premio de París de 1950, prueba no puntuable en la que se tuvo que retirar tras 33 vueltas. En el Gran Premio de Suiza del año siguiente, al volante de HWM 51 – Alta, hizo su ingreso en el Campeonato del Mundo. Desde entonces hasta 1962, cuando puso punto y final a su presencia en la máxima categoría, logró dieciséis victorias en carreras puntuables y diecinueve más en las no puntuables.

Stirling Moss pilotando uno de los coches de su padre, en una de sus primeras carreras. © Klemantaski Collection / Getty Images

De todos aquellos triunfos, destacan los Grandes Premios de Mónaco de 1956, 1960 y 1961, el Gran Premio de Pescara de 1957 (prueba heredera de la antigua Coppa Acerbo) o el Gran Premio de Alemania del ’61 en Nürbugring. Fue un firme impulsor del automovilismo británico, pilotando para marcas como HWM, ERA o Vanwall. Incluso se atrevió a manejar el Ferguson P99, el primer monoplaza de Fórmula 1 con tracción a las cuatro ruedas. Pero por encima de todo ello, fue uno de los flamantes pilotos de Mercedes. Con los coches de la marca de la estrella alcanzó su primer subcampeonato en 1955. Y con ellos realizó su mejor temporada en las carreras de resistencia.

Aquel año de 1955, Moss ganó tres de las seis pruebas que conformaban el Campeonato del Mundo de Sportscar. Y no eran tres carreras al azar. El británico ganó, junto a Denis Jenkinson, la Mille Miglia al volante de un Mercedes 300 SLR; quizás, su victoria más memorable. Después, junto a John Fitch, se llevó el Tourist Trophy; antes de compartir montura con Peter Collins para ganar la mítica Targa Florio, en la que su gran pilotaje fue la clave para que el fabricante alemán consiguiera el Campeonato del Mundo. Pero tanto antes como después de esa temporada fantástica, Stirling Moss logró grandes resultados en las más importantes carreras.

Stirling Moss va camino de la victoria en la Mille Miglia de 1955, al volante del Mercedes 300 SLR. © Yves Debraine / Klemantaski Collection / Getty Images

En 1951, consiguió su primera victoria en el British Empire Trophy, pilotando un Frazer Nash. Le siguieron tres más en 1956, 1958 y 1961. Cuando los aficionados apostados en los laterales del circuito de Dundrod le vieron ganar el Tourist Trophy con Mercedes, era la tercera vez que lo hacía. En 1950 y 1951, en los inicios de su carrera, se alzó campeón de la carrera manejando sendos Jaguar. Y después, cuando la prueba se trasladó al circuito de Goodwood, consiguió cuatro victorias consecutivas entre 1958 y 1961, dos con Aston Martin y otras dos con Ferrari.

En sus múltiples aventuras en las carreras de resistencia, cruzó el Atlántico, como tantos años atrás había hecho su padre, para competir en Estados Unidos. Pero no se dirigió a Indianápolis, sino a Sebring. La base aérea del estado de Florida estaba preparada para acoger una nueva edición de la carrera de 12 horas. Briggs Cunningham, uno de los más importantes empresarios del motor de aquella época, confió en las manos de Stirling Moss y Bill Loyd un O.S.C.A. MT4. Tras medio día de ardua batalla sobre la pista norteamericana, la pareja anglo-estadounidense se alzó ganadora de las 12 Horas de Sebring de 1954.

Stirling Moss pilotando el O.S.C.A. MT4 de Briggs Cunningham durante las 12 Horas de Sebring de 1954

Las 24 Horas de Le Mans tampoco fueron desconocidas para Stirling Moss. Con diez participaciones, estuvo muy cerca de ganarlas en varias ocasiones, sin embargo, el circuito de La Sarthe le fue esquivo. En 1953 y 1956 consiguió terminar segundo, pilotando para Jaguar y para Aston Martin. Vivió el grave accidente de 1955 en primera persona, pues pilotó, junto a Juan Manuel Fangio, el Mercedes 300 SLR que lideraba al equipo. Por orden directa de Stuttgart, se retiraron de la carrera siete horas después del suceso.

Fueron varias las carreras de resistencia y prototipos que ganó Stirling Moss, pero muchas más en las que participó. También se atrevió con los rallyes, muy diferentes en aquella época a lo que son hoy en día. El Rally de Montecarlo se disputaba con coches deportivos y el objetivo era salir de una ciudad de Europa y llegar a Mónaco. El piloto británico participó en tres ocasiones, consiguiendo el segundo lugar en la primera, en 1952 al volante de un Sunbeam-Talbot 90.

El Sunbeam-Talbot 90 con Stirling Moss al volante, camino de Mónaco, durante la nivosa edición del Rally de Montecarlo de 1952

Stirling Moss será recordado como un caballero tanto dentro como fuera de la pista. Pudo ganar el Campeonato del Mundo de Pilotos en 1958, pero evitó reclamar una maniobra prohibida por Mike Hawthorn, quien se llevó el título. Para él importaba lo que ocurría en la pista, no en los despachos. Fuera del ámbito de las carreras, el británico interpretó en 1967 al chófer de uno de los personajes de la película de James Bond Casino Royale, protagonizando una escena divertida y sublime. Lo cierto es que se podrían contar muchas historias y anécdotas del gran piloto inglés, pero nos quedamos con el recuerdo de sus aventuas en aquellas otras carreras en las que también triunfó. ¡Hasta la vista, Sir! Que la tierra le sea leve…

Cuando la isla de Man también era para coches

Cuando la isla de Man también era para coches

En el mundo del deporte del motor, la isla de Man, situada entre las de Irlanda y Gran Bretaña, se conoce por su famoso Isle of Man TT, uno de los mayores eventos motociclísticos del planeta. Los pilotos se lanzan con sus potentes máquinas de dos ruedas a la caza del mejor tiempo en el largo y peligroso circuito de la montaña de Snaefell. Pero hubo un tiempo en el que el Tourist Trophy de la isla de Man también fue el nombre de una carrera de coches.

Estamos en el año 1905, dos años antes de que comience el primer Tourist Trophy para motos. Ya hace algunos años que los primeros coches circulan por algunos caminos y carreteras de Europa, de manera que las carreras entre ellos se van sucediendo de manera natural. Conductores de un sitio y de otro se retan a duelos por ver quién llega antes a un punto en concreto. Así que algún día de aquellos años, alguien pensó que sería una buena idea disputar una carrera de coches en condiciones, con unas reglas básicas y bien organizada. Poco a poco, las competiciones automovilísticas reguladas se fueron sucediendo a lo largo y ancho del continente.

Las carreras en la isla dependiente de la corona inglesa tienen como origen las competiciones conocidas como Gordon Bennett Eliminating Trial. La regulación del uso de los automóviles en la vía pública por parte del parlamento de Reino Unido, estableció un límite de velocidad en la circulación de 20 millas por hora (32 Km/h) en los caminos y carreteras de las islas de Gran Bretaña e Irlanda, quedando la de Man fuera de esa restricción. Así que algunos entusiastas del motor del país se acercaron allí para estudiar la posibilidad de organizar carreras con el beneplácito de las autoridades locales.

Una de las primeras imágenes de carreras en las carreteras de la isla de Man

La administración de Douglas dio el visto bueno, así que aprovechando los difíciles caminos que rodean las cumbres, trazaron un circuito de carreras de 84 kilómetros que recorría casi toda la isla. La primera edición de la prueba, que servía de calificación para la Copa Gordon Bennett que iba a celebrarse ese año en Alemania, estuvo reservada a coches de turismo y fue Clifford Earl a bordo de un Napier quien se llevó la victoria. A finales de mayo del año siguiente, se repitió la experiencia y para septiembre se organizó el primer Tourist Trophy destinado a coches de carreras, con el auspicio del RAC (Royal Automobile Club). John Napier (no confundir con el matemático escocés del siglo XVI), al volante de un Arrol-Johnston, conquistó la prueba en poco más de seis horas, a una velocidad media de 54,56 Km/h.

En 1906, el circuito fue modificado, acortándolo hasta poco más de 40 kilómetros de longitud para evitar que la prueba interfiriera con los servicios de ferrocarril. Charles Rolls, cofundador de Rolls-Royce, se alzó ganador con un vehículo de su propia empresa. Al año siguiente, Ernest Courtis llevó a su Rover 20 hasta la victoria final en la prueba, antes de que el Tourist Trophy cambiara de escenario por razones de seguridad. Lo hizo para establecerse en el trazado que después ha sido su casa, al menos en el caso de las motos. Se estrenaba el circuito de la montaña de Snaefell.

John Napier, el primer ganador del RAC Tourist Trophy en la isla de Man, pasando por delante del público durante la edición de 1905

Sin embargo, su primer nombre fue el de Four Inch Course, que hacía referencia a la nueva regulación que establecía que los cilindros de los motores de los coches participantes tenían que tener un diámetro de cuatro pulgadas. Años después, el nombre del trazado cambió por el de Snaeffel, como se ha conocido desde entonces. La carrera de 1908 fue ganada por William Watson, al volante de un automóvil de carreras Hutton, fabricado por la empresa de ingeniería Napier & Son.

Tras estos primeros cuatro años, el RAC Tourist Trophy dejó de celebrarse. No fue hasta 1914 cuando las cuatro ruedas volvieron a tomar las carreteras del circuito de la isla de Man. El irlandés Kenelm Lee Guinness, al volante de un Sunbeam de Gran Premio, logró alcanzar la gloria. Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial paralizó el mundo, y con ello, las incipientes carreras que iban apareciendo. La prueba no volvió a disputarse hasta unos cuantos años después.

William Watson (Hutton #2), rodando por delante de Kenelm Lee Guiness (Darracq #4), en el Tourist Trophy de 1908

El fin de la Gran Guerra trajo la alegría y el regreso de la competición. El horror y la barbarie quedaron atrás y en la isla de Man se volvió a respirar el aroma de las carreras. El sonido de los motores y el olor de la gasolina quemada regresaron al trazado de Snaefell, donde se congregó la multitud de aficionados en la edición de 1922. Ocho años habían pasado desde la última vez. La gente tenía hambre de carreras y las máquinas, con los pilotos sobre ellas, no defraudaron. El francés Jean Chassagne ganó la carrera. Sunbeam bautizó a su bólido con el nombre de “Tourist Trophy” en homenaje a la prueba, un bonito gesto que se volvió todavía más importante cuando el veloz ingenio mecánico llevó a Chassagne a la victoria.

Pero fue apenas una carrera puntual. Después, un nuevo parón hasta 1928 que marcó el final de la presencia del RAC Tourist Trophy en la isla de Man. La prueba se mudó al norte de Irlanda, al circuito de Ards. La prensa local, autoridades y empresarios presionaron a la organización para llevar la carrera allí, alegando que tenían el trazado perfecto para que el evento creciera y se consolidara. Así, únicamente las motos se quedaron para continuar haciendo vibrar a los aficionados de Man. Los coches abandonaron la isla para no volver, dejando a su gente huérfana de las hermosas y potentes máquinas de cuatro ruedas que durante esos años atronaron las carreteras de la montaña de Snaefell.

Los participantes se preparan para la salida del RAC Tourist Trophy de 1922, la última edición de la carrera de coches en la isla de Man