Jacky Ickx, el gran piloto todoterreno

Jacky Ickx, el gran piloto todoterreno

Cuando hablamos de pilotos, solemos categorizarlos según la disciplina en la que compiten. Sin embargo, cuando nos referimos a Jacky Ickx se antoja imposible asignarlo a una categoría concreta. Podríamos decir que fue piloto de Fórmula 1, de resistencia o de rallyes, por ejemplo, porque consiguió participar y triunfar en todas estas competiciones. Finalmente, convendríamos que el belga es uno de esos conductores especiales que tuvieron la capacidad de cambiar de un coche a otro sin que les afectara a su capacidad innata para conducir muy rápido.

La Segunda Guerra Mundial se encontraba en sus compases finales cuando nació Jacky Ickx. Fue el 1 de enero de 1945, en Bruselas. Su padre, Jacques, fue un importante periodista y entusiasta de los deportes de motor que prontó inculcó su pasión a su hijo. Las motos fueron su primera toma de contacto con la velocidad, hasta que, una vez pasada la adolescencia, se inclinó por las carreras de turismos. Con apenas 21 años, se hizo con la victoria en las 24 Horas de Spa con un BMW 2000TI y Hubert Hahne como compañero de asiento.

Parecía que su camino se iba a dirigir hacia la resistencia y los prototipos, pero el joven belga no le hacía ascos a nada. Para Ickx, cualquier “cacharro” con motor podía ser manejado. Así que en seguida desarrolló una capacidad para cambiar de tipo de vehículo con facilidad. En ese año de 1966, además de triunfar con los turismos, descubrió la magia de las 24 Horas de Le Mans y la Fórmula 1. Poco podía imaginar entonces que esa temporada iba a ser clave para su futuro profesional.

El BMW de Jacky Ickx y Hubert Hahne parado en el pit durante las 24 horas de Spa de 1966. Foto: Prensa BMW

Además de los Ford GT40 oficiales de Shelby American y Holman & Moody, que protagonizaron el triplete de la marca norteamericana en La Sarthe y el triunfo sobre Ferrari, había alguna que otra unidad en manos privadas en la pista francesa. En una de ellas, Jacky Ickx hizo su debut en la mitica prueba de resistencia, compitiendo junto a Jochen Neerpasch. Dos años después, comenzó su idilio con la carrera, alcanzando su primera victoria en una edición en la que su negativa a realizar la salida “Tipo Le Mans” por razones de seguridad, puso fin a esta tradición. Así se convirtió, junto a Jackie Oliver, en el último piloto en ganar la carrera gala con Ford.

Después, encadenó tres triunfos entre 1975 y 1977, el primero con el famoso Mirage GR8 y con Derek Bell de compañero, y los dos siguientes con uno de los Porsche 935, compartiendo volante con Gijs van Lennep en 1976, y con Jürgen Barth y Hurley Haywood en 1977. Regresó junto a Derek Bell para ganar la edición de 1981, antes de estrenar por todo lo alto el legendario 956 en 1982. Ese año se proclamó por primera vez Campeón del Mundo de Resistencia. Su segundo entorchado mundial llegó al año siguiente, de nuevo con el Porsche 956.

El Porsche 956 de Jacky Ickx y Derek Bell en las 24 horas de Le Mans de 1983

Volviendo a 1966, algún mes después de su estreno en Le Mans, hizo su debut en el Campeonato del Mundo de Pilotos en el Gran Premio de Alemania con el equipo Tyrrell. Al volante de un Matra MS5 de Fórmula 2, se lanzó por el sinuoso Nürburgring para alcanzar el 16º lugar en la parrilla, el mejor coche de la segunda división. Pero la alegría por el gran resultado en la calificación se transformó en amargura cuando se vio involucrado en el accidente que acabó con la vida de John Taylor. En 1967 consiguió disputar algunas carreras fuera de campeonato y volvió a inscribirse con un Fórmula 2 en la prueba germana, mientras sentaba las bases para alcanzar el título de Campeón de Europa de Fórmula 2.

Su debut en la categoría reina se produjo en el Gran Premio de Italia, en Monza. Durante años, compaginó su participación en el Campeonato del Mundo de Sportscar y el Campeonato del Mundo de Pilotos de F1, donde alcanzó ocho victorias, con Ferrari y Brabham. En 1968 fichó por Ferrari, ganando el Gran Premio de Francia en Rouen-Les-Essarts con el famoso 312. Al año siguiente, se convirtió en piloto oficial de Brabham, cruzando en primera posición la meta en Nürburgring y Mosport. En 1969 regresó a Ferrari, que se convirtió en su hogar hasta 1973, y con ellos consiguió el resto de sus victorias, en Österreichring, Mont-Tremblant, México, Zandvoort y, de nuevo, en Nürburgring. Las siguientes temporadas las pasó en los equipos Ensign y Lotus, con alguna participación al volante de los coches de Frank Williams y Walter Wolf. Sus miras ya estaban en otro proyecto todavía más ambicioso. El mundo de las carreras no se restringía a Europa.

Jacky Ickx al volante del Ferrari 312B en Nürburgring

En 1977, puso rumbo a Oceanía y se plantó en Australia para disputar la mítica Bathurst 1000, la gran prueba de 1000 kilómetros que se celebra cada año en el desafiante circuito de Mount Panorama. Junto a Allan Moffat, consiguió la victoria después de 163 vueltas a la montaña australiana, tras partir desde la tercera posición, al volante de un Ford XC Falcon GS500. Dos años después, disputó la Can-Am, campeonato de sportscar que se disputaba a caballo entre Estados Unidos y Canadá. Con el equipo de Carl Haas y al volante de un Lola 333CS con motor Chevrolet, Jacky Ickx se proclamó campeón, tras ganar las carreras celebradas en los circuitos de Charlotte, Mosport, Road America, Brainerd y Riverside.

La capacidad de Jacky Ickx para competir con éxito en coches de diferentes tipologías, era algo que el belga pudo exprimir durante toda su carrera deportiva. Tras convertirse en el piloto con más victorias en Le Mans, ser Campeón del Mundo de Resistencia, haber ganado Grandes Premios de Fórmula 1 y haber triunfado en tantas carreras de turismos, poco más le quedaba por descubrir. El París-Dakar se convirtió en su siguiente objetivo. Su primera aparición fue en 1981 y dos años después, tras adquirir la experiencia necesaria en el baile con las dunas, ganó la prueba al volante de un Mercedes 280 G, copilotado por Claude Brasseur. En 1989 estuvo a punto de repetir victoria, pero el azar de una moneda quiso que fuera su compañero Ari Vatanen quien venciera junto al Lago Rosa. Su última participación fue en el año 2000, a los 55 años.

El Mercedes 280 G pilotado por Jacky Ickx, durante el París-Dakar de 1983

Turismos, prototipos, monoplazas, todoterrenos, … No hubo coche que se le resistiera a Jacky Ickx. Desde que despegó su carrera en 1966, Monsieur Le Mans demostró ser el mejor piloto bajo cualquier condición y en cualquier superfície, capaz de doblegar a sus rivales para convertirse en uno de los mejores pilotos de la historia del automovilismo. Una leyenda de Le Mans, del Dakar y de la Fórmula 1. ¡Casi nada!

1000 kilómetros de vueltas a la montaña de Bathurst

1000 kilómetros de vueltas a la montaña de Bathurst

Si hay un circuito en el mundo que mezcle zonas de alta velocidad con secciones reviradas, cambios de rasante y tramos entre muros en una zona de una singularidad paisajística excepcional, donde la montaña toma todo el protagonismo, ese es el circuito de Mount Panorama. Un trazado de carácter rutero, como las antiguas pistas de carreras, aquellas en las que se forjaron las primeras leyendas del automovilismo. Con un desnivel de 174 metros entre el punto más bajo y el más alto, es el circuito que ha enamorado a varias generaciones de entusiastas de las carreras.

Mount Panorama se encuentra junto a la localidad de Bathurst, en el estado australiano de Nueva Gales del Sur. Y desde los inicios del automovilismo en el continente oceánico, esta tierra fue escenario de competiciones que poco a poco derivaron en lo que hoy es el principal centro de carreras de coches del país. El circuito lleva funcionando desde 1938, y desde entonces ha sido un desafío para todo aquel que ha osado dar rienda suelta a la potencia de su montura en los poco más de seis kilómetros de asfalto que atraviesan el llano, coronan la montaña y vuelven a descender camino de la línea de meta.

La pista de Bathurst ha sido comparada con algunos de los circuitos más famosos y legendarios del mundo. Pero no es ni Nürburgring, ni La Sarthe, ni Indianápolis, aunque algún piloto lo haya comparado con el “Infierno Verde” apodándolo el “Infierno Azul”. Simplemente, Mount Panorama es Mount Panorama. Un trazado que acoge las 12 Horas de Bathurst, una de las carreras más importantes del mundo de la resistencia; y la joya de la corona de las carreras australianas, la Bathurst 1000.

Chaz Mostert en la zona alta del circuito de Mount Panorama, en plena montaña

Un millar de kilómetros para completar una prueba que los intrépidos pilotos que se atreven con ella tardan más de seis horas. Vueltas y vueltas a Mount Panorama, completando cada una de ellas en poco más de dos minutos. Suerte que no lo hacen solos. Cada coche está pilotado por dos valientes y aguerridos guerreros que se alternarán en la lucha contra la mayor montaña rusa de Oceanía. Un sube y baja constante a bordo de los Holden ZB Commodore, Ford Mustang GT y Nissan Altima L33 que pueblan la parrilla de los Supercars australianos.

Esta carrera es la mayor que se celebra en Australia. Su popularidad a nivel nacional alcanza cotas muy altas, de manera similar a las grandes carreras occidentales en sus respectivos países. Y el certamen, nacido como el Campeonato de Australia de Turismos, lleva ese nombre de “Supercoches” por las brutales máquinas que viajan de una parte a otra del país, participando en carreras que hacen abarrotar los circuitos de aficionados ávidos de emociones fuertes.

Coronando Mount Panorama

La Bathurst 1000 no es una excepción. Cada año, Mount Panorama se viste gala para el evento. Los Scott McLaughlin, Craig Lowndes, Jamie Whincup o Shane van Gisbergen trazan a toda velocidad las curvas y codos de un circuito que antaño vio a Bob Jane, Peter Brock o Jim Richards, entre otros, forjar la gran leyenda del automovilismo australiano, en general; y de la Bathurst 1000 en particular.

Scott McLaughlin llega líder destacado a la gran carrera de Australia. Con diecisiete victorias en lo que va de curso, el neozelandés va camino de completar una temporada todavía mejor que la pasada, en la que logró su primer título de campeón. Por detrás, Shane van Gisbergen es su principal rival, pero lo distancia de puntos que separa a ambos permite a McLaughlin administrar su ventaja. Completan el Top 5 junto a Chaz Mostert, Fabian Coulthard y Jamie Whincup.

La bajada es muy técnica, con varias curvas que serpentean entre los muros de hormigón

Además, la carrera de este año tendrá algún que otro aliciente extra en forma de inscripciones puntuales, o “wildcards”. Será el caso de Alexander Rossi y James Hinchcliffe, pilotos habituales de la IndyCar, que compartirán el volante del Holden ZB Commodore que Walkinshaw Andretti United pondrá en pista para la ocasión, sumándose a los dos que realizan el campeonato completo, de Scott Pye y James Courtney. También harán su entrada al ruedo los primos Kostecki, Jake y Brodie, a los mandos de otro Holden ZB Commodore.

La prueba promete grandes dosis de entretenimiento y Mount Panorama hará el resto. Ver trazar las serpenteantes curvas de la montaña, rodeadas de muros de hormigón, en plena ladera, es una delicia que pocos circuitos pueden ofrecer. Observar como estos monstruosos y bellos Supercars sacan toda su potencia para vencer las subidas, y luego trazan con tiralíneas las bajadas es uno de los mayores espectáculos que el automovilismo deportivo nos brinda. Australia nos queda lejos, pero vale la pena contemplar estos mil kilómetros de vueltas a la montaña de Bathurst.

Tres Supercars batallan por la mejor posición para encarar la larga recta de atrás, al final de la técnica bajada