Lluvia torrencial

Lluvia torrencial

Agua, mucha agua. Los pluviómetros a rebosar y el asfalto anegado. Había empezado a llover con fuerza durante la carrera soporte de turismos y se había mantenido hasta el momento de dar la salida a la prueba principal, la de Fórmula 1. Adelaide era la sede de un Gran Premio de Australia que sería recordado. Su circuito urbano era una piscina en la que los pequeños monoplazas deberían nadar a contracorriente para mantenerse en pista. El caos estaba a punto de desatarse.

Sorprendentemente, la salida se dio sin incidentes. Los McLaren de Ayrton Senna y Gerhard Berger mantuvieron las dos primeras posiciones, con el Williams de Nigel Mansell justo detrás. Riccardo Patrese no pudo mantener el tipo y perdió varias plazas. Pero el pelotón se mantuvo firme sobre una superfície que cada vez estaba más encharcada. La primera vuelta fue limpia, pero los violentos contravolantes de Senna para mantener su bólido sobre lo negro daban cuenta de lo resbaladizo que estaba el asfalto.

El primer aviso lo dio Gerhard Berger, cuando se salió de pista y perdió la segunda plaza en favor de Mansell. El británico puso la directa y recortó la distancia con Senna. Entre tanto, llegó el segundo aviso de la mano de Nelson Piquet. El piloto de Benetton perdió el control de su monoplaza en la curva de entrada a la recta trasera, realizando un trompo sobre el piano exterior. La visibilidad era cada vuelta peor y el tercer aviso vino de la mano de unas banderas amarillas que avisaban de un accidente que los líderes casi se tragaron.

Ayrton Senna lideraba bajo la presión de Nigel Mansell

Mansell ya estaba encima de Senna, la lluvia arreciaba y la recta de atrás esperaba casi bloqueada. Los trapos gualdos no eran fáciles de ver y los comisarios se afanaron en avisarles de lo que tenían delante agitando sus brazos. Lograron parar a tiempo para pasar entre los coches destrozados de Nicola Larini y Jean Alesi, uno a cada lado del circuito. Un Lamborghini y un Ferrari aparcados contra las barreras, separados por un estrecho carril de mojado asfalto. Un coche frente al otro. Curiosa situación.

Empezaron a aparecer los primeros coches doblados, que con una aerodinámica mucho más pobre que los punteros, les era muy difícil disipar la gran cortina de agua que tenían delante. El aquaplanning era cada vez mayor y la visibilidad, menor. A pesar de ello, la presión de Mansell sobre Senna seguía siendo muy alta. El brasileño no conseguía despegarse del morro del Williams pilotado por el inglés. Contravolante tras contravolante, lograban mantener sus monturas entre las líneas blancas. Pero por detrás, la situación en el pelotón era un infierno. No se veía nada. Y los accidentes, trompos y salidas de pista se fueron sucediendo vuelta tras vuelta.

La recta trasera fue el punto que más víctimas se cobró. Schumacher y Martini se sumaron a los ya accidentados Alesi y Larini. Y el caos se desató. Un batiburrillo de monoplazas, coches de asistencia, banderas y sirenas se armó en la frenada más fuerte del circuito, un lugar muy peligroso ante semejantes condiciones que los pilotos supervivientes fueron sorteando con maestría. Cualquier movimiento errático podía poner en riesgo la vida de pilotos, comisarios y asistencias.

La visibilidad era nula dentro del pelotón

La lluvia aumentó su intensidad y el aquaplanning se generalizó. La visibilidad era nula. Y Mansell no pudo evitar perder el control de su Williams, trompeando y estampándose contra la barrera. Instantes después, Berger perdió el control de su McLaren en el mismo lugar que lo había hecho Piquet varias vueltas antes, haciendo también un trompo. Tras catorce vueltas, la meteorología dijo basta. El cielo descargaba agua con toda su furia.

No se veía nada. Y Senna empezó a bracear. Recordaba bastante bien el aguacero que había tenido que soportar dos años antes. Redujo la visibilidad y moviendo los brazos en alto, pidió la suspensión de la carrera. Ante tal situación, dirección de carrera decidió detener la prueba. Los comisarios ondearon bandera roja y pusieron fin al caos y al peligro que conllevaba continuar en esas circunstancias. El agua hacía imposible conducir esas bestias y la densa niebla se instaló sobre el asfalto para evitar cualquier conato de reemprender la carrera.

La grua retira el Williams-Renault de Nigel Mansell, tras su accidente

Habían sido dieciséis vueltas y treinta y ocho minutos de auténtico calvario. Finalmente, se tomaron como resultados oficiales los del paso por meta en la vuelta 14, por lo que la carrera se dio por finalizada tras veinticuatro minutos. Ayrton Senna fue declarado ganador. Nigel Mansell terminó segundo, pero debido a su accidente no pudo subir al podio por estar en el centro médico. Gerhard Berger subió al tercer escalón. Salvo el brasileño, ninguno de los tres primeros logró completar todas las vueltas que se disputaron. Las vueltas que conformaron el Gran Premio del Campeonato del Mundo de Fórmula 1 más corto de la historia.

Ferrari: Un caballo de 90 años

Ferrari: Un caballo de 90 años

Rojo, pasión, tradición, deportividad, velocidad, ingenio,… Todos estos adjetivos son aplicables a lo que hoy en día es Ferrari. La marca italiana cumple 90 años, y lo celebra con motivo del Gran Premio de Italia, su carrera de casa. Monza es el escenario idóneo para conmemorar el nacimiento de una de las mayores leyendas del automovilismo. El fabricante de coches deportivos más reconocido a nivel mundial. El equipo por excelencia de la Fórmula 1.

Pero Ferrari es más, mucho más. Desde sus inicios en 1929, o incluso antes, en aquellos años en que Enzo Ferrari se buscó la vida como mecánico y piloto de carreras. Porque si el rojo viene de la herencia de pintar los coches italianos de ese color, la pasión viene de aquel hombre menudo que consiguió convencer a los directivos de Alfa Romeo para pilotar sus coches. Y más tarde, para gestionar su división deportiva.

Ferrari bebe de la tradición automovilística de Alfa Romeo. Si “Il Commendatore” es el padre de la criatura, el fabricante milanés es la madre. Aquellos difíciles años ’30 del siglo pasado estuvieron dominados por los coches alemanes. Pero si no hubiera sido por la velocidad y el ingenio que desarrollaron los hombres con el emblema del caballo encabritado, el dominio hubiera sido aún mayor. Sólo ellos fueron capaces de frenar a la maquinaria teutona. Y tras la guerra, en un alarde de deportividad, fueron los primeros en volver a las carreras.

Tazio Nuvolari, pilotando el Alfa Romeo Tipo B de Scuderia Ferrari en el Gran Premio de Pau de 1935, camino de la victoria

Pero regresaron de una manera muy diferente a como se habían ido. Antes de aquel gran conflicto bélico que destrozó Europa, Alfa Romeo y Scuderia Ferrari eran casi lo mismo, en cuanto a las carreras se refiere. En Milán pusieron toda la carne en el asador en favor de aquella estructura deportiva que había comenzado como un cliente más. Casi todo lo que lograron, lo hicieron juntos. Pero los tiempos habían cambiado. Ferrari quiso crecer, y sin despreciar a Alfa Romeo, se establecieron como fabricantes de coches.

Primero se formó la empresa Auto Avio Costruzioni, que fabricó el primer coche “Ferrari”, el Auto Avio 815. Por cuestiones legales con Alfa, no pudo llevar el nombre de su creador, por un plazo de cuatro años desde la salida del gran visionario del fabricante de Milán. Así que el 125 S, el primer deportivo 100% Ferrari, nació en 1947. De esta manera, cuando volvieron a la competición, Alfa Romeo iba por un lado y Ferrari por el otro.

Lorenzo Bandini, uno de los pilotos de Ferrari más añorados, pilotando el 312 en 1966

La normativa de Fórmula 1, aplicada al Campeonato del Mundo de pilotos, favoreció ese retorno. Y tras dos años de dominio alfista, Ferrari se quedó, con el permiso de Maserati, como el estandarte italiano en las carreras. Comenzó una era en la que el rojo impregnaría las pistas de carreras de medio mundo. De los monoplazas, pasaron a los Sport Prototipos, e incluso hubo algún conato de conquistar los óvalos americanos. También en carreras de montaña tuvieron su protagonismo, y el “Cavallino Rampante” conseguía la gloría allá donde iba.

Pero también se forjaron rivalidades eternas. Los piques, dentro y fuera de la pista, dieron lugar a salvajes duelos con otros fabricantes. Duelos que todavía no se han resuelto a día de hoy. Bien fuera por el carácter del gran jefe, o por la envidia que pudieran despertar los éxitos de los de Maranello, la gran rivalidad con Ford no fue fruto de la casualidad. Y nos regaló momentos sublimes durante varios años. Tampoco, la rivalidad con Lamborghini. Enzo Ferrari consiguió, seguro que sin quererlo, que un constructor de tractores se lanzara, con muy buen acierto, a la fabricación de coches deportivos.

Chris Amon manejando el Ferrari 312P durante los 1000 Km de Nürburgring de 1969

Enzo Ferrari defendió durante años los intereses de la gran obra de su vida. La marca de Maranello se lo debe todo a él. Cuando falleció, en 1988, tenía 90 años, los mismos que ahora cumple la Scuderia Ferrari. El italiano sobrevivió a las atrocidades de la Primera Guerra Mundial, defendió su legado en las carreras de la época de entreguerras, hizo de Ferrari lo que es hoy. Pero también sufrió. La muerte de su hijo Dino, fue un varapalo del que nunca se pudo recomponer. Como homenaje, todos los Ferrari con transmisión trasera y motores de menos de doce cilindros, fueron nombrados “Dino”.

Tras años al pie del cañón, el hombre que llevaba el peso de la marca, decidió ir dejando paso a otros que pudieran hacer sus labores. Los años pesan para todos, y para Enzo Ferrari no fue una excepción. Luca Cordero di Montezemolo tomó las riendas, tras años dirigiendo la Scuderia. Y bajo su batuta, Ferrari volvió a dominar el panorama automovilístico. El camino fue largo y tedioso, pero tras varios años en blanco, la llegada del siglo XXI le sentó de fábula a la marca italiana. Seis campeonatos del mundo de constructores de Fórmula 1 consecutivos, y el dominio absoluto de la categoría, les llevaron a ser el equipo más laureado de todos los tiempos.

Michael Schumacher, el piloto que marcó una época en la Fórmula 1 junto a Ferrari, pilotando el F2004 en el Gran Premio de Estados Unidos de 2004

Los nuevos tiempos están marcando un nuevo futuro para la industria, y Ferrari no es ajena a esos cambios. La salida a bolsa o el desarrollo de sistemas híbridos en motores cada vez más pequeños están en las antípodas de la concepción original de una empresa que se adapta a los cambios para seguir dando alegrías a los miles de tifosi que pueblan el mundo. Esos que con sus ánimos, hacen que el caballo siga encabritado. Por otros 90 años de carreras y pasión por el automovilismo. Forza Ferrari!

La perla de Asia se llama Gran Premio de Macao

La perla de Asia se llama Gran Premio de Macao

La Región Administrativa Especial de Macao de la República Popular China acoge una nueva edición del Gran Premio de Macao, una carrera que se celebra sobre un circuito urbano en la antigua colonia portuguesa. La principal prueba, la que da nombre al evento, será la de Fórmula 3, en la que los principales pilotos de la categoría a nivel mundial se darán cita para discernir quién se lleva el triunfo en una de las carreras más prestigiosas del mundo.

Aparte de los F3, también competirán coches de Turismo y GT, además de motos. En el caso de estas últimas, se trata de una de las pocas carreras de motocicletas de competición en un circuito urbano a nivel internacional. En cuanto a la categoría de Turismo, en años anteriores se ha venido celebrando un evento del Campeonato del Mundo de Turismos, usualmente el último de la temporada. Este año serán las tres últimas carreras del año del nuevo WTCR o Copa Mundial de Turismos. Aquí han ganado pilotos de la talla de Hans Joachim Stuck, Manfred Winkelhock, Roberto Ravaglia, Emanuele Pirro o Jörg Müller. Más recientemente, el protagonismo se lo han llevado Robert Huff, Alain Menu o Yvan Muller.

Mika Mäki por delante de Brendon Hartley y el resto del pelotón durante el Gran Premio de Macao de 2008

En GT, Macao acoge desde 2015 la Copa Mundial de GT, un evento de carrera única en la que se dan cita los primeros espadas de los campeonatos de GT del mundo. Toman el principal protagonismo los pilotos oficiales de las marcas que compiten en las Blancpain Series, como herederas del extinto mundial de GT de la FIA. Aquí han triunfado grandes nombres, como Edoardo Mortara, Maro Engel o Laurens Vanthoor. Este último protagonizó una de las imágenes más rocambolescas de la carrera en 2016, cuando al darse la resalida tras una bandera roja, el belga golpeó las barreras, volcando y quedándose boca abajo mientras el techo del coche seguía deslizándose por la pista. Se sacó de nuevo bandera roja y la carrera no fue reanudada. Fue declarado ganador de la carrera de GT, pues al producirse la primera bandera roja era el líder.

El Circuito da Guia, nombre que recibe el trazado urbano macaense, discurre por la zona del puerto hacia el Hotel Lisboa, donde gira para tomar la carretera que bordea la colina para bajar de nuevo al puerto. En total, 6120 metros de distancia que los coches de Fórmula 3 recorren en 2 minutos y 12 segundos aproximadamente.

El pelotón del WTCC toma la curva Lisboa durante la primera carrera de 2014. © Yokohama Tyres

El origen del Gran Premio de Macao se remonta a 1954, cuando fue concebida como una carrera para pilotos locales y amateur que se iba a celebrar en las calles de la ciudad. Dado el éxito de la primera edición, los organizadores se dieron cuenta pronto de que podrían atraer equipos y pilotos profesionales a un escenario tan exótico y con tanto que ofrecer. Fue así como la carrera fue creciendo, aunque manteniendo su espíritu amateur. Hasta 1966, cuando Mauro Bianchi se inscribió con un Alpine T66 oficial. El piloto belga se llevó el triunfo y comenzó una escalada en la profesionalización de la prueba que llega hasta el día de hoy.

Al año siguiente se introdujo la carrera de motocicletas, y en 1983 llegó la normativa de Fórmula 3 con el apoyo de la FIA, pasando a ser la Copa del Mundo de F3, con lo que estos monoplazas pasaron a sustituir a los de Formula Pacific, los principales desde 1974. Con los nuevos coches, el brasileño Ayrton Senna inscribió su nombre para siempre en el libro de ganadores de la carrera con un Ralt RT3 con motor Toyota. Desde entonces, la mayoría de pilotos que han llegado a lo más alto del automovilismo en circuitos han ganado allí. De entre todos ellos, destaca Michael Schumacher, que ganó el Gran Premio de Macao en 1990, batiendo al que después sería su principal rival en Fórmula 1, Mika Häkkinen.

Los F3 trazando la cerrada horquilla de Melco

En la edición de este año, el Gran Premio de Fórmula 3 verá sobre la pista a los principales pilotos de los campeonatos europeo, asiático y japonés de Fórmula 3, además de algunos habituales de la Super Formula, Fórmula 4 alemana y DTM. Destacan los nombres de Mick Schumacher y Jake Hughes, campeón de Europa de Fórmula 3 y líder del campeonato de Asia de Fórmula 3, respectivamente. Así mismo, estará presente Sho Tsuboi, que con 17 victorias en 19 carreras, ha dominado con mano de hierro el campeonato japonés de Fórmula 3. Otros nombres importantes que acudirán a la cita son los de Marcus Armstrong, Robert Shwartzman, Daniel Ticktum (ganador en 2017), Jüri Vips, Álex Palou o Sophia Flörsch.

Pero no hay que dejar de lado los turismos y los GT, donde la competencia será feroz. En estas tres últimas carreras del WTCR, el experimentado Gabriele Tarquini tendrá que defender el liderato de la general ante su principal rival, Yvan Muller. Otros tres pilotos más tienen opciones de hacerse con el título, el sueco Thed Björk, el español Pepe Oriola y el francés Jean-Karl Vernay. Por lo que respecta a los GT, grandes nombres del panorama internacional se van a dar cita representando los intereses de las marcas que participarán. Mercedes, Nissan, Audi, Porsche y BMW tendrán a sus pilotos oficiales como los mejores defensores de sus intereses.

Daniel Ticktum, último ganador del Gran Premio de Macao de F3, durante la carrera de 2016

El 65º Gran Premio de Macao verá coronarse a un nuevo ganador en F3, al campeón de la primera Copa del Mundo de Turismos WTCR y al campeón de la Copa del Mundo de GT. Los primeros entrenamientos comienzan el jueves, día en que se disputa también la primera sesión de calificación de los F3. El viernes se repite programa, con la segunda sesión, y el sábado se celebra la carrera de calificación, cuyo resultado determinará la parrilla de salida del Gran Premio que se disputa el domingo. Y todo en un escenario idílico a la par que estético, porque el Circuito da Guia es un desafío no sólo para los pilotos, también para los ingenieros que tienen que poner los coches a punto para una montaña rusa rodeada de guardarraíles donde los accidentes y las montoneras están a la orden del día.