El DTM en la encrucijada

El DTM en la encrucijada

Cuando Mercedes anunció su salida del Máster Alemán de Turismos al término de la temporada 2018, ciertas personalidades del automovilismo alertaron de las consecuencias a largo plazo que la decisión de la marca de Stuttgart podría tener en el futuro del campeonato. Pero, sobretodo, trataron de ver por qué el fabricante abandonaba un certamen que era su casa. Había muchas incógnitas y pocas respuestas. Los cambios en el sector del automóvil, la electrificación, la nueva reglamentación Class One y otras razones se pusieron sobre la mesa.

Durante años, varios campeonatos compitieron sin mirarse el uno al otro, a pesar de tener ciertas similitudes. Un buen día, en algún despacho a alguien se le encendió la bombilla y comprobó lo beneficioso que sería que el DTM, el Super GT o la categoría de GT del IMSA compartieran un mismo reglamento para, en un futuro, oficializar un gran certamen a nivel mundial. O al menos, que coches de tres continentes diferentes pudieran batirse en duelo en las mismas carreras. La idea no era mala, de hecho, es el sueño de cualquier apasionado del motor. Pero no era tarea sencilla.

Se puso sobre la mesa, se concertaron reuniones y se acordaron las bases sobre las que trabajar. Sin embargo, el tiempo pasaba y únicamente el DTM había dado el visto bueno a transformar sus potentes turismos en bestias vitaminadas bajo la nueva normativa Class One. El Super GT también dio el paso, pero no así el IMSA. Se hicieron los remolones y finalmente, únicamente los alemanes y los japoneses se pusieron de acuerdo para construir coches bajo la misma especificación técnica.

La cuenta atrás para el semáforo que dicte el futuro del DTM ha empezado a descontar

Entre tanto, el mundo del motor se vio envuelto en una serie de cambios provocados por los vaivenes de la industria y los mercados. La progresiva electrificación de las marcas dio pasos de gigante cuando el escándalo de las emisiones del grupo Volkswagen salió a la luz. Casualmente, lo hizo poco después de la lucha de poder que se vivió dentro de la empresa alemana en la que Ferdinand Piëch y sus acólitos tuvieron que dejar paso a Martin Winterkorn en su ascenso al poder dentro de la compañía. En pocos meses, la empresa matriz de Audi, Porsche, Seat y tantas otras marcas, cambió varias veces su punto de vista respecto a la competición.

De un “rotundo no” a la Fórmula 1 se pasó a un “es posible”. Y de ahí, conforme la información sobre las emisiones se transformaba en escándalo a nivel mundial, al giro total para focalizarse en los coches eléctricos. Había que limpiar la imagen y sólo se les ocurrió centrar sus esfuerzos en competiciones eléctricas. El Campeonato del Mundo de Resistencia, a pesar de la hibridación, dejaba de tener cabida en su nueva estrategia en el deporte de motor. Obviamente, la Fórmula 1 volvía a ser algo inconcebible. Era cuestión de tiempo que el DTM recibiera con amargura el adiós de una de sus marcas míticas.

Pero, ¿por qué ahora? Mercedes se ahorró construir coches Class One en el certamen alemán al decidir marcharse. Quizás hubiera sido un buen momento para Audi, aprovechando la coyuntura. Claro, que eso habría herido de muerte al campeonato. El fabricante de Ingolstadt se centrará, una vez termine este año, en la Fórmula E y en otros campeonatos “verdes”. En poco tiempo, abandona, no sólo el DTM, sino también el Campeonato del Mundo de Rallycross, donde tenía una de las mejores máquinas; la Copa del Mundo de Turismos (WTCR) y reduce sustancialmente el apoyo a equipos privados y semioficiales en el ámbito de los GT. Es su decisión, como lo fue en su día de Mercedes.

Salvo un anuncio que remate al certamen, BMW se quedará como única marca en el DTM más allá de 2020

Ante este panorama, únicamente queda BMW como baluarte del campeonato. Una única marca que ya veremos si no toma el mismo camino que sus compatriotas. ¿De qué les sirve competir contra ellos mismos? La entrada de Aston Martin, bajo la estructura R-Motorsport y el apoyo inicial de HWA, no cuajó. Quizás fue un aviso de lo que podía pasar en pocos meses. Por otra parte, la situación con las marcas japonesas se torna complicada. Les venía muy bien pelear contra las europeas, pero si no van a estar, ¿les sale a cuenta todo el cambio reglamentario, con los costes que ha conllevado y conlleva, para quedarse como estaban? Otra pregunta más sin resolver. En resumidas cuentas, ¿quién invertiría en un certamen con tantas incógnitas? La situación es verdaderamente difícil y la solución no es nada sencilla.

Existen tres posibles alternativas que ITR, la empresa organizadora del DTM, con Gerhard Berger a la cabeza, podría escoger. La primera es adoptar un reglamento estrictamente de turismos y volver a los orígenes. Sea con el TCR, el cual ha demostrado ser un éxito; o con uno propio. Claro que eso eliminaría el carácter especial del campeonato para convertirse en un certamen nacional de turismos más. La segunda opción es dar un paso adelante y fusionarse con el GT Masters, o llegar a algún acuerdo con el certamen alemán de GT. Por último, se abre la posibilidad de ascender de categoría al recién creado DTM Trophy, la nueva categoría soporte del campeonato con coches GT, con buen recibimiento por parte de las marcas.

Negros nubarrones se atisban en el horizonte del DTM

Ciertamente, el DTM se encuentra en una encrucijada. En su día ya vivió una que terminó por finiquitar el campeonato para volver a renacer de sus cenizas. Entonces fue el aumento de los costes lo que condenó al certamen. Pero ahora, no es tanto una cuestión explícitamente moneraria, sino un problema de incertidumbre. No se sabe qué va a pasar. No se conoce hacia dónde va a ir el mercado automovilístico. Ni por qué el campeonato alemán sufre tanto con todo ello. Lo primero que deben hacer sus responsables es resolver estas incógnitas. Mientras tanto, cada vez quedará menos tiempo para que el Máster Alemán de Turismos recupere el lugar que nunca debió perder.

Oriente y occidente se dan la mano en Hockenheim

Oriente y occidente se dan la mano en Hockenheim

Ha llegado el momento que todos estábamos esperando. Tras varios años de desarrollo de la normativa Class One, el DTM alemán y el Super GT japonés celebrarán su primera carrera conjunta este fin de semana en el circuito de Hockenheim. Ambos campeonatos han adaptado su normativa técnica a estas reglas que buscan hacer de estos coches, entre un turismo y un GT (pero nada que ver con ninguno de los dos tipos), unos de los más especiales del mundo de la competición automovilística.

El Máster Alemán de Turismos será el anfitrión esta vez, y será el mes que viene cuando le toque el turno de corresponder al principal campeonato automovilístico de Japón, con el permiso de la Super Formula. Será en el circuito de Fuji, con una carrera fuera de campeonato organizada para la ocasión. En Hockenheimring se van a dar cita los habituales Audi, BMW y Aston Martin que realizan el certamen completo para disputar la última reválida del año, a los que se sumarán los Lexus, Nissan y Honda, tres coches del Super GT para completar una parrilla de ensueño, con seis marcas involucradas.

Desde que se anunció la intención de los organizadores de ambos campeonatos de establecer un reglamento técnico común, no han sido pocas las reuniones que se han ido celebrando para consensuar una normativa que fuera del agrado de todos. De entrada, el formato del DTM y el del Super GT son distintos. Mientras las carreras del campeonato alemán tienden a ser al sprint, las del país del sol naciente se inclinan hacia un concepto cercano a las pruebas de resistencia. Además, en el caso nipón, existen dos categorías. Para esta carrera, serán los coches participantes en el GT500, la máxima dentro del campeonato, los que tomarán parte en el circuito germano.

René Rast, campeón 2019 del DTM, pilotando su Audi RS5 Turbo DTM del Team Rosberg. © DTM

Las alineaciones de Audi, BMW y Aston Martin no variarán, con el recientemente coronado campeón, René Rast, defendiendo su condición. El piloto de Minden ha dominado el año, logrando seis victorias. Con ellas, ha reverdecido laureles, tras lograr el título en 2017 y quedar subcampeón el año pasado. Su final de 2018 fue una muestra de intenciones de lo que haría durante el presente, encadenando seis triunfos en las seis últimas carreras.

Pero el DTM ha vivido muchas emociones fuertes esta temporada. La retirada de Mercedes tras años y años en competición, supuso la llegada de Aston Martin, con R-Motorsport como estructura oficial y bajo el paraguas de HWA, socios de Mercedes en el mundo de las carreras. El fabricante británico ha alineado cuatro coches, dos menos que BMW y cuatro por detrás de Audi, la marca que más implicación ha demostrado este año en el concurso alemán. Aston Martin comenzó con un coche cuyo rendimiento no estaba a la par de los de Munich o Ingolstadt, pero poco a poco, y con la benevolencia de la organización, han ido alcanzando el nivel requerido para plantar cara a sus rivales.

Jamie Green, volando sobre el asfalto. © DTM

Daniel Juncadella se ha mostrado hasta ahora como el más eficiente, siendo el mejor colocado de los pilotos del constructor de Gaydon en la clasificación general. Por su parte, Audi y BMW han continuado con la lucha por ser la mejor marca del año en el DTM. No han sido rivales para Aston Martin, pero los de los cuatro aros tampoco han cedido ante la maquinaria de los de la hélice blanquiazul.

Para la cita de Hockenheim, la última del año, los fabricantes involucrados en el Super GT acudirán con una representación limitada en esta primera toma de contacto. Ryo Hirakawa y Nick Cassidy se turnarán para pilotar el Lexus LC500 GT500 que gestionará la estructura TOM’S. Por su parte, la división deportiva de Nissan, Nismo, será la encargada de llevar su GT-R Nismo GT500 hasta Europa, recayendo las responsabilidades del pilotaje en Tsugio Matsuda y Ronnie Quintarelli, también alternándose al volante. Finalmente, Jenson Button defenderá los colores de Honda, cuyo NSX-GT GT500 estará bajo la tutela del Team Kunimitsu.

Jenson Button, conduciendo el Honda NSX-GT GT500 del Team Kunimitsu, con el que competirá en la cita del DTM en Hockenheim. © GTA

Tras esta primera prueba, el fin de semana del 23 y 24 de noviembre llegará el momento de que el DTM se desplace a Japón. El trazado de Fuji Speedway los recibirá con los brazos abiertos para disputar una carrera que verá a Audi y BMW intentar batir a Lexus, Honda y Nissan en su propia casa. Veremos si eso sucede o no, pero de momento, habrá que disfrutar con lo que acontezca en la primera carrera en la que se verán las caras todos los coches bajo reglamento Class One.

La tremenda historia de Norisring

La tremenda historia de Norisring

El circuito de Norisring es un trazado urbano que se monta en la ciudad de Núremberg para acoger cada año una de las citas del DTM, el Máster Alemán de Turismos. Concretamente, se ubica en el conocido Campo Zeppelin, el lugar en el que el Partido Nazi realizaba sus mítines políticos durante el Tercer Reich. El sitio desde el que Adolf Hitler y el resto de miembros destacados nazis arengaban a las masas y mostraban el poderío de la maquinaria nacionalsocialista.

La tribuna desde la que lanzaban sus discursos sigue intacta y fue de las pocas construcciones que no sufrieron daños tras los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Por ello, un par de años después del fin de la contienda, algunos entusiastas a las carreras decidieron organizar carreras alrededor de la enorme tribuna de más de 300 metros de largo. Usando el campo para montar la recta de meta, garajes y paddock, diseñaron una pista que fue variando de configuración.

Años después, el diseño se estableció, con un trazado de poco más de dos kilómetros de longitud, enlazando curvas lentas con zonas rápidas, lo que lo convierte en uno de los circuitos más técnicos del calendario del DTM. El campeonato alemán hizo su primera visita en 1984, en su temporada inaugural. Ahora goza de ser una de las citas anuales con más repercusión. Si la Fórmula 1 tiene a Mónaco, el DTM tiene a Norisring como su circuito urbano en el que los aficionados pueden estar muy cerca de los coches, vuelta tras vuelta.

La famosa tribuna, con los guardarraíles que delimitan el trazado de Norisring en primer plano

Pero los turismos germanos no fueron los primeros en hacer de Norisring uno de sus circuitos estrella. Años antes, el protagonismo fue de los coches de Sport Prototipos y GT. Sus tremendos motores atronaban la ciudad durante todos y cada uno de los múltiples giros en carreras de larga distancia. Así nació el Trofeo Norisring (ADAC Norisring Trophäe, oficialmente) en 1967, que agrupó las competiciones que se hacían allí cada año. Campeonatos como la desaparecida Interserie, el DRM (predecesor del DTM), o el certamen teutón de Supercars visitaron el lugar.

En una de aquellas carreras perdió la vida uno de los pilotos con mayor proyección de su época. Un piloto que, como su hermano Ricardo, estaba destinado a hacer grandes cosas en el automovilismo. El circuito de la ciudad de Núremberg truncó la vida de Pedro Rodríguez un 11 de julio de 1971, cuando el coche de Kurt Hild, que iba más lento e iba a ser doblado por el líder de la carrera, mandó al Ferrari 512M de Rodríguez contra la valla. El vehículo se incendió al desparramarse el combustible como consecuencia del impacto, y el mexicano no pudo hacer nada para salvar su vida.

El pelotón del DTM afrontando la horquilla de Grundig

Si hubo un campeonato importante allí fue el Campeonato del Mundo de Sport Prototipos, que en 1986 y 1987 celebró las 1000 Millas de Núremberg. El entonces mundial de resistencia, nada más y nada menos. Después, los turismos coparon toda la actividad del trofeo, y desde 1990 se otorga a los ganadores de las carreras del DTM que se disputan en Norisring.

Actualmente, el circuito nace justo delante de la famosa tribuna, describiendo un rápido viraje hacia la horquilla de Grundig. Allí cambia de dirección y de lado de la avenida, volviendo en dirección a al tribuna para afrontar la S de Schöller que manda a los coches hacia Zeppelinstrasse, una calle que pasa por detrás de la tribuna. Después se toma la curva de Dutzendteich y en aceleración se vuelve a la calle principal que conducirá a los rápidos bólidos de nuevo a la recta de meta.

Mattias Ekström pasando muy cerca del muro con el Audi RS5 en 2017

Aquí se suelen dar carreras espectaculares, con muchos cambios de posición y en las que las estrategia es netamente importante. En definitiva, se trata de un circuito en el que la emoción y el espectáculo priman sobre cualquier otra cosa. Lo mismo que, seguramente, sucedió muchos años antes de que los nazis emponzoñaran la historia. El nombre del lugar se debe a que fue el campo de pruebas de los dirigibles fabricados por la compañía de Ferdinand von Zeppelin. El mismo LZ 129 Hindenburg, el famoso aerostato, se probó ahí.

Seguramente, cuando despegó, los espectadores que asistían al momento aplaudieron y se emocionaron como ahora lo hacen los aficionados durante las carreras del DTM. Aunque los nazis usaron la tribuna como un escenario en el que se subían los gerifaltes del partido para que las masas los aplaudieran, los aficionados a las carreras le consiguieron dar la vuelta. Porque el espectáculo nunca debió estar en la tribuna, sino quedarse abajo, en el campo. Como sucedió con los “zeppelines” y como sucede ahora con los coches.

Mattias Ekström (Audi), Marco Wittmann (BMW) y Edoardo Mortara (Mercedes) cruzan juntos la línea de meta frente a la famosa triubuna en 2017

Este fin de semana, el DTM vuelve al circuito de Norisring. Vuelve a su cita con la historia. Y lo hace rememorándola, pues los impresionantes BMW M1 del campeonato Procar volverán a pisar el asfalto, haciendo rugir sus motores como lo hicieron durante sus años de máximo esplendor. También allí, un circuito que acogió algunas de sus carreras y que estos días volverá a vibrar con la acción de uno de los mayores espectáculos del mundo.