El gran concierto de la noche

El gran concierto de la noche

Cae la noche y llega el silencio… De los aficionados en las gradas. Sólo los más aguerridos se mantienen firmes a pesar del sueño. El sonido de los motores sigue atronando en cada esquina de la pista. Los componenes mecánicos entonan su canto, armónica y rítmicamente, en un sinfín de compases marcados por los mecánicos e ingenieros que los han puesto a punto para tocar una melodía de larga duración.

No pueden fallar. Cualquier ruido extraño puede ser la alarma de un problema que puede dar al traste con el trabajo de mucha gente. Así que todos afinan el oído para constatar que esa genialidad mecánica toca cada nota en el momento exacto. Y no llevan ni media canción. Porque cuando la luna toma el relevo al sol, todavía faltan más de catorce horas para terminar.

El cansancio empieza a hacer mella. No en vano, algunos llevan más de diciséis horas en pie. Poner los coches a punto es lo de menos. Antes de todo, hay un trabajo entre bambalinas crucial para que toda la maquinaria funcione a la perfección. Desde el cocinero que se encarga de que todo el mundo tenga la energía necesaria para encarar la larga jornada, hasta el piloto que cuida del coche como si fuera un bebé en cada golpe de acelerador. Todo el mundo es imprescindible. Nada funcionaría si alguno fallara.

El cansancio hace ver formas borrosas y poco definidas en la noche. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Pero a estas horas, en las que los focos del circuito alumbran con fuerza, las cabezas piden sueño a los cuerpos. Los reflejos no son los mismos y es difícil seguir concentrado. Se abre la ventana idónea para que el más leve cambio en el registro sonoro de los coches sea pasado por alto. Una variación que podría tener consecuencias desastrosas.

Las carreras de resistencia tienen una gracia especial. Dicen que la noche es mágica porque siempre pasan cosas. Extrañas o no, la falta de sueño es un problema tan serio como un fallo en la bomba de la gasolina. Hay que subsanarlo. Y rápido. Todo el mundo tiene que estar en disposición de dar el máximo para evitar cualquier problema. Más vale prevenir que curar.

Todavía no se ha superado el ecuador de la canción. Todos los coches siguen tocando como si cada uno de ellos fuera una orquesta distinta, pero todas tocaran a la vez, sin entorpecerse las unas a las otras. La sensación es de paz, pero la batalla entre ellas es feroz. Una especie de calma chicha en la que la lucha cuerpo a cuerpo se deja de lado en favor de la estratégica. Todos quieren llevar su música lo más lejos posible, pero no van a tomar ningún tipo de riesgo. Ya sabemos que lo importante es aguantar. Ganará el que menos falle.

Las luces acompañan al magnífico sonido de una melodía sinfín. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Van pasando las horas y es noche cerrada. Algunos componentes empiezan a desfallecer. Los problemas en las mecánicas se van acumulando justo cuando el cansancio azota con furor a los mecánicos. La adrenalina de la competición es su aliada en estos momentos, y su fuente de energía para afrontar unas reparaciones que son cruciales para su continuidad en el gran concierto de la noche.

Y poco a poco, un nuevo día amanece. Los primeros conatos de luz natural despiertan a los habitantes del graderío que han sucumbido en un mar de sueños. Ni el más estridente sonido de los motores los ha sacado de ese estado en el que oyes todo pero no escuchas nada. ¡Qué placer dormir mientras pasan esos motores embravecidos junto a tu oreja! Te llegan los olores de la mañana. Caucho, gasolina, embrague quemado,… Y algún tufillo de carne a la brasa. Hay que empezar la mañana con fuerza y los encargados de la pitanza son los primeros en ponerse en marcha.

El amanecer que pone fin a la magia de la noche. © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

Con el estómago lleno se piensa mejor, la cabeza se despeja y el riesgo de pasar por alto una nota mal tocada es cada vez menor. El cansancio sigue, pero la esperanza del amanecer llena de optimismo a cualquiera. Quedan menos de seis horas de carrera. Lo peor ha pasado, pero los albores del día pueden jugar una mala pasada si alguno se confía. Hasta que no caiga el banderazo final, la carrera continúa. El concierto sigue. Pero al menos ya ha pasado la noche. ¡Qué noche!

Foto de portada: © Pablo López Castillo (elacelerador.com)

La seguridad es lo primero

La seguridad es lo primero

Jacky Ickx siempre será recordado por sus triunfos en las 24 Horas de Le Mans. Después de las actuaciones de Olivier Gendebien y antes de la irrupción de Tom Kristensen, fue el mayor dominador de la prueba francesa. Uno de los ases de la resistencia que era capaz de ir rápido con cualquier coche. Tanto si era un sport prototipo o un monoplaza de la categoría reina, el belga domaba a su bestia aparentando una facilidad sobrehumana. Pero siempre tomando las medidas de seguridad pertinentes.

En 1969, Jacky Ickx era uno de los principales participantes del Campeonato del Mundo de Pilotos de Fórmula 1. Así mismo, competía también en carreras no puntuables, Fórmula 2 y resistencia, al igual que hacían el resto de sus compañeros. Pero el joven Ickx estaba hecho de otra pasta para según que cosas. Conocedor desde muy pequeño del mundo de las carreras, gracias a su padre, sabía que el peligro de muerte acechaba a cada piloto metro tras metro y no estaba dispuesto a correr más riesgos de los estrictamente necesarios.

Jacky Ickx en el momento de arrancar las 24 horas de Le Mans de 1969

Con esta premisa, L’Enfant Terrible se presentó el 14 de junio en el circuito de La Sarthe para disputar una nueva edición de las 24 Horas de Le Mans. El belga compartía el Ford GT40 Mk.I #6 de John Wyer con el británico Jackie Oliver en la categoría Sport 5.0, contando con una de las mecánicas con mejor preparación. Aunque en la calificación habían quedado por detrás de los coches oficiales de Porsche y Ferrari, obteniendo la 13ª posición en la salida, sabían que su ritmo rápido y constante podía llevarles al triunfo.

La salida de la carrera era uno de los momentos clave. No sólo era importante traccionar bien y arrancar lo más rápido posible, también era imprescindible saber correr a pie desde el otro lado de la pista al coche. Porque entonces, todavía se salía mediante las ahora conocidas como “Salida tipo Le Mans”. Este procedimiento consistía en colocar todos los coches aparcados en un lateral de la recta de salida, en orden según los tiempos de la calificación. Al otro lado de la pista se colocaban los pilotos, que esperaban de pie enfrente de sus monturas a correr hacia ellas, una vez se bajara la bandera que daba inicio a la prueba.

Jacky Ickx durante las 24 Horas de Le Mans de 1969 a bordo del Ford GT40 Mk.I #6. © Rainer W. Schlegelmilch

Aquel día de junio de 1969 no hubo excepción, y una vez se bajó la bandera de Francia, todos los pilotos corrieron raudos para montarse en sus coches, atarse los cinturones de seguridad y arrancar, todo esto en el menor tiempo posible. ¿Todos? No. Cuando la mayoría de conductores ya estaban al otro lado del asfalto, Jacky Ickx todavía caminaba sobre él para llegar a su automóvil. ¡Caminaba! En ningún momento se puso a correr. Se tomó su tiempo en llegar, subirse al Ford, atarse los cinturones de seguridad y arrancar. Todo el mundo lo vio mientras se preguntaban por qué. ¿Por qué no había corrido como todos para perder el menor tiempo posible?

Aunque el Automobile Club de l’Ouest (ACO), ente organizador y regulador de la carrera, obligaba a que todos los participantes comenzaran la prueba con los cinturones atados, esto no se cumplía en la mayoría de casos. Las prisas por poner el coche en movimiento cuanto antes causaban que los pilotos “se olvidaran” de atárselos, cosa que hacían con el coche en movimiento en plena carrera, generalmente al llegar a la recta de Hunaudières, donde tenían cuatro kilómetros para ajustárselos convenientemente. Obviamente, el ACO les obligaba a llevarlos bien puestos en todo momento, pero era muy difícil saber si en el momento justo de la salida los llevaban.

El Ford GT40 Mk.I de Jacky Ickx y Jackie Oliver camino de la victoria

El riesgo era muy grande, más aún en un momento como la salida, e Ickx no estaba dispuesto a tomarlos. Y ya no sólo por salir con los cinturones de seguridad sin ajustar, también por el mero hecho de cruzar la pista con coches saliendo a toda velocidad. Así que Monsieur Le Mans salió con los cinturones apretados y rápidamente se puso a recuperar el tiempo perdido. Y la jugada le salió bien, pues junto a Oliver, consiguió la victoria al día siguiente, justo 24 horas después de protagonizar el acto de rebeldía que propició el fin de una práctica altamente peligrosa. A partir de entonces, el ACO tomó las medidas oportunas y se suprimió el sistema de salida que caracterizaba a la carrera. Jacky Ickx demostró que se puede competir y ganar, pero siempre teniendo en cuenta que la seguridad es lo primero.