Las piernas o la vida

Las piernas o la vida

El cuarto puesto en la parrilla de salida no era un mal lugar desde el que partir. Por delante tenía a un Jochen Rindt que había firmado la Pole Position, a Denny Hulme y a Jackie Stewart. El escocés dominaba el campeonato del mundo de pilotos con mano de hierro, acumulando seis victorias que valían un título. El experimentado Graham apenas contaba con una victoria en su casillero anual. Y por supuesto en Mónaco, su Mónaco, su circuito. Pero era un bagaje pobre para un piloto de su calibre. Un competidor nato que disfrutaba de la adrenalina sobre el asfalto, sobre el agua o en el aire.

Entre tanto, John y Kevin, dos jóvenes de 15 años, se preparaban para disfrutar de un día de carreras. Habían ido al circuito como tanta otra gente a presenciar a esos locos llegados de Europa cómo domaban aquellos artefactos con ruedas y alerones primitivos que atronaban los oídos. Estaban junto a la pista, en un punto en el que había bastante visibilidad, así que todo lo que tenían que hacer era esperar a que la música de los V8 y V12, que daban vida a semejantes máquinas, empezara a tocar sus acordes en un sinfín de giros de cigüeñal.

Aquella jornada de principios de octubre de 1969 podría haber sido el día en el que disfrutar de Graham Hill firmando su segundo triunfo del curso, pero no. Quedaban unas 20 vueltas del Gran Premio de Estados Unidos en Watkins Glen, cuando una mancha de aceite en la pista hizo patinar los neumáticos del Lotus-Ford 49 que conducía el piloto británico, provocando su salida de pista. El motor se caló y tuvo que bajarse a empujar el coche para volver a arrancarlo. Afortunadamente, el propulsor volvió a rugir como una bestia. Desafortunadamente, sus problemas no terminaron ahí.

Un accidente escalofriante. Watkins Glen, 5 de octubre de 1969. © L’Automobile

Tras comprobar que tenía un neumático dañado, se subió de nuevo al coche y se reincorporó a la pista para llevar el monoplaza al garaje. No pudo abrocharse convenientemente los cinturones de seguridad, pero dado que iba camino de los boxes, allí podrían revisarlos también. Lamentablemente, antes de enfilar la calle del pit lane, el neumático dañado explotó, haciéndole perder el control del Lotus. El coche se fue por un lado y Graham por otro, pues salió disparado fuera del habitáculo.

Justo enfrente del lugar del accidente estaban John y Kevin, que lo presenciaron en todo su pavoroso esplendor. El automovilismo les saludó con su cara más cruel. Tiempo después, afirmaron creer que el piloto había muerto. A Graham Hill no se le truncó la vida en ese momento, pero sí se le rompieron las piernas. Unas piernas que no eran de la misma longitud, pues en un accidente de moto muchos años atrás, cuando su pasión era el motocross, ya sufrió otro grave percance, a raíz del cual, le quedó una pierna dos centímetros más corta que la otra.

Hill salvó la vida. Cuando volvió a las carreras, después del tiempo de rehabilitación, su determinación y su pasión por la competición no habían cambiado. Los dos jóvenes aficionados, testigos de uno de los accidentes más graves de la carrera del campeón inglés, tampoco se olvidarían de su pasión por las carreras. Pero seguro que tampoco olvidarían nunca el momento en el que la fatalidad eligió entre las piernas o la vida de Graham Hill.

Los últimos de 2001

Los últimos de 2001

Era el 4 de marzo de 2001 el día que cuatro pilotos se presentaban por primera vez en la parrilla de salida de un Gran Premio de Fórmula 1. Kimi Räikkönen, Juan Pablo Montoya, Fernando Alonso y Enrique Bernoldi se dieron cita en Melbourne, Australia, para demostrar al mundo que no iban a desaprovechar la oportunidad de sus vidas. De ellos, sólo dos tocaron la gloria. 17 años después, sólo ellos dos quedan de aquella parrilla bañada por el sonido de los V10 atmosféricos. Porque Kimi Räikkönen y Fernando Alonso son “Los últimos de 2001”.

El Gran Premio de Abu Dhabi va a ser la carrera que despida a uno de ellos de la Fórmula 1 y dé un cambio de aires al otro. El asturiano Alonso deja la categoría donde lo ha conseguido todo, donde ha sido el más grande. El piloto que batió y destronó a la leyenda Michael Schumacher se va, y deja tras de sí una estela llena de imágenes para el recuerdo. Por contra, el finlandés Räikkönen no se va, pero cambiará de equipo para volver a sus orígenes, a la casa que le dio su primera oportunidad en aquel lejano 2001. También va a dejar huella en su actual morada, esa que en 2007 le llevó a la mayor conquista de su carrera.

La quinta del 2001 a punto para su debut en Australia. De izquierda de derecha: Kimi Räikkönen, Juan Pablo Montoya, Fernando Alonso y Enrique Bernoldi

Las carreras de ambos han corrido casi paralelas durante todos estos años. Los primeros espadas de una nueva generación de pilotos que tomó el relevo de los Schumacher, Häkkinen, Irvine y compañía. Y lo hicieron de la mejor forma posible, que es ganando. Cuando ambos tuvieron coches aptos para la lucha, lo hicieron, batallando por el campeonato a cara de perro en 2005, 2006 y 2007. Qué años y qué carreras nos regalaron este par de fueras de serie.

Cada uno con su carácter y su estilo de pilotaje han sabido hacernos levantar del sofá con maniobras arriesgadas que desafiaban las leyes de la física. Imposible olvidar aquel adelantamiento de Kimi a Fisichella en la primera curva de Suzuka, justo en la última vuelta, para culminar una remontada que le llevó del 17º puesto a la victoria. O cómo olvidar aquella carrera en el Hungaroring y la danza bajo la lluvia de Fernando, sacándose coches de encima como quien se aparta un pelo de la frente. Antes hubo unas primeras pinceladas de lo que eran capaces de hacer, pero es que después aún nos han dejado muchas más.

Kimi Räikkönen en 2002 y Fernando Alonso en 2004, durante el Gran Premio de Estados Unidos en Indianápolis

Después de tantos años de rivalidad en la pista, sus caminos de juntaron en 2014 dentro del equipo Ferrari. Sólo duró un año, pero fue bonito ver a estos dos animales de las carreras juntos en el mismo garaje. La pena, entonces y ahora, es que no hayan podido ganar más. Las circunstancias han sido las que han sido, pero la sensación es que su palmarés se queda corto para describir su paso por el Campeonato del Mundo de Fórmula 1. Cuando el domingo termine la carrera en Yas Marina, tendrán 3 campeonatos entre los dos, lo cual puede parecer poco, y puede serlo, pero no va de números la cosa. Va de sensaciones. De sentimiento.

Porque si una cosa han tenido Kim Räikkönen y Fernando Alonso todos estos años ha sido carisma y actitud tanto dentro como fuera de la pista. Nos han hecho cabrear, nos han hecho reir, nos han hecho gritar, nos han hecho llorar, nos han hecho aplaudir. Nos han hecho vivir las carreras. Vivirlas con emoción hasta el final, con el corazón a 180 revoluciones por minuto.

Una de sus últimas batallas en el Gran Premio de Canadá de 2018

El Gran Premio en los Emiratos Árabes Unidos va a marcar un cambio de ciclo. Ya hace algunos años que no son la voz cantante en la Fórmula 1, que ya llegaron otros pilotos que les tomaron el relevo, como antes hicieron ellos. Pero es que ya llega otra generación que está tomando el relevo. La rueda de la Fórmula 1 sigue girando como la vida misma y “Los últimos de 2001” son el útimo vestigio de su quinta. Los únicos que pueden contar a los Verstappen, Ocon, Leclerc y compañía que se sentía al domar un monoplaza del gran circo con un V10 a la espalda.

A nosotros sólo nos queda dar las gracias y disfrutar de la última carrera de F1 que compartirán Kimi Räikkönen y Fernando Alonso. La última oportunidad en la que ambos podrán luchar de tú a tú en la pista. Después sólo nos quedará uno. Primero fueron cuatro. Con la marcha de Bernoldi quedaron tres. Juan Pablo Montoya, otro animal de las carreras tan capaz como Alonso y Räikkönen, los abandonó en 2006, aunque con alguna cuenta pendiente que bien podría resolverse el año que viene. Porque los viejos rockeros nunca mueren. Dentro o fuera de la Fórmula 1 van a seguir dando guerra y dándonos una respuesta a la pregunta de por qué nos gustan las carreras.

Los últimos de 2001 en el podio del Gran Premio de Australia de 2013. Ambos coparon los dos primeros puestos del podio