Jutta Kleinschmidt y la rivalidad dakariana

Jutta Kleinschmidt y la rivalidad dakariana

El Rally París-Dakar de 2001 se recuerda por muchas cosas. De hecho, todas las ediciones de esta gran aventura tienen motivos suficientes para que arraiguen en el imaginario colectivo. Pero, seguramente, la victoria de Jutta Kleinschmidt sea uno de los más recordados, no sólo de aquel año, sino de toda la historia de la prueba. La alemana se convirtió en la primera mujer en conseguir derrotar a la carrera. ¡Y cómo lo hizo!

La piloto comenzó su andadura en el Raid más famoso del mundo sobre dos ruedas. Mujer de ciencias y empleada de BMW, se lanzó a la aventura en 1988, tras varias experiencias en otros eventos de la misma índole. Dos participaciones más en 1992 y 1994, y en 1995 decidió dar el salto a las cuatro ruedas. Pronto entró a formar parte de la estructura de Jean Louis Schlesser, quien además, se había convertido en su pareja sentimental.

Ambos compitieron en la disciplina durante varios años con los buggyes construidos por el propio Schlesser, pero la relación se volvió complicada cuando Jutta empezó a ir tan rápida como él. Pero no nos adelantemos. Antes de eso, Kleinschmidt dio pasos firmes para convertirse en una rival a tener en cuenta. El equipo técnico del preparador francés llegó a un acuerdo con SEAT para motorizar y vestir sus buggyes con chasis cuya silueta sería la de un Ibiza del fabricante español. Era 1997 y la piloto de Colonia alcanzó su primera victoria de etapa con un Schlesser-SEAT. Su confianza aumentó en gran medida, y al año siguiente, era capaz de ir tan rápida sobre la arena y las dunas como su compañero.

Jutta Kleinschmidt pilotando el buggy Schlesser-SEAT

Con la rivalidad entre ellos creciendo hasta niveles poco aconsejables para una pareja, que no sólo lo era dentro de la propia competición, su relación dijo basta. Ambos rompieron sentimental y profesionalmente, y Jutta puso rumbo a Mitsubishi. Jean Louis hizo todo lo posible para que ella no le superara aquel año. La teutona, juró venganza. Y para ello, se preparó como nunca. Física y mentalmente, con una dieta estricta y ejercicio diario, como había hecho siempre, pero aún más.

En 1999, con Mitsubishi, alcanzó el podio en la general. Pero Jean Louis Schlesser ganó la contienda. Se llevó dos victorias de etapa, aunque no fue suficiente. Se preparó todavía más para el siguiente año. A pesar de ello, su ex pareja volvió a hacerse con la victoria, mientras que ella se quedó con un quinto puesto y una victoria de etapa. En 2001 tenía que desquitarse como fuera. Y vaya si lo haría.

Jutta Kleinschmidt junto a su Mitsubishi Pajero

El desarrollo de la prueba dakariana de aquel año se vio envuelto en varios ataques gratuitos y acusaciones entre la estructura Schlesser y Mitsubishi, y concretamente, entre Jean Louis y Jutta. El uno acusaba a la otra de haberle tendido una emboscada, pero lo cierto es que entre tanto rifirrafe, el japonés Hiroshi Masuoka, compañero de equipo de Kleinschmidt, lideraba la clasificación general. La situación no era la ideal y la estructura francesa ideó un plan. En la salida de la penúltima etapa, el propio Schlesser y su compañero Josep María Servià se situaron a la par de Masuoka, arrancando cuando no les correspondía, por delante del nipón. Esto les acarrearía una sanción, pero su estrategia empezó a dar sus frutos cuando Hiroshi se lanzó como un poseso a dar caza a sus rivales.

No había necesidad, pero el piloto de Mitsubishi picó en el anzuelo. Como si de una carrera al sprint se tratara, Masuoka superó con agresividad a Servià, dañando el eje trasero de su Mitsubishi Pajero. Debieron parar para repararlo. Su cabreo y el de su copiloto, Pascal Maimon, era evidente. Trataron de detener a Servià, pero fue en vano. Los dos buggyes de Schlesser entraron primeros en meta, metiéndole casi una hora a Masuoka. El japonés no dudó y presentó una reclamación. Y es que, ¡Schlesser era el nuevo líder de carrera! Esto no podía terminar ahí.

Jutta Kleinschmidt, copilotada por Andreas Schulz, negociando las dunas durante el Rally París-Dakar de 2001

Los comisarios aceptaron la reclamación y sancionaron a ambos buggyes, perdiendo el liderato. Pero Masuoka también había perdido mucho tiempo. De manera que Jutta Kleinschmidt, que esperaba una oportunidad para dar caza a los coches de delante y que no había entrado en la estratagema, a pesar de haber tenido sus más y sus menos en etapas anteriores, se puso líder de la prueba. ¡Y sólo faltaba una etapa! La tensión era máxima. Estaba por ver que sucedería en la última especial en Senegal.

Finalmente, las posiciones se mantuvieron y Jutta Kleinschmidt entró victoriosa en el Lago Rosa. Así se convirtió en la primera mujer en ganar el París-Dakar, acallando muchas bocas y poniendo fin a una rivalidad absurda con su antigua pareja. Masuoka pudo desquitarse ganando las dos ediciones posteriores. Y Schlesser… Impugnó la victoria, pero la FIA ratificó la decisión de los comisarios meses después, dando carpetazo al asunto. De esta forma terminó la edición más polémica de la historia del Rally Dakar. Pero también la que encumbró a Jutta Kleinschmidt al olimpo del automovilismo.

Indy 500: Drivers, start your engines

Indy 500: Drivers, start your engines

Este fin de semana se celebra la 103ª edición de una de las carreras más emblemáticas del mundo, las 500 millas de Indianápolis, la Indy 500. La carrera estadounidense es una de las tres que conforman el título virtual de la Triple Corona, junto con las 24h de Le Mans y el GP de Mónaco, con el que coincide este fin de semana y del que os hablábamos en Chapuzón monegasco.

La Indy 500 es la mayor carrera de monoplazas del continente americano, y la épica se escribe en cada uno de los 4023 metros y las cuatro curvas de este óvalo. Muchos pilotos se han jugado la vida en el “Brickyard” para ser el más rápido y disfrutar de la botella de leche con la que se celebra la victoria en la cita americana. La tradición de celebrar la victoria con leche en lugar de champagne viene de 1936, cuando Louis Meyer celebró su victoria ese año con esa bebida por que su madre le dijo que le ayudaría a recuperarse del esfuerzo.

La tradición se ha mantenido, con la excepción más sonada en 1993, edición en la que el vencedor fue el mítico Emerson Fittipaldi. El brasileño quiso promocionar su explotación de cítricos celebrando la victoria con zumo de naranja en lugar de leche. El enfado de los aficionados fue mayúsculo, y todavía ahora muchos fans de la carrera siguen molestos con el expiloto de Fórmula 1.

Dan Wheldon celebrando la victoria, tras la accidentada edición de 2011, con la tradicional botella de leche.

La edición de este año viene marcada por el desastre de McLaren y la no participación de Fernando Alonso. Pero la competición está más viva que nunca. En una carrera en la que cualquiera puede ganar, debido a la gran cantidad de contratiempos y la diversidad de estrategias, los grandes nombres del campeonato como Helio Castroneves o Simon Pagenaud, que sale desde la «pole position», se miden a jóvenes pilotos como Colton Herta, o pilotos que solo disputan esta cita, como el catalán Oriol Servià al que seguiremos con especial atención.

En la anterior edición Servià, que salía desde la posición 26, consiguió un buen ritmo de carrera y a falta de pocas vueltas lideraba la carrera. Estuvo a punto de hacerse con la victoria, pero la estrategia jugó en su contra al final de la carrera. La falta de combustible obligó a parar al catalán a pocas vueltas para el final cuando tenía la carrera en su mano. Este año saldrá 19º, así que tocará ver hasta donde puede progresar el español con más participaciones en la mítica cita, con un total de 12 veces.

Como curiosidad, la Indy 500 vio nacer al primer coche de competición con retrovisores, en su primera edición en 1911. El Marmon Wasp de Ray Harroun, fue el primer coche con un espejo para ver lo que pasaba detrás y el único de la parrilla con ese sistema. En el resto de coches, iban montados el piloto y un mecánico que informaba al primero sobre lo que pasaba a su alrededor, pero el Wasp era demasiado estrecho y se optó por montar un espejo. Como no podía ser de otra forma, el resto de pilotos se quejaron del peligro que suponía que no hubiese nadie ayudando al piloto, además de la diferencia de peso con el resto de coches. Al final, el retrovisor ha sobrevivido hasta nuestros días, más de 100 años después de esa primera edición.

El Marmon Wasp de Ray Harroun con el retrovisor justo delante del piloto.

Este fin de semana toca disfrutar de la 103ª edición de la prueba. Más de tres horas de la más pura competición a más de 360 km/h. El “Brickyard” será el que decida al vencedor y no al revés, y es que las banderas amarillas, coches de seguridad, y contratiempos en general hacen de esta una de las carreras más imprevisibles y entretenidas del año. Preparen algo para picar, una bebida fresca y acomódense bien en el sofá. Ha llegado el día de la gran carrera de los óvalos, hagan silencio para escuchar las míticas palabras: “Drivers, start your engines”.